La pobreza energética amenaza los derechos de los niños en Barcelona, según un estudio

  • El 15% de los hogares con niños de la ciudad no pueden mantener una temperatura adecuada en invierno, llegando al 35% en distritos como Nou Barris.
  • El estudio de Ingeniería Sin Fronteras concluye que la falta de estos suministros tiene efectos negativos sobre la salud física y mental, el rendimiento escolar y la seguridad de los infantes.
Imagen de unos niños en su hogar.
Imagen de unos niños en su hogar.
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La actual emergencia sanitaria y las medidas para dificultar la transmisión del Covid-19 han centrado la atención hacia las casas, donde gran parte de la población pasa sus días de confinamiento

Otro debate que ha ocupado la agenda mediática ha sido la necesidad de permitir las salidas de los niños, un colectivo especialmente sensible en cuanto a la protección de sus derechos. Pero, ¿qué sucede cuando los niños viven en viviendas con los suministros básicos amenazados?

Ingeniería Sin Fronteras presenta el estudio "Precariedad energética e infancia en la ciudad de Barcelona: Una mirada desde los derechos energéticos de la infancia" realizado por Irene González Pijuan para responder a esta cuestión.

Pobreza energética en hogares con niños

En Cataluña, unas 380.000 las familias destinan más de un 10% de los ingresos familiares al gasto energético. En la ciudad de Barcelona, el 15% de los hogares con niños no se pueden permitir mantener una temperatura adecuada en la vivienda durante los meses más fríos, superando el 30% en Ciutat Vella y Nou Barris

Estos mismos distritos son los que tienen un porcentaje más alto, por encima del 25%, de hogares con niños que tienen facturas atrasadas del suministros, un dato que en la ciudad tiene un promedio del 13%.

Según el estudio, vivir en esta situación tiene consecuencias de muchos tipos entre la población más joven. En cuanto a la salud física, los principales efectos son la mayor frecuencia, intensidad y permanencia de enfermedades respiratorias como el asma y la bronquitis, así como los problemas relacionados con una nutrición inadecuada

Adolescentes, los más afectados

La población adolescente es la más afectada por las situaciones de estrés, culpabilidad o estigma, lo que puede estar relacionado, por ejemplo, con la falta de higiene personal. Según el estudio, los adolescentes bajo precariedad energética tienen 5 veces más posibilidades de desarrollar problemas de salud mental que el resto de población de su edad. 

Respecto al rendimiento educativo, la mayor propensión a la enfermedad se traduce en un mayor absentismo, mientras que la limitación de recursos energéticos dificulta, si no imposibilita, desarrollar las tareas previstas para realizar en casa.

Amenaza para la seguridad de niños y adolescentes

El estudio presta especial atención a la amenaza para la propia seguridad de los niños y adolescentes que supone el corte de estos suministros. Al tratarse de recursos imprescindibles para cubrir las necesidades básicas, las familias utilizan alternativas menos seguras para cubrirlas. 

Un ejemplo de ello son las estufas de leña o butano, los braseros o el acceso irregular a la red eléctrica, con el gran riesgo de electrocuciones, incendios o intoxicaciones que ello supone. Según una encuesta realizada por la Alianza contra la Pobreza Energética en 160 familias con acceso irregular a los suministros, el 70% de estas viviendas viven menores de edad.

Detección e intervención de las administraciones

La investigación de Irene González Pijuan no sólo analiza y denuncia la actual situación, sino que también incluye propuestas para superarla. La principal es la mejora de los sistemas de detección, ya que una gran parte de los casos pasan inadvertidos.

Parte de la solución pasa por contar con los centros educativos y sus profesionales, con los protocolos y la formación necesaria, para detectar estos casos y poder intervenir desde las administraciones.

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