El pasado mes de septiembre, el cuarto banco más importante de EE UU, Lehman Brothers, se declaró en quiebra. Su situación arrastró entonces a muchos otros bancos de todo el mundo que tuvieron que reforzar su situación financiera con la formación de nuevos fondos económicos.

En España, Banif -la división del Grupo Santander especializada en gestionar grandes fortunas- vendía bonos de Lehman por valor de 500 millones de euros.

La colocación de estos bonos suponía para Banif una comisión del 2%, muy por encima de la obtenida con la compraventa de acciones, que deja una comisión del 0,3%. Sin embargo, lo que desconocían los clientes de Banif era que invertían su dinero en bonos de Lehman que no eran valores seguros.

Clientes famosos

Entre los clientes que pertenecen o pertenecieron a Banif, Casimiro García-Abadillo recoge este lunes, en el diario El Mundo, al rey Juan Carlos, y otros personajes y familias conocidas entre los que destaca la familia Polanco, que a principios de 2008 tenían en Banif 22 millones de euros, Amancio Ortega, el propietario de Zara, que se marchó de Banif "por una gestión poco profesional", Fernando Fernández Tapias, Fernando Martín, Juan Abelló, la familia Hinojosa -antigua propietaria de Cortefiel-, o la familia Reyzabal -propietaria del incendiado edificio Windsor-.

Futbolistas como Puyol, Sergio Ramos o Santiago Solari fiaron sus ahorros a Banif

Además, futbolistas como Carles Puyol (F.C Barcelona), Sergio Ramos (Real Madrid) o Santiago Solari (ex jugador del Real Madrid) fiaron sus ahorros a Banif, recomendados por el prestigioso despacho de Garrigues Sports.

Otros personajes famosos que depositaron sus ahorros en el banco de las grandes fortunas fueron Isabel Pantoja o Julián Muñoz.

Todos ellos han perdido en estos últimos meses mucho dinero, según el periodista. La falta de transparencia de entidades que especulan con el dinero de sus clientes invirtiéndolo en riesgo "debe llevar a incluir en los mecanismos de rescate el requisito de la transparencia", afirma García-Abadillo.

"El coste de la juerga no debe ser asumido por los que no fueron invitados a ella", concluye.