'Animales de compañía'
Los actores protagonistas y el director estuvieron en el festival.
Animales de compañía ha puesto la nota de humor más destacada de esta edición de la Seminci. En ella se habla de la incomunicación familiar y, por extensión, de la falta de entendimiento en la sociedad entera.

Una familia, mayoritariamente burguesa y aficionada a discutir, se reúne en torno a la fiesta de cumpleaños del padre. Los conflictos empiezan en el primer minuto. Uno de los hijos (concienciado sobre los derechos de los animales) llega tarde por haber permanecido encadenado a la puerta de una peletería más tiempo de la cuenta. Otra, de improviso, entra con un novio que revolverá las tripas de la madre.

Dentro de la difícil convivencia hay un apunte sobre la no menos ardua tarea de independizarse que tiene la juventud. Ya en el arranque se oye a un locutor de televisión que la mayoría de personas hasta los 34 años permanece en el hogar de los padres a pesar de que la amplia mayoría no lo desea.

En la mesa se juntan dos prototipos de personalidad: una conservadora y otra, cabría decir, moderna. En medio, el padre, entre dos aguas. Cumplidos los sesenta y cinco, todos le critican su estatismo y recomiendan un cambio de rumbo. "Para cambiar tanto necesitáis que algo permanezca", les corrige con sorna.

Ingenio en los diálogos

Los personajes están perfectamente definidos. Y, aunque puedan parecer radicales en la defensa de sus posturas, la caricatura no les empobrece. El único pero es que, por muy desenvueltos que las imaginemos, queda poco realista juntar a siete personas tan agudas y fluidas. Demasiado ingenio bien expresado. No obstante, la reacción del público demuestra que se agradece.