BIO 

Nació en Madrid hace 47 años y un día después del 23-F ingresó en Amnistía Internacional: "Fue mi grito en defensa de la democracia". 

Habla pausado y meditando sus respuestas mientras ordena los recuerdos de una vida de compromiso con los desfavorecidos, que lo ha llevado a pasar largas temporadas en América Latina. Celebra en A Coruña los 20 años de Amnistía Internacional en la ciudad herculina.

¿Cómo está el mundo?

El mundo, que yo interpreto como la gente, en general no está bien. Hay atentados terroristas y gobiernos que vulneran derechos. Y luego está la pobreza, la violación de derechos más silenciosa y voraz. Pero hay esperanza, han abierto procesos contra genocidas y sobrevivimos al recorte de libertades tras el 11-S. El mundo hoy es desesperanza y esperanza.

Hay teorías que ven desigualdades más grandes que en la descolonización.

Nadie ha pagado aún por la pobreza; nadie. A la gente le molesta, pero al mismo tiempo la ve inevitable. Aunque hay criminales que empiezan a pagar por sus atrocidades, hasta los noventa sólo los nazis se habían sentado en el banquillo. Ahora el sistema empieza a actuar.

¿Será Occidente más egoísta con la verdadera pobreza mientras supera la crisis?

La verdadera responsabilidad es la de los gobiernos, y el temor es que ahora saquen la pobreza de la agenda política. Y también hay riesgo de que crezca la xenofobia por la desconfianza.

¿Cómo se involucra a un joven en la lucha por los derechos humanos?

El activista hoy se mueve con un clic de ratón, y eso es luchar por derechos humanos. Una campaña de denuncia en internet es asombrosamente eficaz.

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