Formentera, La Graciosa, El Hierro y La Gomera, nuestras islas mínimas

  • Las cuatro islas permiten perderse en la naturaleza, ya sea caminando o en bicicleta.
La Graciosa
Isla de La Graciosa, la octava isla del archipiélago canario.
CEDIDA - Archivo

Formentera, La Graciosa, El Hierro y La Gomera son nuestras islas mínimas, especial y literalmente en los casos de las dos primeras. Pero tanto ellas como las más grandes son auténticos paraísos, por naturaleza y tranquilidad. Lugares que anotar en nuestra libreta de destinos pendientes.

La Graciosa

Hasta hace muy poco La Graciosa era una isla, pero era Lanzarote. Fue en junio de 2018 cuando el Senado aprobó su reconocimiento como la octava isla habitada de Canarias. Está al noroeste de Lanzarote, isla de la que depende administrativamente y de la que la separa un brazo de mar conocido como El Río.

La Graciosa no es un lugar para el turismo de masas. Es una isla ideal para olvidarnos, literalmente, de los zapatos. Es probablemente uno de los pocos lugares de Europa donde todavía no hay carreteras asfaltadas. Es la más desconocida y la que derrocha más serenidad de las Islas Canarias.

Isla de La Graciosa
Isla de La Graciosa desde Lanzarote.
CEDIDO POR MIGUEL ÁNGEL PÁEZ - Archivo

La Graciosa forma parte del archipiélago Chinijo junto con los islotes de Montaña Clara, Roque del Este, Roque del Oeste y Alegranza. La Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, con 70.700 hectáreas, es la mayor reserva marina de Europa y un área de excepcional valor paisajístico. Desde La Graciosa se pueden hacer excursiones a los islotes que pertenecen a la Reserva Marina y admirar un paisaje bellísimo que aún permanece intacto.

Otra magnífica alternativa de conocer La Graciosa y sus exóticos paisajes es subirse a una bicicleta. Existen senderos que nos conducirán a los rincones más especiales de esta geografía exigua, senderos que debemos seguir sin desviarnos de su trazado para evitar erosionar o deteriorar el terreno.

Formentera

Playa de ses Illetes, en Formentera.
Playa de ses Illetes, en Formentera.
GOOGLE

A dos pasos de la isla de Ibiza, Formentera es la isla habitada de menor tamaño de las Baleares y la más meridional. Se encuentra situada al sur de la isla de Ibiza, de la que está separada por un canal de 3,6 km.

Aquí las verdes praderas marinas de Posidonea Oceánica purifican sus siempre cristalinas aguas. Las playas y calas de Formentera son el refugio de quienes persiguen el descanso y el relax. Y sus faros –la Mola y Cap de Barbaria– son testigos de sus incomparables puestas de sol.

Formentera nos ofrece calma, la que que proporciona su particular aislamiento, y pura esencia marina y mediterránea. Aquí, las bicicletas son para todas las estaciones; son una apuesta por la sostenibilidad.

El Hierro

El Charco Azul acoge una fantástica piscina natura.
El Charco Azul acoge una fantástica piscina natural.
FLICKR/trebol-a

Declarada Reserva de la Biosfera, esta isla canaria nos atrapa por el contraste entre sus tierras volcánicas, el verde de sus frondosos bosques y la transparencia de las aguas de su reserva marina. El Hierro es la más occidental y meridional de las Canarias.

Presenta varias opciones para descubrir su naturaleza. Sumergirnos y bucear a través de su particular paisaje submarino regenerado a raíz de las erupciones volcánicas del 2011; pasear por uno de sus bosques milenarios; o, simplemente, quedarnos quietos y contemplar sus paisajes.

Son imprescindibles su Charco Azul, una piscina natural de agua salada, en el majestuoso Valle de El Golfo; el Parque Rural de Frontera, un espacio natural protegido, con árboles, de hasta 8m de altura, que se han ido retorciendo por la fuerza del viento; y el Mirador de la Peña, obra de César Manrique, que ofrece unas impresionantes vistas al Valle de El Golfo y a sus riscos.

La Gomera

Ocupa un 10% del total de la isla, ocupando el centro y parte del norte de La Gomera. Gracias a sus musgos, líquenes y helechos ofrece unos paisajes surrealistas en los que destaca la laurisilva canaria. Es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.
Bosques de la milenaria laurisilva, en Garajonay.
Wikimedia/Josevi11

La más grande de las cuatro islas que nos ocupan está situada en la parte occidental del archipiélago. Su capital es San Sebastián de La Gomera. Desde 2012 es Reserva de la Biosfera, una reserva donde encontramos especies ya desaparecidas en otras partes del mundo.

En La Gomera todo es contrate y diversidad. Saltamos de paisaje en paisaje y nos sorprende con barrancos que se lanzan al mar, valles cubiertos de verdes palmeras, playas de arena negra y aguas cristalinas o frondosos bosques milenarios.

Si hay algo que destaca en el Parque Nacional de Garajonay es la laurisilva, una masa de vegetación prehistórica propia de la región de la macaronesia que cubría los trópicos hace millones de años y que se ha conservado en la isla gracias a su clima excepcional siempre templado.

Otros imprescindibles son el Valle Gran Rey, un gran barranco que desemboca en preciosas playas de arena negra y aguas azules; el Mirador de los Roques, cinco enormes bloques de roca formados por magma, que nunca salió a la superficie, que vigilan la entrada al Parque Nacional de Garajonay; y Los Órganos, un acantilado de rocas volcánicas con una silueta en forma de tubos de órgano que caen sobre el mar.

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