Poblado de Las Sabinas, Guadarrama
Poblado de Las Sabinas, Guadarrama

Decenas de infraviviendas se encuentran embarradas y con el agua a las puertas en la zona baja de los asentamientos del Guadarrama después de las lluvias registradas en las últimas semanas. El camino de tierra que transcurre junto al cauce del río presenta continuos charcos y socavones que hacen que sólo sea transitable con un vehículo de gran cilindrada.

En esta parte del asentamiento de las Sabinas, entre Móstoles, Navalcarnero y Arroyomolinos hay más de un centenar de infraviviendas levantadas en terrenos sin asfaltar. Están ocupadas, en su mayoría, por inquilinos de etnia gitana que se dedican al negocio de la chatarrería.

De hecho, junto a las casas es habitual ver grandes montones de chatarra acumulada. Además, a las puertas de las infraviviendas, en ocasiones, aparecen lavadoras e incluso televisiones de plasma que se sostienen encima de un cajón. Según los testimonios de vecinos, en esa zona, que conocen como 'el puente de piedra', "cada vez son más las viviendas que se levantan".

La parte alta de los asentamientos del Guadarrama, en cambio, no vive problemas como consecuencia de las inundaciones desde hace al menos diez años. Las calles están asfaltadas, 165 viviendas tienen cédula de habitabilidad, cuentan con luz eléctrica e incluso una pequeña capilla que fue inaugurada hace años por el obispo de la Diócesis de Getafe.

Llevamos viviendo aquí por lo menos 40 años y queremos seguir haciéndolo a pesar de la cercanía del río

"Llevamos viviendo aquí por lo menos 40 años y queremos seguir haciéndolo a pesar de la cercanía del río. Tenemos un par de bares, nuestras casas son habitables, la Policía pasa a diario por aquí, estamos empadronados, participamos en los Consejos de Barrio e incluso un autobús recoge a nuestros chicos para ir al instituto cada mañana", indicaron los vecinos a Europa Press.

En la parte alta del asentamiento conviven ciudadanos marroquíes con españoles de etnias paya y gitana desde hace ya más de treinta años. Se proveen de agua a través de los pozos que se encuentran en la zona. "Tenemos un pozo de más de 100 metros de profundidad del que bebemos por lo menos siete viviendas", explicó un vecino.

Los inquilinos de esta parte del asentamiento del Guadarrama aseguraron sentirse "tranquilos" ante la crecida del caudal del río y a pesar de las lluvias de las últimas semanas. No obstante, en 1989 y 1995 se produjeron en la zona dos grandes riadas que acabaron con importantes daños materiales aunque no personales.

Los responsables de un bar situado junto al arroyo del Guadarrama explicaron a Europa Press que los técnicos de la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) estuvieron haciendo mediciones en abril para levantar una mota de contención que evitase posibles riadas.

"Desde entonces no les hemos vuelto a ver. Nos querían quitar parte del bar pero les pusimos un recurso que ganamos", indicó una de las propietarias del establecimiento, que insistió en la comodidad con que viven en la parte alta del asentamiento.