Tres veces más que ellos a la misma edad. En la larga lucha de las mujeres por la igualdad de derechos, se coló una trampa. Ser iguales en derechos no significa aceptar el mundo construido en masculino. En esta sociedad de «otro mundo es posible», ésta es una frase que se aplica al medio ambiente, a la economía a las relaciones entre países y a otros ámbitos sociales, excepto al de las relaciones hombres-mujeres. Así que ¿por qué nos extraña este dato? Ellas están en un mundo en el que las mujeres siguen siendo objeto consumible. Ellas crecen en un mundo donde los modelos a imitar, los grandes triunfadores, siguen siendo masculinos.
Ser iguales
en derechos no significa aceptar el mundo construido en masculino
Después de ocho años en los que la educación para la salud ha brillado por su ausencia, ¿no les parece lógico que crean que la forma de rebelarse y de comenzar a independizarse del mundo adulto sea la imitación de lo masculino? Y por si les queda alguna duda de en qué país viven y crecen ellas, en una investigación internacional sobre sociedades con sexismo hostil y benévolo los hombres de nuestro país obtuvieron las puntuaciones más altas de toda Europa. Eso sí, ¡más bajas que en Cuba y Botswana!...