Ricardo García Vilanova, fotoperiodista: "No entiendo que con más de 25.000 muertes haya tan poca información gráfica de lo que está pasando"

  • El fotógrafo barcelonés está documentando la crisis del Covid-19 en España. 
  • Una imagen suya de las protestas de jóvenes en Bagdad de 2019 ha sido premiada en el certamen World Press Photo.
El fotoperiodista Ricardo García Vilanova (Barcelona, 1971).
El fotoperiodista Ricardo García Vilanova (Barcelona, 1971).
CEDIDA

La suya es una mirada fotográfica angular, de distancias cortas. Tanto, que el objeto o sujeto de su mirada se olvide de su presencia y la integre dentro de lo que le sucede, sin alterar la escena. La trayectoria del fotoperiodista catalán Ricardo García Vilanova (Barcelona, 1971) está estrechamente ligada al auge, expansión y declive del Estado Islámico en los tres países en los que este periodista se pasa más de seis meses al año desde hace ya una década: Siria, Irak y Libia. 

Estuvo secuestrado por este régimen terrorista entre los años 2013 y 2014. Una experiencia en la que no se recrea y que no le ha quitado las ganas de seguir indagando en lo que allí sucede para dar testimonio de realidades incluso cuando estas no son del gusto o del interés occidental. Su mirada es la de un documentalista que cree en las trascendencia histórica de lo que capta para servir como memoria futura. 

Esa filosofía da sentido a la visita que le hizo a dos de sus captores en la cárcel, en la que no hubo palabras, pero sí una fotografía que aparece en la penúltima página de su libro Fade to Black.

El periodista de 'El Mundo' Javier Espinosa (d) y el fotógrafo catalán 'freelance' Ricardo García Vilanova, a su llegada a la base Aérea de Torrejón de Ardoz tras más de seis meses secuestrados en Siria.
El periodista de 'El Mundo' Javier Espinosa (d) y el fotógrafo catalán 'freelance' Ricardo García Vilanova, a su llegada a la base Aérea de Torrejón de Ardoz tras más de seis meses secuestrados en Siria.
Paco Campos / EFE

El hecho de que en 2011 los grandes medios escritos norteamericanos dejaran de financiar los costosos gastos que supone una cobertura de este tipo tampoco le ha impedido seguir yendo para documentar el devenir de este califato, un conflicto "que solo interesa cuando llega a nuestras fronteras", las de Europa, asegura. 

Muestra de ello es que una de las imágenes de la serie que realizó sobre las recientes protestas pacíficas de jóvenes iraquíes "reclamando un futuro" que no ven, y que retrata a un joven herido antes de ser trasladado a un hospital de campaña, no ha sido publicada por ningún medio de comunicación. Las marchas fueron violentamente reprimidas, provocando más de 600 muertes desde el pasado mes de octubre.

Pero, paradójicamente, la instantánea ha recibido un tercer premio del prestigioso certamen World Press Photo dentro de la categoría de noticias generales. Al final, la imagen ha encontrado un altavoz en el que proyectarse. 

García Vilanova nos atiende al teléfono confinado desde Barcelona antes de regresar a Madrid para seguir documentando la crisis sanitaria que vive España en un trabajo que muestra desde su página web: www.ricardogarciavilanova.com. 

Se dedica a la cobertura de conflictos y de emergencias humanitarias. ¿De ahí que se haya decidido a documentar la crisis del Covid-19 en casa?

En el momento en el que pasa todo este del Covid-19 yo estaba en Siria y, para volver por la vía de siempre, las fronteras estaban cerradas. Al final consigo llegar a España a través de Jordania y me encuentro con todo este panorama desolador. 

Una de las cosas que más me está llamando la atención es que cuando haces cobertura de conflictos o de crisis humanitarias siempre hay una destrucción que forma parte de un contexto de muerte y aquí eso no existe, es todo lo contrario. Aquí hay una muerte invisible dentro de un contexto normalizado. 

¿La crisis del Covid-19 en nuestro país se asemeja a un contexto bélico?

No. Para mí la palabra guerra es un término que no me gusta utilizar aunque he visto que aquí se ha usado para esta crisis. Precisamente, huyo de esa palabra porque no tiene nada que ver con esto. Aquí sí que podemos hablar de un contexto de crisis humanitaria que se está dando dentro de nuestros países, pero que no tiene nada que ver con la guerra más allá de la muerte en si, obviamente.

Hay 25.000 muertos y las cifras superan con creces a las de muchos conflictos armados. En un conflicto medio tipo, en un día pueden haber 30 o 40 víctimas, y aquí hemos llegado a tener más de 800 muertes en un solo día. Desde esa perspectiva esto es mucho mas duro, pero no desde la perspectiva que tiene relación con lo inherente a un conflicto, que es la matanza indiscriminada por parte de personas hacia otras personas.

¿Cómo hizo la fotografía con la que se ha hecho con un tercer premio en la última edición del World Press Photo?

Suelo trabajar como freelance, primero, en temas que tengan un interés para mi. Y en segundo lugar intento dar cobertura a temas que no están en las agendas informativas o que tienen un acceso más complicado por la sencilla razón también de que, cuantos más compañeros haya trabajando dentro de un mismo entorno, menos sentido tiene que haya uno más. 

"Intento dar cobertura a temas que no están en las agendas informativas o que tienen un acceso más complicado por la sencilla razón de que, cuantos más compañeros haya trabajando dentro de un mismo entorno, menos sentido tiene que haya uno más"

En concreto, en esas protestas, recuerdo que estuve varios días cubriéndolas absolutamente solo. Han pasado completamente desapercibidas dentro de las agendas informativas de los países occidentales.

¿Por qué cree que pasa eso?

Porque hay picos informativos que se basan en puntos de interés y de proximidad. Europa empezó a hablar del Estado Islámico cuando este comenzó a matar a gente en nuestras casas. Hasta entonces no nos había interesado demasiado el tema. Básicamente, las 600 muertes de estos jóvenes en Bagdad, que se manifestaban de forma pacifica simplemente para buscar un cambio, no han trascendido por ese criterio de proximidad que tenemos.

¿Nos falta empatia, quizás?

Y a mi el primero. La empatía quizás se ejercita con el tiempo y con un grado de sensibilidad que muchas veces, no es que perdamos, sino que olvidamos. Y es por la sencilla razón de que al final nosotros tenemos nuestros problemas cotidianos, diarios, y muchas veces eso nos impide ver más allá de nuestras fronteras, donde se vive de otra forma. 

"La empatía quizás se ejercita con el tiempo y con un grado de sensibilidad que, muchas veces, no es que perdamos, sino que olvidamos"

Lamentablemente, esa parte de la gente que vive de esa forma es mucho más mayoritaria que la que lo hace de la nuestra: en condiciones de pobreza extrema, en medio de crisis humanitarias y de zonas de conflicto.

Volvamos a la foto premiada.

Aquel día disparaban, además de fuego real, gases. Estaba en la última línea donde se desarrollaban las protestas y donde se estaba matando a gente. Y lo que pasaba es que había gente herida o muerta a la que evacuaban para llevarlos a los hospitales de campaña en zona segura. 

La foto es del momento en el que el manifestante está inconsciente y yo no sé si es herida de bala o de gas. No tuve tiempo más que para apretar el disparador dos segundos. Intenté saber a dónde lo habían llevado pero había como 40 o 50 hospitales de campaña repartidos y era imposible encontrar a nadie ya.

¿Su responsabilidad, su motor como fotoperiodista es pues, el de poner el foco en temas que están olvidados a nivel informativo?

Sí. Tengo una forma de trabajar con la cámara que es con angular, con la que te aproximas mucho más al sujeto. Para mí es prácticamente imposible hacerlo de otro modo.

Primero te ha de interesar la historia. Luego, el desapego mediático. Pero eso también tiene un doble filo, por ejemplo, que en un momento determinado ese tipo de coberturas no acaben de interesar a los medios. Me pasó con esta foto (la que ha recibido el tercer premio), que no conseguí publicar. No había interés. Y no solo pasó con mi trabajo. Es que, de toda la problemática de aquellos días, no recuerdo apenas nada publicado. 

Usted habla de diferentes grados de dificultad para trabajar en función de los países en conflicto que cubre. Y destaca la importancia de los contactos.

Por la simple razón de que soy freelance y no me puedo pagar la figura de un fixer, que es la persona que te facilita la logística, los accesos, y todo lo que necesites para realizar tu trabajo. Esa figura en zona de conflicto cuesta entre 250 y 1.250 dólares al día. Y eso es imposible de asumir porque entre otras cosas no lo voy a rentabilizar. 

La única forma que he tenido en los últimos años de hacer este tipo de coberturas es la de disponer de una red de contactos o de amigos, como lo quieras llamar, que me han permitido trabajar con mucho más tiempo y me han evitado tener que gastar esas cantidades astronómicas de dinero que para mí son totalmente inviables.

Imagen de Ricardo García Vilanova las protestas de jóvenes en Irak galardonada con un tercer premio.
Imagen de Ricardo García Vilanova las protestas de jóvenes en Irak galardonada con un tercer premio.
RICARDO GARCÍA VILANOVA

Sin esa red…

No podría volver a estos países. En este último viaje he estado trabajando como cámara de televisión y si solo hubiese hecho esas fotos hubiese perdido dinero. 

2011 fue un punto de inflexión para usted como fotoperiodista.

Hasta entonces trabajaba para medios anglosajones. A partir de ese año en el 95% de los casos tú vas primero al terreno, financias la logística, los contactos y los viajes, y después lo intentas vender, y no siempre lo consigues. Por lo que pierdes dinero. Lo que se paga ahora por la mayoría de fotos que puedas hacer durante 14 o 15 días de trabajo es lo que se pagaba antes por un solo día.

Ahora solo están asumiendo esas coberturas las grandes televisiones, que aún invierten. La sociedad tiene otro tipo de interés o de enfoque de la información que va más por las redes sociales.

¿La globalización ha llegado a la forma de ejercer el oficio de fotoperiodista de guerra?

Eso es lo que evito con mi trabajo. Pero recuerdo que, al principio de la guerra de Siria, entre 2011 y agosto de 2012, entrar en el país era una odisea porque lo hacías con métodos poco ortodoxos y por ello había pocos fotoperiodistas. Pero a partir de agosto abren la frontera con Turquía y entonces entra toda una horda de periodistas y fotógrafos, lo que esta muy bien, porque en ese momento la difusión aumenta muchísimo. 

Pero por otra parte también te crea una forma de trabajo totalmente diferente que resume una anécdota que recuerdo perfectamente. Estaba trabajando en un hospital de Alepo y ese mismo día se abría la frontera. Y de repente aparece una furgoneta de la que salen 15 fotógrafos y, sin mediar palabra, entraron en el hospital, hicieron 1.000 millones de fotos y, claro, eso generó un enfado entre los médicos que gestionaban el hospital. Al día siguiente cerraron el acceso a la prensa. 

¿Qué sucesos no le dejan de afectar por mucho que los fotografíe?

Cualquiera que tenga que ver con el colectivo más desprotegido, que son los niños. Hay vidas e historias que a uno le gustaría que no existieran.

Usted defiende que la foto no siempre está en el frente.

No, por supuesto. Multitud de historias humanas que suceden tienen lugar precisamente fuera de esa línea. Si te quieres dedicar a ello no tienes por qué estar siempre en esa primera línea de batalla. Hay posibilidad de hacer otro tipo de historias al margen de todo eso. Y posiblemente son historias tan importantes como las que puedas hacer fuera de ese ámbito. 

Muchas veces la gente tiene una idea equivocada de lo que es la guerra o el conflicto en si. Sueles estar más tiempo esperando que suceda algo que haciendo ese algo que esperabas que pasara. Los combates pueden durar una hora, 10 minutos, cinco horas o segundos.

"Sueles estar más tiempo esperando que suceda algo que haciendo ese algo que esperabas que pasara. Los combates pueden durar una hora, 10 minutos, cinco horas o segundos"

Su trabajo se caracteriza por el uso del angular.

Es la forma de que se olviden de que tú estás ahí, precisamente estando ahí. De eso se trata, de golpear al espectador con esa imagen y hacerle entrar dentro de ese contexto. No es lo mismo disparar desde 50 metros de distancia con un teleobjetivo que hacerlo a un metro o a escasos centímetros de lo que está sucediendo. Ese objetivo responde mucho a lo que es la perspectiva de lo que vemos por nuestro ojo. Y puedes hacer tu trabajo y no como un elemento ajeno sino que estás compartiendo exactamente lo mismo que le sucede a ellos, y es cuando puedes hacer realmente tu trabajo.

¿Qué piensa de la polémica generada por la portada de un diario nacional en la que se fotografiaba una morgue en Madrid durante esta pandemia?

Lo que no puede ser es que tengamos una doble moral en la cual cuando muestras a un menor muerto en Siria salga como portada en todos los medios pero cuando sean nuestros muertos nos indignemos por ello. Tampoco entiendo que con más de 25.000 muertes exista tan poca información gráfica de lo que está pasando en España, que es un drama absoluto. 

"Por compromiso con la memoria, precisamente, el relato se construye también en imágenes. Es como si en la Guerra Civil no se hubieran tomado fotos. Es una forma de demostrar, probar y testimoniar lo que está pasando 
(con el Covid-19) en España"

Por compromiso con la memoria, precisamente, el relato se construye también en imágenes. Es como si en la Guerra Civil no se hubieran tomado fotos. Es una forma de demostrar, probar y testimoniar lo que está pasando y no entiendo esa  restricción. Esa memoria histórica forma parte de nuestra responsabilidad con la sociedad.

Si solo se informa a las próximas generaciones en base a unas palabras, el relato puede variar, pero no las imágenes, que son lo que son y muestran lo que muestran.

Se reunió con sus captores del ISIS pero no para hablar con ellos sino para sacarles una foto.

Sabía perfectamente que con esos tipos no había comunicación posible y lo único que yo quería era conseguir esa foto, que era la manera de cerrar el libro y de demostrar con esa imagen la contradicción que ha vivido el Estado Islámico. Muchos de sus componentes no han sido consecuentes con la ideología y forma de vida que decían tener. Y, cuando llegó la hora de la verdad, lo que hicieron fue tratar de salvar sus vidas miserablemente como fue el caso de estos individuos.

"Multitud de historias humanas que suceden tienen lugar precisamente fuera de la línea de batalla. Si te quieres dedicar a ello no tienes por qué estar siempre en  primera línea"

Sigue existiendo como grupo terrorista y sigue teniendo fuerza dentro de Siria e Irak, y tiene muchos adeptos. Pero ya no se puede llamar estado islámico porque ya no controla ese territorio entre Siria, Libia e Irak.

¿Hacia dónde le lleva ahora la cámara?

Ya tengo un ojo puesto en todo lo que suceda en África y en Oriente Medio con la crisis del Covid-19 porque en Europa hay una serie de pautas y de respuesta sanitaria, toda una estructura de la que carecen completamente esos países. Considero que si, lamentablemente, la pandemia llega a estos entornos, va a ser dramático.

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