Miró
Fotografía de la obra Naturaleza muerta con un zapato. F.M.
La idea del pintor español Joan Miró de "matar el arte" ha inspirado al Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York para organizar una exposición sobre el artista con pinturas, collages y objetos que creó en los años treinta, cuando le surgió ese pensamiento.

Joan Miró: Pintura y Antipintura, 1927-1937, que se abre al público del 2 de noviembre próximo al 12 de enero de 2009, es la primera exposición museística que investiga el famoso pensamiento de Miró (1893-1983) de querer "asesinar el arte" y que, según los expertos, nació en él durante la década de los treinta del pasado siglo como su personal acto de rebeldía contra el arte burgués visto como instrumento de propaganda y de identidad cultural entre las clases acomodadas.
El MoMA organizó en 1941 la primera retrospectiva del arte del pintor español

El MoMA ha reunido noventa pinturas, dibujos, collages y diferentes objetos que el artista español creó "durante una década de transformaciones" para él. La comisaria de la muestra, Anne Umland, ha explicado que "hay muchas obras que resultan muy familiares y otras que no son conocidas", lo que "transforma nuestro entendimiento sobre el legado de Miró en el siglo XXI".

Entre las obras están veinte nunca vistas con anterioridad en Estados Unidos, como el célebre "Retrato de bailarina" (1928) que ha sido cedido para esta ocasión por el Centro Pompidou de París.

El MoMA, que organizó en 1941 la primera retrospectiva del arte del pintor español y realizó otras exhibiciones en 1959, 1973 y 1993, identifica con esta muestra las prácticas y estrategias que Miró utilizó entre 1927 y 1937, cuando vivió entre París y Cataluña.

Fin histórico de una década

La frase de "quiero asesinar el arte", pronunciada por Miró en aquellos años, es el punto de partida para explorar una exhibición que incluye doce trabajos que comenzó en 1927 y que terminó diez años después, entre los que se incluye la singular "Naturaleza muerta con un zapato" (1937), descrita por los expertos como "alucinante".

Esa obra "marca el fin histórico de una década" para el pintor, pues fue el resultado de su decisión de hacer algo totalmente diferente, en un momento en que la guerra civil española (1936-1939) le había hecho alejarse de Barcelona y refugiarse en París.

Umland indica que 1927 "marca el cambio con el pasado y el nuevo compromiso de Miró con nuevos materiales, mientras que 1937 es el momento en que se encontró con las realidades de su tiempo". Para consumar su asesinato del arte, Miró se sirvió de colores ácidos y desfiguraciones grotescas, además de una determinación estilística heterogénea, así como de la utilización de las técnicas del collage y de materiales (readymade) que normalmente no son considerados como aplicables al arte por su uso cotidiano, precisó el MoMA.