¿Por qué se regala una flor y un libro en Sant Jordi?

Justo el día después de acabar la Semana Santa en Cataluña, llega este año Sant Jordi, en una jornada, en plena campaña electoral, que vuelve a llenar las calles de personas en busca de un libro y una rosa, aunque se ha iniciado con el cielo encapotado y amenaza de lluvia en gran parte de Cataluña.
Sant Jordi. 
Enric Fontcuberta / EFE

Todos los años se celebra el Día de Sant Jordi en Cataluña el 23 de abril, con motivo del patrón oficial de la comunidad autónoma. Las características de esta festividad giran en torno a los libros, las rosas y la reivindicación de la cultura catalana.

Sus orígenes se centran en la decapitación del caballero Jordi, un santo bajo las órdenes del emperador Diocleciano que fue asesinado ese día y sobre el que empezaron a circular historias fantásticas. La veneración a este santo hizo que se conmemorara su muerte y sea considerado, desde 1456, el patrón oficial de Cataluña.

¿Por qué se regalan libros y rosas?

Es tradición ver el día 23 de abril los balcones repletos de la bandera oficial de Cataluña, la senyera, así como ver la famosa calle de La Rambla de Barcelona llena de gente que se pasea entre los puestos de floristas y libreros, con el objetivo de regalar una rosa y un libro. 

La tradición de regalar una rosa puede estar ligada con la feria de rosas que se realizaba ya en el siglo XV durante el Día de Sant Jordi en Barcelona. A esta feria, que tenía lugar en el Palau de la Generalitat, acudían parejas, prometidos y matrimonios, que se obsequiaban con una de estas flores, por lo que la costumbre de regalar una rosa, según el Ajuntament de Barcelona, puede venir de ahí. 

La leyenda de Sant Jordi

Además, otro de los motivos por los que se regala una rosa es la leyenda de Sant Jordi. Esta cuenta que la villa de Montblanc estaba siendo aterrorizada por un dragón, que estaba infectando el aire y el agua con su aliento apestoso y causando estragos entre el ganado. 

En su búsqueda de alimento, cada vez se aproximaba más a las murallas, por lo que los vecinos tuvieron que darle de comer ovejas, bueyes, y caballos. Y al final no tuvieron más remedio que sacrificar a los propios habitantes.

Se metieron los nombres de todos en un puchero, también el del rey, y el de su hija la princesa, y cada día una mano inocente decidía quien moriría la mañana siguiente.

Una tarde la escogida fue la princesa. La joven salió de las murallas y se dirigió hacia su triste destino y cuando el dragón avanzaba hacia ella, surgió entre la bruma un hermoso caballero vestido de blanco sobre un caballo blanco que arremetió contra la bestia. El animal, herido, se sometió al caballero, que le ató al cuello un extremo del cinturón de la princesa.

La dama tomó el otro extremo del cinturón y, para pasmo de los pobladores de Montblanc, condujo al dragón hasta la puerta de la ciudad. Allí, a la vista de todos, el caballero remató a la bestia de un certero golpe de lanza.

Cuentan que un gran charco de sangre del dragón se formó a los pies del caballero y que en aquel mismo instante creció un rosal y de sus ramas brotaron rojas rosas. Jordi, que es como se llamaba el caballero, obsequió a la princesa con una de esas rosas.

El libro

En cuanto a obsequiar con un libro, la tradición puede venir de los años 20 del siglo XX, cuando el director de la editorial Cervantes, Vicent Clavel i Andrés, propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona y al Gremio de Editores y Libreros el día 7 de octubre como fecha para organizar una festividad que promoviera la lectura y los libros en Cataluña.

En 1929, en la Exposición Internacional de Barcelona, tuvo un gran éxito el despliegue de chiringuitos de libreros por las calles que pretendían fomentar la lectura, por lo que se cambió la fecha y se estableció el 23 de abril como el Día del Libro, coincidiendo con la muerte de Cervantes y Shakespeare.

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