La princesa saudí Basma, encarcelada por su primo, heredero al trono, lanza un mensaje desesperado de ayuda

  • La princesa lleva un año en prisión si haber sido sometida a juicio y su salud es "crítica".
La princesa Basma bint Saud, en 2012.
La princesa Basma bint Saud, en 2012.
HRC/GTRES

Ya ha tenido varias polémicas, no solo por hackear el móvil del dueño de Amazon, Jeff Bezos, sino por saltarse los derechos humanos universales, como el año pasado, cuando ajustició con la crucifixión uno delos 37 condenados por terrorismo o durante el ya célebre caso del periodista Jamal Khashoggi. Y esta última no es nueva, pero ahora Arabia Saudí tiene por delante dar explicaciones internacionales sobre la princesa Basma.

Ella es Basma bint Saud bin Abdulaziz Al Saud, tiene 56 años y es la hija pequeña del rey Saud bin Abdulaziz Al Saud, quien reinase entre 1953 y 1964 y ha escrito unos angustiosos y desesperados mensajes de ayuda desde el confinamiento en el que vive. Pero no por el Covid-19, sino en prisión.

Para entender su historia es importante conocer que quien ostenta ahora mismo el poder no es su tío, el monarca Salman bin Abdulaziz Al Saud, que tiene 84 años y, dicen los mandatarios extranjeros que han tenido audiencias con él, a raíz de sus preguntas sobre personas ya fallecidas, que padece Alzhéimer, sino el hijo de este y primo de Basma, Mohamed bin Salman, de 34 años y conocido por sus siglas MBS.

Él, cabeza visible del régimen saudí, se convirtió en junio de 2017 en el príncipe heredero, sustituyendo al designado hasta entonces, el príncipe Mohamed bin Naif Abdulaziz Al Saud. A Salman y a MBS es a quienes ha escrito los mensajes Basma desde su cuenta de Twitter. Tuits, por cierto, que ya han sido borrados.

Dada la situación actual, encerrada en "la celda 108 del módulo B9 de la cárcel de alta seguridad de Al Hayer, a una treintena de kilómetros al sur de Riad, la capital de Arabia Saudí", según el periodista Ignacio Cembrero para Vanitatis, su inicio no puede ser más cortés.

"Yo, Basma bint Saud bin Abdulaziz Al Saud, les ruego, mi querido tío, el rey Salman bin Abdulaziz Al Saud, de Arabia Saudita, Custodio de las Dos Mezquitas Santas, y a mi primo, Su Alteza Real el Príncipe Heredero, Mohammed bin Salman bin Abdulaziz Al Saud...", decía el primer y eliminado mensaje.

"Como quizás ya sepan (?) actualmente estoy detenida de forma totalmente arbitraria en la prisión de Al Hayer sin ser una criminal o haber sido acusada penalmente de ningún otro cargo. Mi salud se está deteriorando y es cada vez más grave y esto podría provocarme la muerte", comienza Basma.

"No recibo atención médica ni respuesta a las cartas que he enviado al Palacio Real. Fui secuestrada sin que se me diera ninguna explicación junto con una de mis hijas [Sohd Al-Sharif] y arrojada a la prisión", relata la princesa, sobre unos hechos que sucedieron a principios de 2019, pero que se conocieron más tarde.

"Os suplico", les dice a su tío y a su primo, "que reviséis mi caso y que me liberéis porque no he hecho nada malo. Mi estado de salud actual está en un momento muy crítico". El hilo de mensajes también va dirigido a dirigentes como Donald Trump, a ONGs de defensa de los derechos humanos y de la mujer y a grandes medios de comunicación internacional.

El secuestro

Madre e hija fueron interceptadas cuando se disponían a embarcar rumbo a Ginebra, Suiza, desde Yeda. El motivo del viaje no era otro que recibir un tratamiento médico urgente que le habían indicado los doctores, motivo por el que el vuelo era de carácter privado con la compañía Redstar. Desaparecieron.

El norteamericano Leonard Bennett, su abogado, declaró en noviembre del año pasado, cuando salió a la luz el asunto, que había llegado a la conclusión de que Basma se encontraba "bajo arresto domiciliario" sin proceso alguno. "Nadie sabía dónde estaba, nos temíamos lo peor", aseguró ante la radio televisión pública de Alemania, la Deutsche Welle.

Sin embargo, fue el diario ABC quien destapó la verdad a través de unas duras imágenes: el 28 de febrero de 2019, al no conseguir que despegara el avión, Basma regresó a su casa en Yeda con sus dos hijas, Sarah y Sohd, donde, como muestran las imágenes, ocho hombres armados la esperaban.

Según ellos, tenían que llevarla ante MBS, pero nunca ocurrió dicha reunión, pues la trasladaron directamente a la cárcel. Los agentes, al ver las cámaras, las tapan con trapos. Tras ese fundido a negro se produjo la detención. Tal y como informa ABC, mientras sus hijas se encuentran en otros habitáculos, ella tiene derecho a comunicarse con el exterior una vez por semana.

Los motivos de MBS

Basma no es una revolucionaria pero sí, dentro de la familia real, una reformista y, por tanto, una incómoda oveja negra. Estudió las carreras de psicología y medicina en la Universidad Árabe de Beirut y se ha mostrado especialmente interesada en filosofía y derechos humanos.

Sobre ello ha escrito someramente y casi de puntillas en medios del país como Al Medina o Al Hayat, pero de una forma muchísimo más contundente, tajante y decisiva, abogando con frecuencia por cambiar el modelo de estado hacia una monarquía constitucional, en medios internacionales como la BBC, Vanity Fair o The Independent.

En este último medio, además, hizo en 2012 unas declaraciones que no gustaron en absoluto a MBS, pues denunciaba la "injusta distribución de la riqueza" no solo en todo el país, sino incluso dentro de la familia real. "Allí, la realeza cuenta con 15.000 miembros. De ellos, 2.000 son multimillonarios, ostentan todo el poder, toda la riqueza y nadie puede pronunciar una palabra contra esa situación", afirmó.

También se mostraba igualmente leal ("Sigo siendo una ciudadana obediente y siempre estaré detrás de la familia real", puntualizó), pero en 2015, ante la BBC, sus palabras fueron demoledoras: criticó abiertamente la intervención de su país por orden de MBS en la guerra civil de Yemen en la que más de 100.000 niños murieron de malnutrición en cuatro años.

Hay más razones, según apunta ABC, para las que habría que remontarse a 1964. Fue entonces cuando el entonces príncipe Faisal bin Abdulaziz aprovechó un viaje a Grecia del padre de Basma para arrebatarle el trono mediante un golpe de Estado.

Justo entonces privó a sus herederos de los derechos de propiedad que les pertenecían. Basma lleva desde entonces luchando porque se le devuelvan a ella y sus 114 hermanos unos enormes terrenos (alrededor de 24.000 metros cuadrados) en el municipio de Taif y cerca de 2.000 millones de euros en cuentas en Suiza.

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