Ingrid Betancourt: "Para arreglar el mundo hay que llegar a los corazones de la gente"

  • La premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2008, Ingrid Betancourt, explica sus sensaciones en exclusiva para 20minutos.es.
  • "Recuerdo todos los días mi secuestro, pero necesito tomar perspectiva para poder contarlo y que mi vivencia sirva a los demás".
  • "Mi vida ahora está llena de paz y amor, es como un sueño".
  • "Colombia debe superar sus apasionamientos y encontrar un camino hacia el perdón y la tolerancia".
  • FOTOGALERÍA: Los premios Príncipes de Asturias 2008.
Ingrid Betancourt, entrevistada en Oviedo por 20minutos (FOTO: A.S.)
Ingrid Betancourt, entrevistada en Oviedo por 20minutos (FOTO: A.S.)
C.M.
Ingrid Betancourt, elegida Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2008, nos recibe en Oviedo pocas horas antes de recibir el galardón. Serena, pero con las ideas muy claras, explica a 20minutos.es cómo es su vida ahora tras su secuestro en la selva colombiana durante más de seis años.

La pregunta es obligada, ¿Cómo se encuentra?

Estoy bien, muy bien. Me siento muy realizada.

Seis años, cuatro meses y nueve días de cautiverio ¿Cómo no llegó a perder la cuenta?

En la selva los días pasan muy lentamente pero los años, más lentamente aún. Y de pronto, cuando te das cuenta, ves que has vivido mucho en pocos años, mucho y muy rápidamente.

Sigo creyendo que el mundo podemos cambiarlo, debemos cambiarlo
Al comienzo de su cautiverio, las FARC se encargaron de hacerle saber al mundo que usted era un bien canjeable ¿Qué siente ahora, libre, al escuchar este calificativo?

Canjeable es el mejor de los adjetivos con el que nos nombraban. Nos llamaban de todo, bestias, carga...  Éramos canjeables por prisioneros de las FARC, guerrilleros capturados en combate o en misiones que estaban en prisiones, en Colombia. De alguna manera, la posibilidad de que el dolor de unos sirviera para aliviar el dolor de otros era lo que humanizaba la situación, que de hecho es deshumanizante. Ahora, lo que hay que saber es que nosotros no tuvimos nunca condiciones similares a la de los prisioneros de las FARC. Ellos tenían acceso a sus familias, les podían llamar y recibir noticias de los suyos. Ellos tenían asistencia médica, un sitio para dormir, un techo, una cama y abogados. Y adicionalmente tenían una fecha límite. Sabían que cumplirían tantos años y quizás menos si hacían servicios a la comunidad. Nosotros no teníamos nada ni a nadie, ninguna ley ni ningún abogado que nos protegiera. Nunca tuvimos condiciones similares a los guerrilleros encarcelados en prisiones de Colombia. Así que el secuestro no se puede mirar desde el punto de vista del canje, porque no hay tal canje. No había instituciones equivalentes en ambos lados, lo nuestro era una tortura.

¿Cuánto queda de la activista política, de la rebelde a ultranza de antes del secuestro?

Yo sigo siendo inconforme en muchas cosas. Sigo creyendo que este mundo podemos cambiarlo, que debemos cambiarlo; esa es la parte del optimismo que nunca perdí en la selva. Pero, obviamente, la selva fue un tamiz por el que se filtran las emociones, las actitudes y llega uno con un bagaje diferente. Pienso, hoy en día, que la política es necesaria pero no suficiente. Para que el hombre logre la paz y mis hermanos secuestrados consigan la libertad hay que tocar los corazones que se han endurecido por la guerra.

Dios es la única guía, la única respuesta satisfactoria
Ha confesado sentirse bloqueada para rememorar todo lo que pasó en la selva. ¿No puede recordarlo?
Sí lo recuerdo, todo el día lo recuerdo. Pero el problema es que cuando intento sacarlo fuera, ponerle palabras a todo lo que viví en la selva, las emociones se vuelven muy fuertes. Cuando sea capaz de hacerlo quiero que mi experiencia sirva a los demás, que no sea sólo vaciar el talego. Hay que ordenar los sentimientos y coger perspectiva de manera que, mi vivencia sirva para los demás, que no sea sólo la caricatura de una vivencia, de mi vivencia.

Pidió en vano un diccionario y vivió apegada a una Biblia. ¿Qué se busca en Dios en una situación en la que, como usted ha reconocido, la muerte le llegó a suponer una liberación?

Dios es la única guía válida, la única respuesta concreta y satisfactoria.

¿Pensó alguna vez en quitarse la vida?

Claro. Todos los que estábamos en la selva pensamos muchas veces en eso, en quitarnos la vida.

Hasta que llegó el 2 de julio... ¿Cómo lo recuerda?

Empieza el despertar de la pesadilla y al mismo tiempo un sueño. La vida que llevo es muy diferente a la que dejé.

¿Cómo es ahora su vida?

Es una vida de mucha paz, de mucho amor, de mucha plenitud y de mucha consciencia. Soy quizás demasiado consciente de todas las puertas que se me han abierto. Es un sueño.

Los colombianos compartimos un sueño: llegar ser país cuya voz se oiga en todo el mundo

Y después... una vorágine de actos, charlas, fotos... "Uno no escoge ser un símbolo", como usted misma ha dicho.

Sí, claro, pero también está esa otra parte, el día a día.

¿Cómo es su día a día?

Un día a día de familia, de trabajo y por lo tanto de lecturas y de producir escritos. Soy consciente de que estoy muy solicitada... de que hay cientos de personas que quieren que intervenga y luego está Internet que me roba mucho tiempo. Tengo al día cientos de mensajes que, si bien no logró contestarlos todos, sí es cierto que, al menos los leo. Además tengo a mi lado a mucha gente que me quiere y que me ayuda.

... como su madre ¿Qué papel ha jugado su progenitora todo este tiempo?

Mi madre fue el cordón umbilical que me unió a la vida estando en la selva. Por ella me enteré de todo, de lo que pasaba en el mundo y a mi familia. Logré por mi madre mantener el contacto con ellos. Era su reflexión del mundo y de la vida la que logró ayudarme a tener la mía propia, una reflexión emocional y también política.

¿Qué situación vive ahora Colombia?

Colombia está viviendo un proceso interesante, que ha mejorado y que, como país, ha avanzado. Pero la realidad es que Colombia debe superar sus apasionamientos y encontrar un camino hacia el perdón y la tolerancia. Es un proceso que repentinamente puede acelerarse. La historia, es lo que tiene, que a veces da vuelcos bruscos. En el caso de Colombia estoy esperando a que eso suceda, que desaparezca la polarización que existe en Colombia en este momento, esos fanatismos... y que de una vez Colombia se pare a pensar cuál es el país que quiere dejar a su hijos. Creo que todos los colombianos compartimos un sueño: llegar a tener un país cuya voz se haga oír en todo el mundo. Hemos vivido situaciones muy críticas que nos autorizan a abrirnos al mundo como nación.

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