El coronavirus alcanza los dos millones de positivos entre el temor a que se relajen las medidas demasiado pronto

Tareas de desinfección en el aeropuerto de Brasilia (Brasil).
Tareas de desinfección en el aeropuerto de Brasilia (Brasil).
JOEDSON ALVES / EFE

A finales de diciembre de 2019 se detectaron varios casos de una misteriosa neumonía de origen desconocido en la ciudad china de Wuhan. Apenas cuatro meses más tarde, más de la mitad de la población mundial está obligada a permanecer en casa para evitar contagiarse.

Los positivos alcanzan ya los dos millones en todo el mundo y los fallecimientos superan los 126.000 según las cifras recopiladas que proporciona en tiempo real la Universidad Johns Hopkins. Además, sabemos que son números que infravaloran bastante la verdadera dimensión de una pandemia de proporciones casi distópicas, sin precedentes en al menos 100 años.

Desde que el Gobierno chino anunciara haber descubierto que un nuevo coronavirus estaba detrás de esta misteriosa enfermedad hasta que se alcanzó el millón de casos en todo el mundo, pasaron poco menos de cuatro meses. En apenas doce días se ha llegado al segundo millón y al ritmo que sigue avanzando la pandemia se llegará a los tres millones, previsiblemente, en una semana.

Un virus que ha barrido el planeta de este a oeste

Desde los primeros casos en Wuhan hasta ahora, si observamos en un mapa del mundo la evolución de los contagios, veremos cómo se va tiñendo de color coronavirus de este a oeste con el paso del tiempo. 

Al principio fue China quien se llevó la peor parte. En febrero los casos crecían sin parar y desde Europa, que sería la siguiente región en caer, se observaba el avance de la enfermedad con atención pero sin demasiada preocupación. La primera semana de marzo, cuando China alcanzaba el pico de contagios, en el Viejo Continente se seguían celebrando eventos masivos. 

Sin embargo, la epidemia se había infiltrado silenciosamente en Europa empezando por Italia. Después vendrían España, luego Francia, Alemania, Reino Unido... El 19 de marzo los contagios europeos totales ya superaban los de China y dos días más tarde los de toda Asia.

Esas mismas fechas, algunos estados de Estados Unidos comenzaban a decretar cuarentenas obligatorias, mientras en México o en Brasil sus presidentes seguían restando importancia al fenómeno.

A día de hoy, a la vez que China trata de recuperar la normalidad y Europa va dejando el pico de contagios atrás, los nuevos casos diarios en Norteamérica  han llegado a superar los de Europa.

Mientras Sudamérica se prepara para sus semanas más difíciles, las bajas cifras de contagios de África alimentan la incertidumbre sobre la fase de la infección en la que se encuentra el continente más vulnerable.

Adaptarse a la "nueva normalidad"

Aunque la situación sigue siendo dramática, muchos países ya han superado los momentos más duros de la pandemia. Otros tantos lo harán pronto o lo están haciendo ya. 

Sin embargo, pasado lo peor, viene el reto de adaptarse a lo que la OMS ha descrito como "la nueva normalidad", un escenario que aún no conocemos -en el que China comienza a abrirse paso- y que todo apunta a que durará hasta que se halle una vacuna. Además, los Gobiernos deberán ser capaces de resolver la complicada ecuación de evitar nuevos brotes y, a la vez, reanimar una economía en coma inducido para mitigar la crisis que vendrá.

"Mientras el Covid-19 acelera muy rápido, desacelera mucho más despacio. En otras palabras, la bajada es mucho más lenta que la subida. Esto significa que las medidas de control deben levantarse lentamente y de manera controlada. No pueden levantarse de una vez", explicaba el lunes en su intervención diaria el director general de la OMS, Thedros Adhanom.

Las condiciones que recomienda la OMS para levantar las restricciones son duras y se antojan todavía difíciles de cumplir, al menos a corto plazo, para la mayoría de países. 

Entre ellas, se incluye que el sistema sanitario sea capaz de asumir, tratar y trazar cada contagio o que el brote se haya reducido al mínimo en entornos como hospitales o residencias y lo más importante: que las sociedades estén preparadas para ajustarse a "la nueva normalidad".

"Nuestra conexión global implica que el riesgo de reintroducción y reaparición de la enfermedad continuará. En última instancia, será necesario que se desarrolle y ofrezca una vacuna segura y eficaz para interrumpir totalmente la transmisión", advirtió el secretario general de la OMS.

Una prueba de fuego para la globalización

La pandemia del coronavirus ha puesto de manifiesto como ninguna otra cosa antes la realidad de la globalización del siglo XXI. En un mundo en el que los países están conectados en una inmensa red en la que cualquier sacudida se puede sentir en todo el sistema, una extraña neumonía que emerge en una región de China es capaz de propagarse hasta un remoto pueblo de Castilla.

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