Ecuador se convierte en el segundo gran foco de coronavirus en Latinoamérica ante el colapso de su sistema sanitario

Cientos de personas se abastecen en un supermercado de Guayaquil (Ecuador), ante un posible toque de queda por la expansión del coronavirus en la ciudad.
Cientos de personas se abastecen en un supermercado de Guayaquil (Ecuador), ante un posible toque de queda por la expansión del coronavirus en la ciudad.
MARCOS PIN / EFE

“Estamos a la suerte de Dios”. Así describe la situación actual de muchos ecuatorianos Jorge Barona, un vecino de Guayaquil, la ciudad que alberga el principal foco de la pandemia de coronavirus en el país y donde, el 1 de marzo, se registró el primer caso: una ciudadana ecuatoriana que residía en España.

La situación se volvió crítica la semana pasada, cuando los cadáveres comenzaron a aparecer abandonados en las calles ante el total colapso del sistema sanitario y de los servicios funerarios de la ciudad, la más poblada del país y uno de los principales puertos del Pacífico en Sudamérica.

“Los hospitales están colapsados y la gente muere literalmente ahogada a las puertas por falta de atención médica”, relata Barona, que vive encerrado junto a su mujer y dos hijas en su comunidad de 500 familias, en cuarentena desde el pasado 17 de marzo. “Si, lamentablemente, caes víctima de esta pandemia, te toca prácticamente rezar en tu casa y recibir la ayuda de tu familia, llegar a recibir atención médica es imposible”.

Con 191 muertos con coronavirus registrados, Ecuador es el segundo país de latinoamérica con más defunciones, solo por detrás de Brasil, que suma 566 fallecimientos con una población 12 veces mayor que la ecuatoriana.

El número de fallecidos por la enfermedad podría ser mucho más alto de lo que muestran las cifras oficiales. El Gobierno ecuatoriano, presidido por Lenín Moreno, envió al Ejército a Guayaquil el pasado fin de semana a participar en la recogida de los cadáveres que se encontraban en las calles

El lunes, el responsable del operativo, Jorge Wated, aseguró que la situación estaba normalizada después de que se recogieran 1.300 de cuerpos entre los acumulados en casas particulares, los fallecidos en hospitales y los que fueron asumidos por funerarias privadas.

Pánico entre la población

“Pasé varias veces por el mismo sitio y allí se pasó el cadáver de un señor durante más de dos horas a la espera de que alguien viniera a llevárselo”, relata Javier Pérez, un profesor universitario español que lleva viviendo un año en Guayaquil y seis en Ecuador. “Se ha desbordado la institución sanitaria, pero además ha habido mucho miedo a que los cuerpos tuvieran carga de contagio y habrá gente que ha preferido cejar en sus funciones”.

El pánico que ha desatado la enfermedad entre la población y entre los propios trabajadores sanitarios, que carecen de equipos de protección suficientes, explica, en parte, el colapso de los sistemas de salud y las funerarias, sin embargo, también está teniendo otras consecuencias.

El precio de los alimentos básicos se ha disparado después de que muchos comerciantes rurales y transportistas hayan optado por no acudir a Guayaquil. “La gente del campo y los que transportan los alimentos tienen pánico de venir a la ciudad por las noticias que se han dado y esto está provocando bastante escasez”, relata Barona, que asegura que el precio medio de una libra de tomate ha pasado de 40 centavos de dólar a 1,25 dólares.

Entre tanto, existe un rechazo generalizado a cómo están respondiendo a la crisis tanto las autoridades nacionales como locales. “Eluden la responsabilidad de manera divina”, declara Pérez. “El Gobierno municipal ha llamado a orar las 8 de la noche, no solo la Iglesia, sino también el mismo Municipio”.

Confinamiento y trabajadores informales

El Gobierno nacional por su parte, ha tratado de reforzar la efectividad del confinamiento domiciliario de la población mediante un toque de queda a partir de las 2 de la tarde en todo el país. Sin embargo, el amplio porcentaje de la población dedicado trabajos informales, como la venta ambulante, han hecho difícil que la reclusión se mantenga de forma generalizada.

“Guayaquil es la ciudad con una mayor cifra de trabajadores informales del país y también es la más desigual y con más personas en situación de pobreza”, explica la abogada ecuatoriana y vecina de Guayaquil María Cecilia Herrera, especializada en derechos humanos. “Para un trabajador informal, estar encerrado en su casa en cuarentena es un día en el que ni él ni su familia puede comer, porque viven del día a día”.

La situación no es tampoco sencilla par los trabajadores con contratos formales. El Gobierno de Lenin Moreno, que cuenta con cifras excepcionalmente bajas de aceptación, emitió un decreto que prohíbe el despido de trabajadores durante la crisis provocada por el coronavirus, pero no se hará cargo de los salarios de aquellos que deban dejar de trabajar temporalmente.

“El Gobierno tiene una crisis de credibilidad”, declara Herrera. “Hace poco decidió pagar 325 millones de deuda externa en vez de dedicar ese dinero a la emergencia y estas no son decisiones que el pueblo apoya”.

En medio de la crisis sanitaria se ha encarnizado la ya crónica lucha interna entre las principales fuerzas políticas del país desde la salida del expresidente Rafael Correa del poder, que tuvo su punto álgido el pasado mes de octubre con unas protestas que estuvieron cerca de tumbar al Gobierno.

“Hay una rivalidad tremenda entre distintas autoridades, entre los gobiernos locales y el central”, explica Herrera. “Es una pugna de protagonismos por parte de distintas autoridades para ver quién protege mejor a sus locales y esto está creando un tremendo regionalismo, porque no hay una autoridad central que tenga la credibilidad y el liderazgo para unificar a todo el país”.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento