Una enfermera, expulsada por su casero al contraer Covid-19: "Me coaccionaba por teléfono, estaba asustada"

Clara Serrano en su habitación del Hotel Colón.
Clara Serrano en su habitación del Hotel Colón.
CEDIDA

Clara Serrano llegó a Madrid para salvar vidas y se encontró sin piso donde alojarse cuando dio positivo en coronavirus. Esta enfermera de 31 años, de Quintanar del Rey (Cuenca), se trasladó a la capital española para trabajar en un hospital público durante la crisis sanitaria de la Covid-19, y lo hizo durante una semana, hasta que comenzó a mostrar síntomas. En el momento en el que se confirmó su contagio, su casero le exigió que se marchara de la vivienda.

"Llegué a Madrid el 11 de marzo para incorporarme el 12 al hospital, donde me asignaron a una planta de Covid-19. El 19 empecé a notar síntomas, el 22 me hicieron el test y el 23 me confirmaron el positivo. Ese mismo día, el casero me dijo que me tenía que marchar", explica Clara a 20minutos desde el Hotel Colón de la capital, que se encuentra medicalizado actualmente y al que accedió gracias a la intermediación de la Comunidad y el sindicato Satse.

La posibilidad de contagio, apunta la joven, era un riesgo del que fue consciente en todo momento y, por ese motivo, quiso ser transparente desde el inicio con sus compañeros de piso: el dueño de la vivienda y dos chicas más. Por ello, desde que se instaló allí y antes incluso de mostrar síntomas, solo salía de su cuarto lo estrictamente necesario, para evitar exponerlos innecesariamente. 

"Estaba más asustada que otra cosa. El casero no atendía a razones"

Cuando el 19 de marzo perdió el gusto y el olfato y comenzó a padecer jaquecas, Clara comprendió que podía haberse contagiado y no dudó en extremar las precauciones. "Empleaba uno de los baños yo sola, mientras mis compañeros utilizaban el otro. Hicimos turnos para entrar en la cocina y la desinfectábamos antes y después. Además, estaba recluida en la habitación, sin usar ninguna zona común", relata.

"Quería que me marchara de inmediato"

La situación explotó cuatro días después, cuando el 23 le confirmaron su infección por coronavirus. Al informar a sus compañeros de piso a través de WhatsApp, el dueño de la vivienda la tachó de "egoísta" y le exigió repetidamente que se marchara 'ipso facto'. "Yo estaba más asustada que otra cosa. Traté de explicarle que me iría, pero que tal vez no podría ser de manera inmediata. No atendía a razones", recuerda, y admite que sintió "una profunda tristeza", que después se convirtió en rabia al conocer algún caso semejante.

Durante la discusión, en la que una de las compañeras se posicionó con el casero y otra defendió la postura de Clara, ella no perdió el tiempo. A pesar de la tensión del momento, hizo las maletas y se puso en contacto con el sindicato de enfermería Satse, para comunicarles lo ocurrido y pedir ayuda, y con la Policía, para aclarar su situación legal

"Tuve que volver a llamar a la Policía. El casero me coaccionaba por teléfono"

Sin embargo, las horas pasaban y la crispación del dueño no disminuía. "Tuve que volver a llamar a la Policía, porque el casero no paraba. Me coaccionaba a través del teléfono y no dejaba de decirme que me tenía que marchar inmediatamente", rememora. 

Finalmente, Clara pudo abandonar la vivienda y llegó al Hotel Colón a las doce de la noche, gracias, recalca, a la labor de la Comunidad de Madrid y del Satse. "Todo el mundo ha estado superpendiente. La gestión ha sido increíble, han sido maravillosos. Me he sentido muy respaldada", dice sobre su traslado, e incide en que también en su nueva residencia ha estado muy controlada, a pesar de que sus síntomas han sido leves.

Ahora está pendiente de que este miércoles le hagan un test que determinará si puede abandonar el hotel medicalizado. Ya le practicaron uno el pasado sábado que dio positivo y confía en que el próximo sea el definitivo. Respecto a lo que hará después, no lo tiene claro; aunque admite que, después de esta experiencia, le gustaría estar más cerca de su familia.

La coordinación, clave

El mismo día que Clara se vio obligada a abandonar su piso, el Satse tuvo que intervenir para ayudar a otro enfermero en una situación similar. El joven -que también había resultado positivo en coronavirus- estaba durmiendo en su coche delante del Hospital del Henares con 38,5 de fiebre cuando fue realojado en el hotel medicalizado Marriott Auditorium, cuenta Mercedes del Moral, responsable de organización del sindicato en Madrid y de atención al afiliado.

Aunque ahora son recursos humanos del Servicio Madrileño de Salud (Sermas) y las gerencias de los hospitales quienes se ocupan de proporcionar alojamiento a los enfermeros que lo necesitan, en un primer momento Satse jugó un papel de intermediación clave entre los sanitarios y las instituciones. Así, facilitaron el hospedaje a quienes llegaban a Madrid a trabajar y a quienes necesitaban abandonar sus domicilios tras haber resultado positivos.

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