La jornada más larga de Benicassim culmina con unos poderosos The Cure

La afluencia de asistentes al FIB era ya considerable a primeras horas de la tarde del viernes, ya que el primer horario distribuido por la organización indicaba erróneamente que el folk hippy de Devendra Banhart comenzaba a las 17.30. Los miles de fibers que sacrificaron siesta o playa por el texano tuvieron que conformarse con el pop amable y afrancesado de los catalanes Les Très Bien Ensemble, cuya actuación estaba prevista para el día siguiente. No fueron los únicos cambios: Doves pasaron a última hora y en otras actuaciones las horas de comienzo bailaron tramos de quince minutos.
Robert Smith, líder del grupo británico The Cure, ayer en el FIB (EFE)
Robert Smith, líder del grupo británico The Cure, ayer en el FIB (EFE)
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La actuación razonable The Zephyrs proporcionó dosis de ese pop íntimo y cálido al que tan aficionados son los fundadores del FIB, y que se llenó de magia con la primera actuación en el Escenario Verde (el reservado a las actuaciones estelares), la de la banda Yo la Tengo que desarrolló, con un sonido ‘mínimo’, toda la belleza del género.

The Kills aportó la nota dura del encuentro, las guitarras de carne y hueso y el corazón de rock. Su solista, Alison Mosshart, parapetada tras un flequillo que le cubría hasta la nariz, impuso el respeto a base de crudeza y áspera sensualidad que, a momentos, hacía recordar la oscuridad de otra solista bien querida en el FIB, PJ Harvey. No hubo canciones redondas, ni estribillos reconocibles, pero sí mucha actitud.

A unos metros, La Habitación Roja desplegaba una propuesta bien distinta de pop y melodía ante una parroquia que bailó encantada los temas de Nuevos tiempos.

Sin embargo, lo mejor se reservaba para el final. The Cure resplandeció en un concierto que estrena guitarrista y que ahondó en los temas de la última década, sin ceder a la tentación de convertir su directo en una colección de singles (sólo Boys don’t cry se salvó de la quema), y sin redundar demasiado en sus creaciones más oscuras e inaccesibles. Un término medio que dejó un buen sabor de boca.

Las ganas de bailar se saldaron con creces durante la actuación de Basement Jaxx, unos auténticos 'reyes del mambo' que pusieron a danzar a medio festival bajo las voces negras y poderosas de sus solistas. Mala cosa para Doves, relegados a los últimos del horario, que tuvieron que salvar el tipo con belleza y sensibilidad cuando el público pedía volumen y beats.

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