El "dolor de huesos" de Samara y Samuel confinados en una furgoneta... (y otros sitios insólitos para cobijarse del virus)

Samara y Samuel en su furgoneta, donde están pasando el confinamiento.
Samara y Samuel en su furgoneta, donde están pasando el confinamiento.
CEDIDA

Cuando Samara y Samuel decidieron camperizar su furgoneta para entregarse a la vida nómada, no imaginaron que tendrían que confinarse en ella durante semanas a causa de una pandemia mundial. En ruta desde el pasado septiembre, ahora permanecen encerrados en su vehículo en pleno Pirineo aragonés a la espera de que acabe la reclusión.

Atrapados en la localidad oscense de Formigal, esta pareja -autores del canal de Youtube 'The walking travel'- ha visto cómo el coronavirus paralizaba toda su vida y sus planes, como los de prácticamente todo el planeta. Hasta la entrada en vigor del estado de alarma, trabajaban en temporada para dedicarse después a su mayor pasión: viajar. Incluso habían logrado un visado para visitar Canadá, pero ahora, sin trabajo y con mucha incertidumbre, todo ha quedado en el aire.

Furgoneta de Samara y Samuel.
Furgoneta de Samara y Samuel.
CEDIDA

De momento, pasan los días aislados en la furgoneta y solo se desplazan para vaciar aguas grises y abastecerse. "Es complicado pasar tanto tiempo en un espacio tan reducido", confiesa Samara, ya que suelen pasar mucho tiempo fuera trabajando, haciendo rutas o simplemente en una mesa junto al vehículo. "Te duelen los huesos, te encuentras como si hubieras envejecido 30 años", se queja, y señala que emplean el tiempo para editar vídeos para su videoblog.

No obstante, sabe que ellos han "tenido suerte", puesto que han podido continuar en su furgoneta. Otros no han sido tan afortunados y se han visto obligados a salir de los campings donde se alojaban e incluso han debido abandonar sus vehículos. Por ese motivo, para ayudarlos a encontrar un lugar donde instalarse, Samara y Samuel han iniciado un proyecto a través de su página web para poner en contacto a nómadas con propietarios de terreno.

Obligado a abandonar su furgoneta

Precisamente entre esos menos afortunados se encuentra Mauro, que se vio forzado a abandonar el camping en el que se hospedaba en El Puerto de Santa María (Cádiz), mientras estudia el Grado en Marina en la universidad. Ahora ha conseguido que le cedan un piso en el mismo municipio, mientras su caravana permanece aparcada frente a su ventana.

El decreto del estado de alarma generó muchas dudas sobre la situación de los campings y la obligación o no de cerrarlos. Algunos, como el que albergaba a este excamionero gallego, decidió desalojar a sus inquilinos, que el día 19 de marzo recibieron una notificación que les comunicaba que debían marcharse. Otros han permanecido abiertos, pero no admiten nuevos residentes.

Encerrados en el circo

También en caravanas viven los miembros del Gran Circo Nevada, a los que el estado de alarma y la obligación de confinarse sorprendió en el municipio lucense de Monforte de Lemos, a casi 600 kilómetros de su Talayuela (Cáceres) de origen. Se encontraban en esa zona para la temporada de invierno y llegaron a la localidad gallega el 10 de marzo para ofrecer tres representaciones. Ni siquiera la primera, programada para el 13, llegó a celebrarse.

Con la carpa ya montada, decidieron pasar allí el confinamiento, ante las limitaciones de los desplazamientos y el desembolso que suponía volver a Extremadura. "Son muchos kilómetros, muchos camiones y muchos remolques, con el gasto en combustible que eso conlleva. Además, si se estropea algo en ruta, ¿quién nos va a socorrer? Las caravanas son nuestras casas", explica Javier Segura, director del circo.

Ahora, emplean el tiempo fundamentalmente en ensayar, en recrear su espectáculo ante un público inexistente. "Los artistas necesitan practicar para no perder el hábito y las facultades. Ya que está todo perdido, que no perdamos también nuestros trabajos", relata Javier, que reconoce que tienen "suerte" al disponer de algo más de espacio gracias a la carpa. "Las caravanas son pequeñas, no son como un piso. Este espacio extra nos ayuda, si no, nos volveríamos locos", añade, aunque recalca que nunca salen de su recinto.

"Ya que está todo perdido, que no perdamos también nuestros trabajos"

Durante el encierro, los integrantes del Gran Circo Nevada también han recibido la ayuda de los vecinos de Monforte de Lemos, para los que Javier tiene palabras de agradecimiento. "El pueblo es increíble en todos los sentidos. Si hubiéramos caído en otro sitio, ¿qué habríamos hecho?", dice emocionado.

Confinado en una residencia de estudiantes

A priori, una residencia universitaria no parece un lugar inusual para encontrar a un estudiante de doctorado en marzo o abril. Sin embargo, el decreto de alarma declarado el pasado día 14 llevó a muchas de ellas a cerrar sus puertas, y las que permanecen abiertas se han convertido en centros fantasma prácticamente vacíos. En uno de ellos se halla Alfonso.

Doctorando en Biofísica en la Universidad Nicolás Copérnico de Torun (Polonia), llegó a Murcia el pasado 1 de marzo para realizar una estancia de un mes. Tras 15 días trabajando con ellos, el Gobierno decretó el confinamiento y él decidió no regresar aún. "Tenía derecho a volver porque mi residencia habitual está allí, pero preferí quedarme. Aquí no se habían tomado prevenciones y pensé que el avance de la pandemia iba a ser muy rápido, más que allí", dice.

En la residencia donde vive las zonas comunes están cerradas y Alfonso pasa los días en una habitación de unos 11 metros cuadrados, donde dispone de baño y cocina. La mayor parte del tiempo está solo, trabajando, asistiendo a cursos online o con algún videojuego, aunque de vez en cuando se une a una compañera que vino con él de Polonia. "No guardamos la distancia de seguridad porque hemos estado juntos desde el principio", matiza. No lo lleva mal, afirma, aunque añora muchas cosas de antes, en esta situación "extraña" en la que "hacer la compra" se ha convertido en un acontecimiento excepcional.

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