La vida en tiempos de la pandemia del coronavirus: 'Siempre El Refugio'

Las mujeres de la limpieza ordenan la ropa sucia de los transeúntes
Las mujeres de la limpieza ordenan la ropa sucia de los transeúntes
GERVASIO SÁNCHEZ

No es lo mismo vivir una pandemia con una familia estructurada, un domicilio fijo y una tarjeta de crédito que absorbe todos los pagos que formar parte de otra que sufre una situación de desempleo, con ingresos insuficientes o nulos. No es lo mismo vivir o confinado, observando como tus hijos siguen el curso escolar por videoconferencia, que ser una madre soltera o un inmigrante con escasos recursos. No es lo mismo vivir con calidez una emergencia sanitaria que sufrir aún más las restricciones laborales, emocionales o económicas. Como no es lo mismo crecer en una familia con todos los derechos consolidados que soportar una vida desestructurada con los renglones sociales torcidos desde la infancia. No es lo mismo.

En la Hermandad del Refugio (creada en 1642 en Zaragoza, sí hace cuatro siglos menos 22 años) empieza a formarse una fila de mujeres y hombres una hora antes de que se produzca la apertura de sus puertas. En sus rostros se siente el impacto de una primavera ausente y, también, una mezcla de sonrojo y retraimiento que provoca los avatares de la vida.

Valentina Quero, venezolana, ha venido a recoger los alimentos con la cartilla de su hermana Libertad. “Está afectada por coronavirus y vive la cuarentena junto a su esposo y su hijo. Le llevaré la canasta alimentaria a su casa y la dejaré a la entrada para evitar infectarme porque vivo en un apartamento de 62 metros junto a ocho miembros de mi propia familia”, explica esta mujer que trabaja en una cadena de producción de asientos para coches. A su lado Carlos, un colombiano de Cali, padre de dos hijos de 8 y 2 años, cuenta que a su mujer la echaron de su trabajo en una residencia y que él sufrió un accidente doméstico que le ha inmovilizado una mano.

Entrega de la canasta básica a un beneficiario
Entrega de la canasta básica a un beneficiario
GERVASIO SÁNCHEZ

Ambos alaban la calidad de la comida que reciben. Forman parte de las 539 familias atendidas por El Refugio en los meses de enero y febrero. Un total de 1.649 personas, casi un 18% de españolas, un 40% de latinoamericanos y un 33% de africanos, un tercio de menores de 15 años, han recibido 24.422 kilos de diferentes productos del Banco de Alimentos, una conocida cadena de supermercados y una empresa de producción de pescado fresco envasado. “Tenemos comida imperecedera hasta agosto, pero nos faltan frutas y verduras. Algunas entidades han suspendido las entregas”, comenta el gerente Ernesto Millán, a cuyo cargo tiene a 15 trabajadores a jornada completa y 9 a tiempo parcial.

Al mismo tiempo que empieza el reparto de las canastas básicas, 39 hombres y 4 mujeres bajan de los dormitorios a desayunar. “Una semana antes de que se decretase el estado de alarma decidimos cerrar las puertas para proteger a nuestros beneficiarios. Desalojamos uno de los dormitorios, por si había que trasladar a personas en cuarentena, y no aceptamos a más transeúntes”, afirma el gerente.

Hay personas que han tenido problemas de convivencia o enfermas sin familia, hay inmigrantes sin papeles que viven a la espera de un contrato laboral para iniciar los trámites legales. “En algunos meses del año hay temporeros, sobre todo magrebíes, andaluces y extremeños”, explica Ernesto Millán.

Una viuda está alojada con su hijo de 20 años mientras el pequeño de 13 años se ha quedado con un familiar. “Fuimos desahuciados de un piso de alquiler y estamos aquí de tránsito. Tenemos muchas ganas de volver a estar todos juntos”, explica la mujer. El hijo sale cada día tres o cuatro horas a repartir los pedidos de una empresa de pizzas.

El equipo de recogida de alimento prepara las raciones familiares
El equipo de recogida de alimento prepara las raciones familiares
GERVASIO SÁNCHEZ

Otra decisión que se tomó fue suspender el trabajo de los 380 voluntarios entre 18 y 80 años, un 70% de jubilados. La edad de riesgo fue la razón, además de limitar el tránsito de personas del exterior. El único que se quedó fue José Luis García, “empresario desde los 14 años con una vida trastocada desde hace un tiempo ya que pasé de manejar mucho dinero a arruinarme”, y que “devuelvo con mi trabajo la ayuda en alimentos que recibo cada mes para poder sobrevivir”.

Cuatros transeúntes son los encargados de repartir los desayunos, las comidas y las cenas diariamente. Uno de ellos es Saidu, de 25 años, originario de Guinea Conakry, que ha participado en visitas a institutos para explicar a los alumnos cómo fue su viaje desde su país hasta Fuerteventura. “A pocos metros de salir de la playa marroquí una gran ola me tiró de la barca y me salvé, aunque no sabía nadar, gracias al chaleco de rueda que llevaba sujeto al cuello”, explica.

El equipo de limpieza, formado por cinco mujeres, ha aceptado trabajar una hora más para desinfectar diariamente todo los dormitorios, baños, comedor y zona comunes utilizados por los transeúntes. “El comportamiento es ejemplar. Apenas hay discusiones. Saben que no pueden subir a las habitaciones en todo el día y lo cumplen”, explica un de ellas.

El equipo de mantenimiento es el encargado de recoger las donaciones. “No aceptamos alimentos cocinados que no tengan su fecha de caducidad en la etiqueta. Las empresas de catering de los colegios nos llamaron al principio del estado de alarma para ofrecernos miles de raciones envasadas al frío listas para calentar y comer”, explica Sergio Gracia. En los últimos días también han recibido yogures y flanes a punto de caducar-

La distribución de la llamada “Gota de leche” se formalizó antes de que empezara el confinamiento para los meses de marzo, abril y mayo. Unos 1.500 kilos de leche de iniciación y de continuación, cereales sin gluten y multicereales recibieron las familias de los 157 bebés atendidos menores de un año. Tuvieron que cerrar el centro de educación infantil al que acudían cada día 53 niños de entre 1 a 3 años, cuyos padres pagan una cuota de 70 euros, suspendida durante el tiempo que dure la emergencia sanitaria.

El presupuesto anual para un servicio que dura 365 días se aproxima al millón de euros. Las cuotas de los 2.700 hermanos de la hermandad supone un 20% del total . Otro 20% equivale a los convenios y los conciertos con instituciones públicas y privadas. Otra quinta parte proviene de donativos anónimos. “Lo que yo llamo Dios proveerá, es decir lo que recibimos de personas que nos hacen beneficiarios en su testamento”, tal como explica el gerente, es otro 20%.

Y la última quinta parte es la tradicional colecta de cada Jueves Santo en todas las iglesias de Zaragoza y en mesas presenciales, que supone una recaudación de 200.000 euros. “Este año no vamos a conseguir ningún euro por la suspensión de la Semana Santa y ya hemos abierto una cuenta corriente y otra de pago telefónica para recibir donaciones”, comenta el gerente.

El Refugio no es todo lo que se ve. Intentan paliar situaciones duras de mujeres maltratadas, pero siempre preservando el anonimato. “En 2008 y 2009 atendimos cada mes a unos cincuenta “pobres vergonzantes”, personas que se habían arruinado durante la crisis económica y que iban a recoger los alimentos con sus bolsas de jugar al pádel o al tenis vacía”, recuerda el gerente. En 378 años “nunca hemos fallado”. Siempre El Refugio.

Aportaciones voluntarias a la cuenta corriente disponible: ES52 2085 0167 0403 3089 8795

Ibercaja pay en el listado de ONGs buscando Hermandad del Santo Refugio o directamente poner la clave 33607

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