Médicos en Ifema: "Hemos trabajado con un termómetro para 50 pacientes y un electrocardiograma para todo el recinto"

  • Profesionales del hospital de campaña hablan de muchas horas pérdidas y de falta de medios y protección. 
  • La Comunidad de Madrid admite algún problema de organización pero dice entregar "el material reglamentario".
Una ambulancia entra en Ifema, hospital para el coronavirus.
Una ambulancia entra en Ifema, hospital para el coronavirus.
Jorge París

Es doctora en un ambulatorio y ante la magnitud que está adquiriendo la pandemia del coronavirus en España se apuntó como voluntaria para el hospital de campaña instalado en Ifema con el objetivo de descongestionar el sistema de salud madrileño. El jueves la llamaron y la citaron en el recinto ferial a las siete y cuarto de la mañana del día siguiente. Pero lo que creyó que sería una jornada de trabajo no pasó de una larga espera en una sala sin llegar a ver a ningún paciente.

La historia de esta joven, que prefiere ser identificada solo con las sigas E.L., es, según los sindicatos, la de numerosos profesionales que han sido convocados como plantilla de lo que ha pasado a ser conocido como Arca de Noé. Los representantes laborales denuncian que “la situación es caótica”, que no hay material ni equipos de protección suficientes y que se producen aglomeraciones en espacios reducidos, lo que podría derivar en contagios. 

"Nos dieron un pijama sanitario y nos cambiamos unas 70 en el mismo vestuario, en una habitación muy pequeña. Después nos tuvieron en una sala silla con silla a menos de medio metro", corrobora la médico entrevistada por este diario. "Si no me había infectado ya ese fue el momento idóneo", ironiza. En aquella sala estuvieron siete horas sin que nadie les asignara ninguna tarea ni les informara del porqué de aquella pérdida de tiempo. A las tres de la tarde les comunicaron que podían irse y que regresaran el sábado. 

Con rabia pero con las ganas de ayudar intactas, E.L. volvió y entonces sí pudo atender a enfermos. "Ahí fue cuando nos enteramos de que el día anterior no habíamos pasado a los pabellones porque estaban a la espera de 200 pacientes que al final no llegaron. ¿Qué les costaba habernos informado en el momento?", se pregunta. 

Desde su apertura la semana pasada, Ifema ha acogido a unos 1.200 infectados y ha dado medio millar de altas. Las autoridades hablan de que tiene capacidad para 1.400 personas y E.L. señala que el pasado fin de semana había unas 700. El pabellón 9, en el que a ella le ha tocado estar, "operaba a la mitad". La Consejería de Sanidad también ha anunciado que cien plazas son puestos de UCI pero la doctora asegura que aún no hay ninguno operativo.

"Tenemos que conseguir que el paciente esté lo más estable posible y evitar que se produzca cualquier urgencia porque si empeora hay que mandarlo a un hospital. Es gente que necesita oxígeno sobre todo, pero no están intubados", relata alguien que tiene a su cargo a una docena de contagiados. Los profesionales han sido agrupados de cinco en cinco y a cada grupo se le ha asignado un control con cincuenta afectados.

En el módulo 9 cada puesto de vigilancia se mantiene aislado del resto por unas mamparas y entre las camas se ha establecido una distancia de metro y medio aproximadamente. Enel 5, cerrado este lunes y sustituido por el 7, no existía separación con panales pero las plazas se colocaban "a dos o tres metros".

"El sábado solo había un saturímetro, que es el aparato que ponemos en el dedo para medir la saturación de oxígeno, y un termómetro para los cincuenta. Al principio no pudimos hacer nada porque no teníamos las constantes de los pacientes. El domingo yo me llevé mi termómetro. Además, tenemos que controlar el ritmo cardiaco porque los tratamientos que estamos poniendo lo pueden alterar pero hasta el sábado solo había un electrocardiograma en todo Ifema", continúa la médico.

La escasez llega, como está siendo habitual, a las medidas de seguridad laboral. E.L. afirma que trabaja “con una bata de quirófano, un mandil hecho con una bolsa de basura recortada, dos mascarillas, una pantalla parecida a la de los soldadores y tres pares de guantes”. Los zapatos se los cubre igualmente con bolsas de basura atadas con cinta aislante al traje. "Pasamos mucho calor y no puedes beber, no puedes comer, no puedes ir al baño porque no hay suficiente material para después volver a entrar. No puedes gastar dos equipos de protección en una mañana", cuenta.

Ante todas estas quejas, fuentes de la Consejería de Sanidad han reconocido a Efe "un problema de organización que ha provocado algunas protestas", pero lo circunscriben únicamente al domingo. Recalcan que el coordinador general del hospital, Fernando Prados, ha asumido la situación y "ha pedido disculpas". Las mismas fuentes comentan que se está entregando a los facultativos "el material reglamentario fijado por el ministerio" y dicen que son algunos trabajadores “quienes deciden cubrirse con batas, gorros y calzas de bolsas de plástico".

E.L. reitera que solo algunos compañeros disponen de los denominados EPI y espera que las cosas mejoren porque se les presenta al menos un mes de duro trabajo. La programación de turnos que han recibido se extiende hasta finales de abril. Mientras, seguirán aportando profesionalidad y humanidad en un entorno desolador: "Hay abuelos sin móvil. No tienen forma de comunicarse con la familia. Los estudiantes de sexto de carrera, que también han sido reclutados, les han pedido los teléfonos y con quién tienen que hablar y están informando a los familiares de su estado". 

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