“Cuando llegué a Poti me recordó a la España de los años 60”

Varios d elos guardias civiles destinados en Georgia (EFE)
Varios d elos guardias civiles destinados en Georgia (EFE)

El guardia civil Jacobo Martín, de 29 años, desarrolla su primera misión fuera de España en la ciudad georgiana de Poti, dañada por los últimos conflictos con Rusia iniciados el pasado mes de agosto.

Martín es uno de los diez guardias civiles que forman parte de la misión de observadores de la Unión Europea que desde el 1 de octubre se encuentra en Poti y, según explicó a 20 minutos, se presentó voluntario "por la idea de vivir una nueva experiencia", que describe como "única".

El resto de sus compañeros españoles ya ha realizado otras misiones en el extranjero anteriormente, algo que a él le sirve de "gran ayuda", porque le guían en la forma de trabajar. "Hay algunos que llevan siete u ocho misiones y saben muy bien cómo funciona esto", apunta.

La mentalidad de la población suele ser más conservadora

La primera impresión que tuvo al llegar a la ciudad fue "el recuerdo a la España de los años 60", debido a su estado. Por otra parte, por lo poco que ha podido conocer a los habitantes, considera que la mentalidad de la población local "suele ser más conservadora".

Gente hospitalaria

En todo caso, lo que más ha sorprendido de la zona a este agente, que hasta ahora ha desarrollado su labor en la localidad grancanaria de Vecindario, ha sido la forma de conducir de los georgianos, "conducen como locos", y "la cantidad de vacas que hay por todas partes". Estos animales andan con plena libertad en medio de la ciudad, en la calle y en la carretera, explica con una sonrisa.

Se aprecian grandes carencias y una alta tasa de paro entre la población

Cree también que Georgia es un país de gran belleza, aunque considera que existe una carencia de "infraestructuras", además de una alta tasa de paro entre la población. "La gente no tiene muchas oportunidades", dice, y tampoco tienen mucho que hacer, ya que en la ciudad no hay ni gimnasios, ni centros de ocio, ni espacios destinados al disfrute del tiempo libre.

Aún así, este guardia civil destaca la gran hospitalidad de los georgianos, que han recibido a los observadores de la UE con los brazos abiertos, y recuerda que cuando acuden a un campo de refugiados, a pesar de que estas personas no tienen casi nada, les ofrecen lo poco de que disponen, como "bolsas con peras, manzanas o castañas".

También resalta su cercanía, ya que cuando patrullan por la calle "se acercan y nos saludan, nos preguntan cosas, aunque pocos hablan inglés, sobre todo hablan ruso". Martín ha emprendido con muchas ganas e ilusión su primera salida al extranjero con la Guardia Civil; una misión que, según cuenta, "merece la pena".

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