Woody Allen, al ataque en sus memorias: acusa a Mia Farrow de ser una mala madre y duda de ser el padre de Ronan

Woody Allen, en una foto de archivo.
Woody Allen, en una foto de archivo.
IAN LANGSDON / EFE

La sociedad ya está completamente dividida. De alguna forma, ya da igual lo que se diga que cada cual tiene su opinión sobre Woody Allen. Para algunos siempre será el director de obras maestras como Annie Hall o Manhattan. Para otros, un señor despreciable que abusó sexualmente de su hija y se casó con su hija adoptiva.

Acaba de publicar, por sorpresa y cambiando de editorial en el último momento, sus memorias. A propósito de nada es el título y salen con Arcade Publishing después de que Hachette, con quien tenía el contrato previo, decidiese no publicarlas debido a las presiones tanto externas como internas (unos 70 empleados amenazaron con marcharse). En España se encargará de publicarlas Alianza Editorial.

En ellas, cinematográficamente hablando, habla sobre sus rodajes, su pasión por escribir, cómo empezó en el stand-up comedy e, incluso, carga contra estrellas como Timothée Chalamet que renegaron de él, según cuenta, "para aumentar sus posibilidades en los Oscar".

Pero, por supuesto, todo el mundo esperaba que no se limitase solo a ello. Y Allen no ha rehuido el tema del que todo el mundo esperaba que hablase: las acusaciones por parte de su exmujer, Mia Farrow, de haber abusado de Dylan Farrow cuando esta era menor de edad, así como la relación que tuvo (y tiene) con Soon-Yi.

¿Y qué dice Woody Allen de su relación de 13 años con la actriz con la que colaboró en Hannah y sus hermanas o La rosa púrpura de El Cairo? Nada bueno. Para empezar, llega a dudar de que el único hijo natural que tuvieron, Ronan -ahora periodista galardonado con el Pulitzer por destapar muchos casos del #MeToo- sea suyo.

"Creo que es mío, aunque nunca lo sabré realmente", afirma el cineasta, que piensa a su vez que su entonces novia -nunca se llegaron a casar- aún se veía con su expareja: "Tal vez todavía se estuviese acostando con Frank [Sinatra], como ella misma insinuó [en 2013, en una entrevista con Vanity Fair], y pudo haber tenido algún que otro encuentro con él, por lo que sé".

​Una relación siniestra

El director y guionista, de 84 años, agrega que en una de las primeras citas con Mia Farrow ya vio una especie de "señal de alerta" que desestimó. Fue cuando le dijo que quería un bebé y, pocos días más tarde, cenando en un restaurante chino, ella le pidió matrimonio, a lo que él se negó.

Según afirma Page Six, portal que ha tenido acceso a la autobiografía, Woody Allen aprovecha las páginas para atizar igualmente a la familia de Mia Farrow y dejar caer que quizá todos los problemas vengan de ahí. En todos los años que estuvieron juntos, sentencia, los comportamientos de sus allegados eran "extremadamente siniestros" y "aumentaron" conforme los fue conociendo.

Es obvio que Allen se refiere a John Charles Villiers-Farrow, el hermano menor de Mia, quien en 2013 fue sentenciado a 10 años de cárcel por abusar sexualmente de menores. Eso sí, atribuye la idea de que los hermanos Farrow fueron abusados por su padre a un "rumor" que escuchó, así como que "el hermano Farrow que ahora está cumpliendo años en prisión por abuso infantil había dicho que su padre había abusado sexualmente de él".

Quizá por eso, piensa Woody Allen, es el amor desmesurado de Mia Farrow por la infancia y su obsesión con la adopción (de los 14 hijos de Mia Farrow, solo cuatro fueron naturales: tres con André Previn y uno con Allen), asegurando que para ella, los huérfanos son "juguetes" y que lo que le interesaba de adoptar era solo "su reputación de santa".

La extraña maternidad

Precisamente por ello acusa a Mia Farrow de llegar a "devolver" a un bebé mexicano y de enviar de vuelta a un niño con espina bífida después de varias semanas porque su hijo Fletcher lo encontró molesto. "Si hubo otros niños que adoptó y devolvió, no tengo ni idea", critica Allen.

Aunque la peor parte se la lleva Ronan. Woody Allen usa al referirse a su hijo su antiguo nombre, su deadname [Satchel], afirmando que cuando nació, Mia Farrow "se obsesionó de manera antinatural" con él. "Cuando nació Satchel, las cosas dieron un salto cuántico hacia terrenos más oscuros. Desde su nacimiento, Mia se apropió de Satchel", opina.

"Ella se lo llevaba a su habitación, a su cama, e insistía en amamantarlo. No paraba de decirme que tenía la intención de hacerlo durante años y que los estudios antropológicos habían mostrado resultados positivos en las tribus donde la lactancia materna dura mucho más que en el Upper West Side", rememora Allen.

"Años más tarde, dos mujeres muy profesionales y capaces que trabajaban en la casa de Mia, Sandy Boluch y Judy Hollister, la primera como niñera y la segunda como ama de llaves, describieron numerosos incidentes", refiere Allen, y agrega: "Sandy asegura haber visto en ocasiones a Mia dormir desnuda con Satchel hasta que este tuvo 11 años. No sé qué dirían los antropólogos sobre eso, pero puedo imaginar lo que dirían los chicos del salón de billar".

Quitando a Ronan, "no le gustaba criar a los niños y realmente no los cuidaba. Como ya he dicho, yo vivía al otro lado del parque", se excusa el director sobre no conocer más detalles, aunque sí que puede atestiguar que Mia Farrow maltrataba y pegaba con frecuencia a Soon-Yi, quien se convertiría en su esposa y a quien está dedicado el libro.

Las acusaciones contra Allen

Según el neoyorquino, fue por esta relación por la que Mia Farrow se lo ha inventado todo. De hecho, afirma que la protagonista de La semilla del diablo le espetó "Tengo algo planeado para ti" después de descubrirlo y que se aprovechó una visita que hizo a la casa de Farrow en Bridgewater, Connecticut, en agosto de 1992 para comenzar su difamación.

Según Farrow, fue entonces cuando supuestamente Allen abusó de Dylan Farrow, pero Woody Allen mantiene que él únicamente apoyó la cabeza en el regazo de su hija de 7 años. "No hice nada inapropiado. Estaba en una habitación llena de gente mirando la televisión a media tarde", argumenta.

"Nunca le puse un dedo encima a Dylan, nunca le hice nada que pudiera ser interpretado erróneamente como abusar de ella: fue una mentira total de principio a fin", sostiene el cineasta, que sigue abriéndole los brazos a su hija tanto tiempo después puesto que siente haberse perdido aquellos años.

"Una de las cosas más tristes de mi vida es que fui privado de los años de infancia de Dylan y eso que solo podía soñar con mostrarle Manhattan y los placeres de París y Roma", recuerda Allen.

"Hasta el día de hoy, Soon-Yi y yo recibiríamos a Dylan con los brazos abiertos si ella quisiera acercarse alguna vez a nosotros como ya hizo Moses [Farrow, el único de los tres hijos de la pareja que defiende a su padre y ataca a su madre], pero hasta ahora sigue siendo solo eso, un sueño", se lamenta.

Un amor duradero

Woody Allen, como no podía ser de otra manera, relata pormenorizadamente la historia de amor con su esposa, Soon-Yi Previn, que comenzó en 1991, cuando ella, la hija adoptiva de Mia Farrow y su anterior esposo, el fallecido director de orquesta André Previn, tenía 20 años y él 55.

Lo primero que hace Allen es decir que él y Farrow estaban prácticamente separados cuando surgió el amor: ni vivían juntos y alrededor de un año después se separarían. Además, agrega, que se casaran (en 1997) solo por razones económicas, para que heredara su patrimonio.

"En lo que respecta al matrimonio, ninguno de nosotros tenía una gran necesidad de formalizar nuestra relación. No nos casamos por motivos románticos. Yo sabía que era mucho mayor y que podía morir en cualquier momento. Si moría, quería que estuviera protegida legalmente, que obtuviera todo lo que yo poseía automáticamente sin ningún problema", aclara.

Para empezar, Allen reconoce que eran como chiquillos. "Al principio, cuando la lujuria reinaba, no podíamos mantener nuestras manos alejadas", asegura sobre un amor que les separaba 35 años y que Farrow descubrió cuando encontró varias fotografías eróticas de Soon-Yi en el piso del cineasta.

"Por supuesto que entendí su sorpresa, su consternación, su ira, todo. Fue la reacción correcta", reconoce Allen, quien aún así afirma que todo ha merecido la pena por estar con ella. "A veces, cuando las cosas se han puesto difíciles y me han difamado por todas partes, me preguntaron si, conociendo el resultado, lo volvería hacer. Siempre respondí que sí, sin pensarlo", recalca.

Hace 25 años

Woody Allen ha llegado a afirmar que él debería ser "el rostro masculino del #MeToo". Excesivo, sin lugar a dudas, si tenemos en cuenta que en algunas de sus películas las relaciones entre un hombre mayor y una chica menor de edad, como ocurre en Manhattan, no solo se dan, sino que son objeto de chistes y no hay una crítica interna.

Pero él se refiere al momento del juicio, por lo que hay que remontarse mucho más atrás, a 1993, cuando tuvo lugar el juicio por supuestos abusos sexuales contra Dylan Farrow, quien en 2014 publicaría una carta en primera persona en The New York Times relatando los hechos, haciendo renacer el tema.

En 1993, sin embargo, la palabra de la justicia fue clara: Woody Allen no fue absuelto. Y no fue absuelto porque no hubo juicio: no se presentaron cargos debido a la poca solidez de las pruebas, aunque el juez describió el comportamiento del director de "sumamente inapropiado" pero no de carácter sexual.

En su momento, tras seis meses de investigación, los responsables del hospital Yale-New Haven llegaron a la conclusión de que no hubo abusos sexuales, mostrando en su informe las dos hipótesis, no excluyentes, a las que habían concluido: o era una invención de Dylan en un momento de tensión o un relato alentado por la madre. Woody Allen se sometió entonces a la prueba del polígrafo, la cual superó, y Mia Farrow no quiso hacerla.

Por otra parte, el departamento de servicios sociales de Nueva York, tras una investigación de 14 meses, no consideraba creíbles las pruebas. Y así quedaron los hechos.

Ante el periodista Jorge Lanata, en 2018, Woody Allen volvió a recordar que nunca, por tanto, ha sido condenado en ningún caso de acoso o abuso sexual: "Esto es algo que las autoridades analizaron a fondo hace 25 años y todos llegaron a la conclusión de que no era cierto. Y ese fue el final y he seguido con mi vida. Que vuelva ahora... es algo terrible acusar a una persona. Soy un hombre con una familia y mis propios hijos. Así que, por supuesto, es molesto".

El caso Weinstein

Woody Allen ha llegado a asegurar que "cualquier situación en la que se acuse a alguien de algo injustamente es muy triste, creo que todo el mundo puede estar de acuerdo con esto", a lo que añadió: "Si surge algo como es el #MeToo, lo apoyas, y lo haces porque quieres que de verdad se haga justicia con esa gente que hace cosas terribles".

Esas cosas terribles a las que se refiere tienen, por obviedad, un nombre, Harvey Weinstein, al que llegó a apoyar al decir que, por su caso, "sentía miedo de que por guiñar un ojo tuviera que llamar a mi abogado". Woody Allen dejó entrever que le ha irritado que se haya situado a todos los hombres denunciados a la misma altura del famoso productor.

"Lo que me duele es haber sido relacionado con personas que han sido acusadas por 20, 50 ó 100 mujeres por abusos cuando yo he sido denunciado únicamente por una", recordó, sin llegar a mentar todos los intérpretes que han asegurado que nunca más volverán a trabajar con él, como Michael Caine, Colin Firth, Mira Sorvino, Greta Gerwig, Susan Sarandon, Rebecca Hall o el citado Timothée Chalamet (estos dos últimos además donaron sus ganancias de la película que hicieron con el director, Un día de lluvia en New York, a la fundación del Time's Up).

Sin embargo, Woody Allen sigue teniendo algunos apoyos en Hollywood como Alec Baldwin, Javier Bardem o su amiga Diane Keaton o quienes, como Cate Blanchett, opinan que las redes sociales no pueden ser "juez y jurado" y que, en todo caso, "debería reabrirse el caso".

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