Inquilinos en apuros y caseros solidarios: "No puedo dejar que una persona tenga que decidir si come o me paga el alquiler"

Flor e Inma, dos inquilinas afectadas por la situación del alquiler.
Flor e Inma, dos inquilinas afectadas por la situación del alquiler.
CEDIDA

Este miércoles Flor se ha levantado temprano para ir a hacer una compra que le llene la despensa durante los próximos 15 días. "Con lo que me he gastado, me quedan 150 euros para pasar el mes hasta el día que cobre, que no sé ni cuándo será ni cuánto será", cuenta por teléfono desde Llorenç del Penedès (Tarragona).

Ayer la llamaron desde su empresa de instalaciones para indicarle que estaba en paro por un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo).

"Me dijeron que iba a pasar de cobrar de la empresa a cobrar del paro, pero no supieron decirme ni qué cantidad, ni qué tengo que hacer para cobrar ese paro (porque no tengo ni idea), ni cuándo lo voy a cobrar... Además, me lo notificaron a través de WhatsApp", relata Flor, quien en unos meses cumplirá 40 años.

"Siempre acabamos pagando el pato los que estamos abajo de la cadena"

Está divorciada y tiene dos hijos con custodia compartida. Sabe que un día más es un día menos para pagar las facturas: "Alquiler, luz, agua, gas, teléfono, comida, gasolina, seguros... [suspira] El ERTE es lo que me faltaba ahora", se queja esta mujer, a la que la vida, en ocasiones, no se lo ha puesto nada fácil.

Hace tan solo un año fue desahuciada. Su situación se torció en los años de las vacas flacas, cuando estalló la crisis financiera: "Tenía una hipoteca con mi exmarido y padre de mis hijos. Los dos trabajábamos para la construcción. En el 2008 se fue al carajo todo, en 2010 ya no podíamos pagar la hipoteca […] Esto nos llevó al divorcio en el 2014. No conseguíamos aclarar nada con el banco. Cuando nos divorciamos, él se fue de casa y yo me quedé, pero en febrero del año pasado, después de que el banco se adjudicase la vivienda vía judicial, entregué la casa a cambio de la condonación de la deuda total. Entonces empecé a pagar un alquiler de 550".

Alquiler, luz, agua, gas, teléfono, comida, gasolina, seguros... [suspira] El ERTE es lo que me faltaba ahora"

Por eso, entre otras cuestiones, no quiso volver a saber nada de hipotecas y optó por el arrendamiento. Aunque no sabe cómo lo va a pagar. "Le diré a la intermediaria que me gestiona el alquiler que no podré pagarle los 550 euros y le ofreceré una cantidad que se ajuste a lo que voy a percibir ahora. Espero que sea bien acogida y que se entienda la situación".

Cuando Flor escuchó el otro día al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, informando de que habían aprobado una moratoria únicamente para aquellos que pagan una hipoteca, creyó que se había perdido alguna parte de la intervención. "Pensé que me habría despistado mirando el móvil, porque no puedo comprender cómo nos han dejado así de desamparados. Siempre acabamos pagando el pato los que estamos abajo de la cadena".

Subidas de precios en tiempos de cuarentena

Inma tiene una historia diferente pero que también pasa por momentos complicados. En medio del estado de alarma que atraviesa el país, su casera les ha subido el precio del alquiler.

Esta mujer tiene 31 años. Es azafata de vuelo y sabe a ciencia cierta que va a sufrir un ERTE más pronto que tarde. Está afincada en Galicia, aunque es andaluza, y el próximo 15 de abril le caducaba el contrato de alquiler de tres años. Su arrendadora le ofreció quedarse un año más a cambio de cobrarles 75 euros más.

Inma se negó. "Le dije que íbamos a buscar otro piso". La semana pasada tenía programadas dos visitas, pero fueron canceladas. Escribieron a la propietaria para explicarle que, dadas las circunstancias, se iban a tener que quedar en la vivienda un tiempo más. "Pensaba que iba a recapacitar, pero nada, ayer me mandó un mail diciéndome queel 1 de abril tenemos que pagar la subida". Por eso, su reivindicación pasa por que "se paralicen las subidas de los alquileres: no me puedo ir y encima voy a tener que pagar más".

Arrendadores que miran por sus inquilinos

Pero no todos los caseros son iguales. Ana, de 50 años y residente en el distrito madrileño de Vallecas, tiene un piso alquilado a una familia en la misma zona. Sin saber si sus inquilinos se habían visto o no perjudicados por los recortes que se están produciendo en muchas empresas, les llamó para decirles "que no se preocupen por el pago de este mes" si se veían afectados. 

Por suerte, de momento todos conservan sus puestos. Ana tiene claro por qué les quiso transmitir ese mensaje: "Yo no puedo dejar a una persona que me ha estado pagando durante dos años el alquiler que tenga que decidir en este momento si come o me lo paga".

Vidas interrumpidas

Los jóvenes también son víctimas de esta situación caótica a la que ha conducido el coronavirus. Luna tiene 25 años, y desde hace un par de años “salió del nido”, como explica su madre Mayte a este periódico. Abandonó su Córdoba natal para buscarse la vida en Madrid.

“Tuvo suerte” porque, a las pocas semanas de aterrizar en la capital, encontró trabajo en el McDonald's del Aeropuerto de Barajas. Este curso estaba decidida a empezar a estudiar Psicología. Sin embargo, desde que la semana pasada se quedó en paro por el ERTE ejecutado por la franquicia, ya no puede dar nada por hecho.

El reto al que se enfrenta ahora es el de seguir pagando el alquiler que comparte con una compañera, por el que pagan 650 euros. “Ahora va a cobrar entre 400 y 500 euros, y no sabe qué va a hacer para pagar el alquiler, porque arreglar la documentación del paro le va a llevar un tiempo”, continúa su progenitora. “Yo estoy divorciada, pero entre su padre y yo le echaremos una mano, porque no solo es pagar el alquiler; es la luz, la comida…”.

“Que el casero se enrolle depende de la humanidad de cada persona"

Ahora, Luna y su compañera hablarán con su casero “a ver si se enrolla”, aunque, como dice su madre, “eso depende de la humanidad de cada persona, porque tampoco es algo a lo que se pueda obligar a alguien”.

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