"Cualquier medida que retrase el pico de la curva epidémica del coronavirus es apropiada"

  • El portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria, Ildefonso Hernández, valora las acciones puestas en marcha
  • "Los ciudadanos han de poner de su parte y evitar lo que no sea imprescindible", afirma.
Ildefonso Hernández Aguado, portavoz de SESPAS y catedrático en la Universidad Miguel Hernández de Elche.
Ildefonso Hernández Aguado, portavoz de SESPAS y catedrático en la Universidad Miguel Hernández de Elche.
UMH

En menos de 48 horas, las autoridades sanitarias han aprobado contundentes medidas para intentar detener la expansión del coronavirus en España. Decisiones que van desde la suspensión de las clases en algunos puntos a la prohibición de los vuelos desde Italia, pasando por la cancelación durante un mes de los viajes del Imserso.  

Ildefonso Hernández Aguado, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), considera que se trata de acciones "proporcionadas" y cree que la respuesta a esta crisis ha de ser "dinámica". El también catedrático de la Universidad Miguel Hernández de Elche se muestra optimista respecto a la "altísima capacidad" del país para hacerle frente.  

¿Cómo valora las medidas para intentar frenar el coronavirus? Creo que son proporcionadas a la situación. Han de ser dinámicas y deben irse valorando según se vaya obteniendo nueva información. Son contingentes, pueden cambiar en cualquier momento, y tienen que velar por la salud pero también por que no haya impactos sociales y económicos serios. 

No se había llegado nunca a esta situación con una crisis sanitaria. No. Las medidas de la intensidad y la magnitud de China no se habían visto en la historia y las limitaciones del movimiento de las personas en Italia nunca se habían visto en tiempos de paz.

En España tampoco se había llegado a extremos como los actuales. Es una situación nueva. El coronavirus es muy similar a la gripe en algunas cosas pero presenta diferencias, entre ellas que es un poco más grave y que tiene una infecciosidad distinta en algún punto. Eso hace que sea algo más preocupante.

¿Por eso es necesario este escenario? Los objetivos son proteger a las personas vulnerables y que la curva epidémica no suba muy rápidamente para no sobrecargar los servicios sanitarios. No es bueno saturarlos no solo por el coronavirus sino porque dejen de atender otros problemas de salud que también son importantes. En ese sentido cualquier medida que retrase la parte más alta de la curva epidémica es apropiada. Y si hay que alargarla más de la cuenta para atenuar los efectos será mejor que dejar que el brote se descontrole.

¿Pueden generar más alarma social? Las autoridades van por un terreno difícil. Si uno se pasa de largo puede crear desconfianza en la población. Pero si se queda demasiado corto también y pueden surgir los mensajes de que no se hace lo suficiente. Las voces más estridentes y que más se oyen son las que pueden criticar eso y ahí hay que mantener la calma porque en general la población española afortunadamente ha consolidado una confianza en las autoridades sanitarias, un patrimonio que debemos guardar. Habrá voces estridentes y algún outsider, incluso revestido de experiencia científica, que diga cualquier cosa. Pero ahí hay que examinar con mucha minuciosi- dad lo que digan todos los expertos, los que saben del tema y se han enfrentado a situaciones similares.

De todas las medidas anunciadas, ¿cuál considera que es la más efectiva? Son un conjunto. Lo que se está haciendo con todas ellas es reducir la probabilidad de transmisión. Se está viendo que la tasa de reproducción de la enfermedad está entre 1,5 y 3, con una media de 2,5 casos por cada infectado. Nuestra tarea es reducirlo a menos de 1 y en un tiempo adecuado.

Con la suspensión de las clases a muchas familias les preocupa dejar a los niños con los abuelos, que son población de riesgo. Se van con los abuelos pero sin llegar a estar infectados. En los centros escolares sin embargo, donde pasan muchas horas y con mucha cercanía, es más fácil que se contagien. La transmisión necesita un contacto bastante intenso y mantenido. Los niños no son un colectivo para el que la enfermedad sea agresiva pero sí pueden tener síntomas que pueden pasar desapercibidos y ser vectores para infectar al resto.

¿Y el hecho de llevarlos al parque? En un parque hay interacciones pero en clase son más cercanas. No es lo mismo estar en un sitio abierto, donde hay mayor distancia y el contacto no es tan continuado. El tiempo de permanencia es menor.

ildefonso hernández aguado

  • Además de portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), Ildefonso Hernández Aguado es catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Miguel Hernández de Alicante. Entre 2008 y 2011 fue director general de Salud Pública del Ministerio de Sanidad.

¿Qué pueden hacer los ciudadanos individualmente? Poner de su parte a la hora de evitar aquello que no sea imprescindible, tener en cuenta la distancia social para que los resultados sean óptimos. Si una persona vulnerable no tiene necesidad de coger el transporte colectivo, por ejemplo, que no lo haga. En nuestra cultura cuesta ese distanciamiento social pero son cosas que hay que ir adoptando.

Algunas voces hablan del autoconfinamiento. ¿Es exagerado? No podemos crear una alarma innecesaria y que haya personas frágiles, tanto de salud como mentalmente, que tomen medidas inapropiadas. No podemos inducir a que las personas adopten medidas que pueden ser contraproducentes. Cuando hablamos de la voluntariedad nos referimos a lo que está dentro de lo razonable.

¿Se llegará a aislar a poblaciones enteras, como en China o Italia? No lo veo muy viable y no creo que sea proporcional a la magnitud del problema. Pero hay que decirlo con mucha cautela, porque se tiene que atener a la configuración política, geográfica e institucional en cada sitio. Puede ser que en Italia, por la forma de gobierno y la distribución de las competencias sanitarias, sean medidas que encajan y puede que en España no tanto. Por otro lado son medidas extraordinarias que a veces necesitan de una legislación extraordinaria. El Gobierno puede paulatinamente aprobar por real decreto ley la modificación de leyes anteriores. Pero limitar el movimiento generalizado de las personas puede generar una disrupción social demasiado grande.

¿La experiencia de Italia puede no servirnos entonces? Nos sirve. Lo que pasa es que nos falta parte de la información. Lo que iría muy bien sería tener estudios que nos digan por ejemplo cuántas personas pueden haber tenido la infección y son asintomáticas, el grado de las que ya no son susceptibles… Nos iría fenomenal también saber qué ha pasado en algunas zonas italianas para ver si lo que se ha hecho es evitar que la gente se infecte o se ha infectado gente pero no nos hemos dado cuenta. Sí se puede aprender pero con cautela. Algunas informaciones sobre los efectos reales no las tenemos.

¿Cuál es su nivel de preocupación? Viendo la magnitud, preocupa. Pero España tiene una altísima capacidad y eso da tranquilidad. La situación en cuanto a cómo es el país, los recursos que tiene y sobre todo sus capacidades profesionales permiten ser optimista. Es fácil hacer la crítica pero en este momento tiene que haber un objetivo colectivo.

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