Cómo afrontar un proceso de separación cuando tenemos hijos: pautas para evitarles daños innecesarios

  • La psicóloga Montserrat Amorós aporta consejos para encarar una separación desde el punto de vista emocional.
  • Delia Rodríguez, abogada especializada en familia e infancia, analiza los beneficios de una buena mediación.
  • El 97% de los divorcios tienen un nivel de conflictividad alto en parejas con hijos.
Divorcio con hijos.
Divorcio con hijos.
GTRES

Según datos del I Observatorio del Derecho de Familia en España elaborado por Aeafa, el 97% de los divorcios tiene un nivel alto o muy alto de conflictividad en parejas con hijos (frente al 16% de los casos cuando el matrimonio no tiene descendencia). En el 45% de los casos, los divorcios o separaciones se dan cuando los hijos aún son menores de edad y la custodia de los hijos casi siempre recae en la madre (61,6%) aunque la custodia compartida gana terreno con un porcentaje del 33,8%.

Está claro que nadie sale indemne de un proceso de divorcio, ni padres ni hijos. Sin embargo, una mala gestión emocional del conflicto por parte de los progenitores puede dejar profundas heridas en niños y adolescentes. De hecho, en el 87% de los casos hay una respuesta negativa de estos ante la separación. Conocer de antemano las terribles consecuencias que una separación conflictiva puede acarrear a nuestros hijos puede convertirse en el mejor método para encauzarla de una manera mucho más civilizada. Montserrat Amorós, doctora en psicología y docente del Grado en Maestro en Educación Primaria de la universidad en internet UNIR aporta en esta entrevista con 20Minutos algunas pautas fundamentales para encarar una separación desde el punto de vista emocional.

¿Cuáles son los errores más comunes que tiende a cometer una pareja con hijos cuando se separa?

La gran mayoría de las veces si no hay una buena mediación o un buen trabajo conciliador a la hora de tener claro cómo se van a a distribuir los periodos o los horarios con los niños surgen grandes conflictos en la pareja. Hay que saber negociar, tener claros estos horarios, las tareas y la distribución de toda esta casuística para poder evitarlos. Cada vez más se comparte la custodia pero sí que es cierto que cuando la custodia es solo para uno de los progenitores muchas veces la otra parte deja de pasar la manutención, de ocuparse los findes de semana que le corresponde... Y a todo esto hay que añadir la propia sensación problemática para los propios niños porque no ven a su padre o a su madre como deberían, es algo que va más allá de la propia pareja.

¿Cuáles serían las principales pautas para evitar actitudes agresivas e inmaduras entre los dos miembros de la ya ex pareja durante este proceso?

La base de todo es el diálogo e intentar poner por escrito lo que vamos a acordar. Ser maduros y asumir aquello que hemos escrito o acordado. No por el hecho de estar separados o divorciados dejamos de tener esa responsabilidad ante nuestros hijos: que siguen alimentándose, siguen vistiéndose, tienen unas necesidades emocionales de contacto con nosotros que tenemos que asumir. Hay que ser partícipes de esa responsabilidad independientemente de los conflictos que hayamos podido tener con la expareja. Muchas veces, si la separación ha sido dramática, ésta tiene una repercusión posterior porque no se llega a la mediación o el pacto es forzado para que se cierre ese proceso. Debemos partir de la base de la responsabilidad como padres y madres porque muchas veces se puede olvidar por el propio conflicto que hemos tenido.

¿Cómo se debería comunicar a los hijos que la pareja ha tomado la decisión de separarse?

 Es una de las grandes preguntas que recibimos los psicólogos porque siempre es una mala noticia para los niños ya que ellos querrían que sus padres estuviesen juntos por siempre jamás. A pesar de ello, debemos de intentar normalizar la situación o que sea lo menos conflictiva. Hacerles entender que no van a ser los únicos ni los últimos papás que se van a separar, que seguro tienen otros amigos cuyos papás se han separado y no ha pasado nada... Que lo vean como algo que puede pasar pero que no le vamos a dejar de querer porque cada uno vaya a vivir en una casa o un sitio diferente. También ayuda darle la noticia a los niños en un entorno que no provoque conflicto. Si en la casa hemos vivido tensiones mejor que salgamos, que vayamos a un parque o a un sitio que sepamos que a ellos les gusta, a un entorno diferente no asociado a la casa donde nos ha podido escuchar discutiendo. De esta manera no lo van a vivir con tanta tristeza. A veces nos parece que los niños no van a tener esa capacidad de adaptarse y muchas veces pueden afrontar la situación mucho antes que nosotros.

¿Depende la edad de los niños a la hora de vivir una separación? ¿Lo viven peor si son adolescentes?

Cada caso es diferente. Puede ocurrir que en algunos casos, sobre todo por los apegos que podemos tener con nuestros padres, sea vivido como traumático. Sin embargo, he visto casos de adolescentes donde los propios hijos de la pareja se habían dado cuenta del conflicto que estaban viviendo en casa sus padres y no entendían que a pesar de esa situación siguiesen juntos. Al ser mayores, los adolescentes tienen esa capacidad de reflexionar y ver si realmente la pareja de sus padres va por buen camino o no hay una mejora.

¿Cuáles son las principales secuelas que una separación o divorcio puede ocasionar a los niños a nivel psicológico pero también físico?

Las reacciones de los niños son impredecibles. Si lo hacemos de la mejor manera posible, desde el cariño y les transmitimos bien la noticia pueden que estén tristes un periodo corto de tiempo y que no manifiesten ningún tipo de trastorno a nivel físico. Si la separación no se produce de la mejor manera posible y la situación de conflicto ya venía desde antes de la separación sí que puede somatizar en estados físicos de inapetencia, no tener ganas de nada, comer poco, estar más apáticos, más melancólicos y tristes... Y si esto no es tratado podría ocasionar depresión. Cada niño tiene su manera de expresarse y ante un divorcio puede manifestar señales de alerta o de regresión a etapas anteriores que ya habían superado: vuelven a hacerse pipí en la cama, se chupan el dedo... o tienen insomnio o pesadillas. Es una llamada de atención para decirnos: ‘ha pasado esto pero yo sigo aquí’.

¿Cómo pueden afectar a los pequeños los comentarios ofensivos o despectivos sobre un progenitor cuando se está con el otro?

Es un hecho que se repite con frecuencia y estos comentarios pueden provocar rechazo y, a la larga, que el niño no quiera estar ese fin de semana o ese día con la persona que le está reprochando cosas del otro. Esta situación de malestar puede provocar en el niño menos ganas de pasar tiempo con ese progenitor que está boicoteando. Tiene un efecto contraproducente al que se quiere conseguir. Lo que recomiendo es no hacer reproches sino compartir un tiempo sano con el niño, disfrutar de él, preguntar cosas de la escuela...

¿Cuándo está preparado un hijo para afrontar una nueva relación de sus progenitores?

Si la separación se ha producido de mutuo acuerdo, el niño estará preparado para poder poco a poco introducirle a la nueva pareja y aceptar que mamá o papá pueden compartir su vida a nivel afectivo con otra persona. Independientemente de que siempre debemos dejar claro que esa otra persona no va a sustituirle, que va a ser siempre nuestro niño y vamos a estar con él. Cuando las separaciones han sido más conflictivas a veces esa nueva pareja puede hacerle ver al niño que las dificultades y las peleas no son lo habitual y que podemos compartir la vida con el diálogo con otra persona, pero quizás hay que ir más despacio. Quedar con la otra persona y con el niño, presentársela en un entorno que le pueda gustar para que se siente seguro y mostrarle el afecto que requiere.

Firma de un divorcio
Firma de un divorcio
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Los beneficios de una buena mediación en el proceso de separación

Los procesos de separación pueden dejar profundas secuelas en todos los miembros de la familia, sobre todo, cuando acaba en un contencioso. En los últimos años la mediación familiar gana terreno como uno de los mejores métodos para la resolución de conflicto, a través de una figura -el mediador- que guía a ambas partes y facilita herramientas para acercar posturas. Delia Rodríguez (@derechoadelia), abogada especializada en familia e infancia y mediación familiar y socia directora del despacho Vestalia Asociados, nos explica las claves para conseguir que una separación sea lo menos dolorosa posible.

¿Cuáles son los errores más frecuentes que comenten las parejas cuando se divorcian?

En primer lugar la conflictividad, que es mayor cuando hay niños de por medio. En nuestro despacho la mayoría de los casos que nos encontramos son contenciosos, una media del 65% frente a los casos que son de mutuo acuerdo. En el momento en que hay hijos y hay algún tipo de discrepancia en cuanto a la custodia es cuando viene la batalla campal y ni siquiera la mediación es fértil. La custodia, por desgracia, es el epicentro de la mayoría de las disputas entre los progenitores. Por otro lado, hay falta de cultura preventiva y de mediación y también de predisposición al diálogo porque cuando te dicen que se quieren separar de ti y no es algo consensuado, la gente suele ponerse a la defensiva. Esto no ayuda porque hay muchos profesionales dentro de este sector que no están especializados y las expectativas que crean en el cliente o cómo les transmiten ese asesoramiento no está ajustado a la realidad de los tribunales. Y eso es lo que nos encontramos muchas veces, la imposibilidad de llegar a acuerdos porque el contrario tiene una idea de que va a conseguir algo fantástico en una sentencia y quien se dedica al derecho de familia sabe que no es así.

¿Qué consejo daría a una pareja con hijos que quiere divorciarse y no consigue llegar a ese diálogo?

Lo primero sería transmitir a los padres y a las madres no relacionar la mediación o el llegar a un acuerdo con debilidad en las posturas sino como una forma de protección a la infancia porque al final un contencioso es una escabechina para los niños lo mires por donde lo mires.

Dentro de la vía del mutuo acuerdo pueden encontrar dos tipos de servicio. En primer lugar tenemos la vía de la negociación pura y dura que puede hacerse entre los letrados de cada parte y otra variable es que vengan las dos partes a la primera reunión con el mismo abogado, lo cual abarata costes y desde mi punto de vista es mucho más práctico porque a veces entre abogados se lía todo mucho más. Cuando haces negociaciones entre las dos partes hay que ser imparcial pero propones, despejas dudas, les das fórmulas en cuanto a tu experiencia y esto funciona muy bien porque en dos o tres sesiones sueles tener el pacto hecho y ya solo queda dar forma al convenio regulador que debe ser personalizado para cada pareja.

Luego, por otro lado, tenemos la mediación. Es un método alternativo a la resolución de conflictos, muy parecido a negociar solo que el mediador es una figura que guía más que asesora, les va guiando a través de fórmulas, herramientas, para poder llegar al fondo de lo que ambas partes quieres y acercar posturas. Es importante que el convenio que al final se firma sea algo hecho a cocción lenta, personalizado a la familia y, sobre todo, que ambas partes estén muy seguras de que están llegando a un acuerdo que va a funcionar, que es posible cumplir y que ambas consideran justo porque si una cree que le están engañando no va a llegar a buen término. La mediación funciona muy bien pero todavía tiene poco calado social en España.

Algo novedoso en España también es la creación del coordinador parental, una figura muy parecida a la mediación lo que pasa es que tiene la ventaja de que no hace falta que sea voluntario. Es un figura que perfectamente se puede establecer en los juzgados y se dedica a intermediar entre las partes y ayudarles a resolver conflictos pero no es un guía sino que puede intervenir y se puede llegar a establecer como figura obligatoria.

¿Qué nivel de éxito puede tener una separación cuando se usa la figura del mediador?

La probabilidad de éxito es muy alta ya simplemente el hecho de que vayan a mediación dice mucho porque traen una predisposición. Luego encuentran un trato cálido, cercano, sinceridad e imparcialidad y eso suele ser garantía de éxito.

En el caso de ir a contencioso, ¿qué consecuencias acarrea tanto para la ex pareja como para los niños?

Los padres y madres por desgracia cuando están metidos en un contencioso en ocasiones dan la sensación de estar enajenados. Ellos mismos no son conscientes de la repercusión que tienen en los vínculos familiares un procedimiento así que no suele durar, en la mayoría de los casos, menos de un año. Además en medio de este proceso suceden muchísimas cosas: situaciones de violencia verbal, de tensiones, discusiones delante de los niños... porque hasta que los juzgados nos dan una respuesta eso es una olla presión, nadie se quiere ir de casa porque perjudica de cara a la obtención de la custodia y se producen situaciones que erosionan a la familia. También situaciones en que a los niños se les utiliza como moneda de cambio, como espías, muchas veces son manipulados de forma que creen que su otro padre o madre ha hecho algo malo cuando no es cierto. Sufren muchísimo sin contar con que además muchas veces participan en el proceso: a partir de los ocho o nueve años le entrevistan a solas el juez y el fiscal si el juzgado lo considera necesario, a partir de los 12 ya es obligatorio. Y luego están los informes psicosociales. Poner al niño en la tesitura de que lo que él vaya a decir pueda influenciar para bien o para mal en sus padres es doloroso. Todo ello pasa factura y además sin lograr una sentencia fantástica porque en estos casos de familia nadie gana ni pierde. Realmente, solo pierden los niños que luego pueden necesitar terapias psicológicas y van a sufrir cuadros de ansiedad, pesadillas. Por eso merece la pena la mediación, asesorarse con alguien que sea sincero en cuanto a las expectativas, a los derechos y a lo que podemos conseguir en un juzgado. En cuanto se encuentra eso se tiene mucho más claro que es mucho mejor llegar a un acuerdo.

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