¿Nos ha cambiado el coronavirus? Las consecuencias del brote, desde la vida cotidiana hasta el mercado bursátil

Controles en Wuhan.
Controles en Wuhan.
EFE

En poco más de tres meses desde la detección del primer caso, la epidemia de COVID-19 no sólo se ha hecho con el protagonismo informativo sino que ha generado un impacto difícilmente cuantificable en las áreas más variadas de la vida humana. Desde las relaciones interpersonales cotidianas a la economía global o los grandes eventos religiosos, la sombra de la epidemia se deja sentir en todas partes.

Su omnipresencia es fácilmente explicable. El SARS-CoV-2 ha demostrado una extraordinaria capacidad de transmisión y en poco tiempo ha infectado a personas de todos los continentes, superándose los 110.000 positivos y más de 3.820 muertes. En España, este domingo la cifra ha ascendido a 660 casos positivos localizados y 17 muertes.

Al mismo tiempo, la ausencia de vacunas o tratamientos crea una fuerte sensación de desprotección en las personas. Sin embargo, las autoridades sanitarias de todos los ámbitos llaman a la calma y advierten de que el propio miedo a la enfermedad puede tener efectos más nocivos que el virus en sí mismo.

Medidas de prevención y relaciones interpersonales

El cambio quizás mas inmediato y perceptible para el común de las personas tiene que ver con las medidas de precaución para minimizar el riesgo de contagio. Por supuesto, no todo el mundo las ha adoptado, pero particularmente en países con cierta incidencia del virus son gestos cada vez más normalizados.

En general, las medidas derivan de las recomendaciones básicas de la OMS en las fases tempranas del brote. Se trata de pequeños cambios en costumbres tan arraigadas como la forma de saludar, evitando el contacto (lo que resulta especialmente notable en culturas en las que es común un alto grado de contacto físico, por ejemplo al saludar con dos besos en los países mediterráneos o con la nariz en algunas zonas de Oriente Medio) o incluso cubrirse con el codo al estornudar en lugar de con la mano.

Estas iniciativas han dejado algunas curiosas imágenes, protagonizadas en general por autoridades que las adoptan para dar ejemplo. Hace pocos días, el ministro de Interior germano dejó con la mano extendida a Ángela Merkel, para risa de los presentes; igualmente, Xi Jinping ha recuperado en sus apariciones públicas la fórmula (más tradicional en China) de inclinar la cabeza. Incluso, el vicepresidente del Senado italiano, Ignazio La Russa, tuvo la ocurrencia de recomendar el saludo romano como alternativa antivírica.

De manera similar, varios vídeos virales han mostrado algunos originales saludos ideados por ciudadanos de zonas afectadas, como el 'Wuhan Shake' consistente en chocar los pies.

Eventos multitudinarios en circunstancias excepcionales

Como es lógico, uno de los grandes peligros de cara a la expansión del virus son las aglomeraciones de personas. Como resultado, numerosos eventos multitudinarios han sido cancelados, pospuestos o, como mínimo, sometidos a estrictas medidas de seguridad.

Congresos como el Mobile World Congress 2020, competiciones deportivas o conciertos son algunos de los actos que se han visto afectados, pero el impacto va más allá: incluso los grandes eventos religiosos deben adaptarse a los riesgos actuales.

Arabia Saudí ya ha anunciado serias restricciones a la llegada de peregrinos extranjeros con motivo de la Hajj, la peregrinación a Meca; en España, no se ha permitido el tradicional besapiés al Cristo de Medinaceli y numerosos obispados han pedido a los fieles que no se den la mano al darse la paz y que el sacerdote dé la hostia en la mano a los fieles y no en la boca. Similarmente, las restricciones a la entrada de extranjeros promovidas por Israel han provocado abundantes cancelaciones de viajes a los santos lugares y las ciudades santas del islam chií, como Qom o Kerbala, ofrecen una estampa extrañamente solitaria.

Mascarillas y gel desinfectante

El temor al contagio ha llevado a mucha gente a apresurarse en adquirir productos sanitarios de protección, en especial gel desinfectante y mascarillas. La fiebre por estos bienes ha alcanzado tal nivel que sus precios han crecido sensiblemente y se ha producido escasez en muchas partes del mundo.

De hecho, esta es una de las consecuencias del miedo desmedido al virus del que alertan instancias como la propia OMS y que puede conllevar serias ramificaciones. Estos productos tienen aplicaciones bastante concretas en la lucha contra el coronavirus, y el uso innecesario generalizado provoca que falten en los ámbitos en los que son realmente necesarios, como en el hospitalario.

Con todo, y a pesar de las advertencias, las personas con mascarilla en la calle y en el transporte público se están convirtiendo en una imagen cada vez más común en muchas partes del mundo (en particular en las zonas más severamente afectadas de China es algo generalizado). Pero las autoridades insisten: hay que hacer un uso correcto de estos artículos y evitar la compra innecesaria.

Tiempo de teletrabajo

Otro de los posibles focos de contagio es el lugar de trabajo, en el que al riesgo humano se suma el perjuicio económico que para una empresa puede suponer un brote de coronavirus en su plantilla.

El evidente riesgo ha llevado a muchas compañías a tratar de curarse en salud con distintos niveles de precaución. Desde dispensar gel desinfectante en las oficinas o recordar frecuentemente hábitos que favorezcan la prevención a cerrar parte de las instalaciones, el alcance de los cambios depende enteramente de la empresa en cuestión y la evaluación que haga del riesgo por el virus.

Compañías como Twitter, Microsoft o Vodafone España han pedido a sus trabajadores que no acudan a las oficinas y en su lugar han implementado el uso de herramientas para realizar las comunicaciones de modo no presencial o para que los trabajadores puedan fichar desde el domicilio. Y quizás esta tendencia esté aquí para quedarse: en los últimos años, el teletrabajo es una práctica cada vez más frecuente, por lo que no sería de extrañar que el empujón por la actual situación tenga proyección futura.

Caídas en las bolsas: el impacto económico se deja sentir

El virus ha tenido hasta ahora un efecto indiscutible sobre la economía global, que ha puesto a empresas, gobiernos e instituciones como el FMI en alerta. Bolsas de todo el mundo han entrado en una dinámica de alarmismo difícil de romper y se han producido caídas preocupantes en algunos de los índices bursátiles más importantes del mundo.

Por ejemplo, el índice neoyorkino Dow Jones perdió en la última semana de febrero más de 3.500 puntos, y el Ibex 35 acumuló una caída de un 12%, coronando una de las peores semanas de la década. Y, por ahora, todo parece indicar que la tendencia puede continuar durante los próximos días.

El panorama para este lunes parece preocupante, con caídas en las bolsas asiáticas que ya son las más fuertes desde que comenzó la crisis.

Caída del crudo

El impacto del virus se siente también en el sector industrial, cuya cadena de producción se ha visto enormemente afectada desde el arranque del brote en China, que provocó una paralización sin precedentes de los motores industriales del gigante asiático.

Paralelamente, los precios del crudo han caído en picado (en buena parte por la caída de la demanda en los países más afectados). Por ejemplo, el barril Brent ha caído en lo que va de 2020 cerca de un 15%, motivando a la OPEP y otros países productores (como Rusia) a buscar acuerdos sobre medidas correctivas.

En total, la OCDE ha advertido de que la epidemia podría reducir a la mitad el crecimiento gobal previsto para este año, situándolo en un 1,5%.

El dato de este lunes es desesperanzador, tras situarse en el inicio de la sesión a 33,36 dólares, un nivel en el que no cotizaba desde febrero de 2016.

Dificultades para viajar

Quizás uno de los más tempranos y notorios efectos del brote de coronavirus ha sido los inconvenientes que ha supuesto para muchos viajeros. A medida que el tiempo pasa y cada vez más áreas están afectadas, estas dificultades se multiplican y se aplican medidas restrictivas de aislamiento para proteger la expansión del virus.

Al principio, estos inconvenientes (en forma principalmente de cancelaciones de vuelos y restricciones a la entrada de nacionales de ciertos países) afectaban en especial a los ciudadanos chinos, los viajeros procedentes de China o los viajes con destino a China; con posterioridad, no obstante, han comenzado a afectar a países como Italia, Rusia, Estados Unidos, Japón y Corea del Sur entre otros.

En consonancia, la OMS ha recomendado a las empresas que en la medida de lo posible cancelen o pospongan viajes de trabajo y a los ciudadanos que, mientras sea posible, eviten viajar.

El resultado se ha dejado notar en las reservas turísticas de muchos países (incluyendo Italia y España), así como en puntos turísticos habitualmente abarrotados que han permanecido durante las últimas semanas prácticamente vacíos, como ha ocurrido en algunas de las ciudades del norte de Italia.

Bulos y desinformación: ¿Un mayor compromiso por la verdad?

En una situación que ya de por si genera mucha preocupación en la sociedad, fenómenos como el exceso informativo desde los medios de comunicación tradicionales o la difusión de bulos y noticias falsas a través de redes sociales solo contribuye a aumentar la alarma, lo que según advierte la OMS puede tener efectos muy contraproducentes.

Por ejemplo, como mencionamos antes, el pánico puede contribuir a la compra masiva de productos, llevando al desabastecimiento y al aumento descontrolado de los precios. Por otro lado, puede propiciar actitudes de estigma o xenofobia, una situación que muchas personas de origen asiático han denunciado.

La situación ha llevado a algunas redes sociales a tomar medidas activas para evitar la difusión de noticias falsas. Por ejemplo, Facebook ha comenzado a eliminar las publicaciones con contenido falso o teorías conspirativas reportadas por las autoridades de salud, y Google y Twitter trabajan en medidas similares.

La implementación de estos mecanismos implica la participación de equipos de verificación e inteligencia artificial y, por tanto, la adquisición de unas herramientas de las que las redes sociales podrán disponer en adelante. Por ello, es razonable imaginar que este cambio pueda tener proyección futura, y la epidemia de coronavirus marque el comienzo de un mayor compromiso para combatir este pernicioso fenómeno.

De hecho, el impacto del coronavirus es tal en tantas áreas que es prácticamente inevitable que muchos de sus efectos se prolonguen en el tiempo, si bien es pronto para predecir con exactitud cuales. En el mejor de los casos, podrá aportar una valiosa experiencia para afrontar fenómenos similares en el futuro.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento