Edgar Allan Poe no se suicidó, según un estudio que ha analizado más de 400 de sus textos

  • Se hecho un análisis informático a partir del lenguaje de 309 cartas personales, 49 poemas y 63 cuentos.
  • El autor murió en 1849 tras pasar varios días en un hospital estadounidense mientras estaba en estado de delirio.
Edgar Allan Poe: Una muerte misteriosa 170 años después
El escritor Edgar Allan Poe.
EUROPA PRESS

La misteriosa muerte del escritor, poeta, editor y crítico literario Edgar Allan Poe es poco probable que se debiera a un suicidio, según un análisis informático realizado por dos investigadores a partir del lenguaje detectado en 309 cartas personales, 49 poemas y 63 cuentos de este autor.

El estudio fue desarrollado por el psicólogo Ryan Boyd, de la Universidad de Lancaster (Reino Unido), y su colega Hannah Dean, de la Universidad de Texas en Austin (Estados Unidos), y está publicado en la revista Journal of Affective Disorders.

Poe murió en 1849 tras pasar varios días en un hospital de Baltimore (Estados Unidos) mientras estaba en estado de delirio. Hasta ahora, la muerte de Poe sigue siendo un enigma sin resolver. El poeta Charles Baudelaire, contemporáneo suyo, incluso especuló con que el incidente fue "casi un suicidio, un suicidio preparado durante mucho tiempo".

Sin embargo, Boyd y Dean descubrieron que los marcadores psicológicos de depresión de Poe no son consistentes con el suicidio. "Mi presentimiento es que realmente estaba cayendo en una depresión hacia el final de su vida, pero que no se suicidó", apunta Boyd.

Gracias a un análisis informático, los investigadores analizaron más de 400 textos de Poe para comprobar si hubo un patrón de claves lingüísticas consistentes con la depresión y la cognición suicida a lo largo de la vida del escritor, particularmente en sus últimos años.

Boyd y Dean se centraron en cinco medidas que se han establecido como diagnóstico de depresión y/o tendencias suicidas: mayor uso de pronombres singulares en primera persona (por ejemplo, palabras como 'yo', 'mi' o 'a mi'), mayor uso de palabras de emoción negativa ('malo', 'triste' o 'enojado'), más palabras de procesamiento cognitivo ('pensar', 'comprender', 'saber'), menos palabras de emoción positiva ('feliz', 'bueno', 'excelente') y menos pronombres en primera persona del plural ('nosotros', 'nuestro').

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