El desamor inspira los versos de 'Como sobrevive lo débil', el segundo poemario de Álvaro Macías Rondán

  • Cuatro años después de su debut, el jerezano publica su segundo poemario: 'Como sobrevive lo débil'.
  • Con él se inaugura la colección 9.0 del sello andaluz Ediciones En Huida, dedicado a dar voz a nuevos valores.
Álvaro Macías Rondán
El escritor Álvaro Macías Rondán publica su segundo poemario.
JORGE PARÍS

Hace cuatro años, Álvaro Macías Rondán (Jerez de la Frontera, 1992) debutaba con su primer libro de poemas, Los inocentes o las ruinas. Ahora regresa con Como sobrevive lo débil, con el que además inaugura ("muy honrado") una nueva colección, 9.0, "dedicada a gente nacida en los años 90" pero que no se estrena o, si lo hace, se trata de alguien algo más consagrado.

Como cuenta el autor, cuando reunió su primer poemario se dirigió "a un montón de editoriales" y Martín Lucía (de Ediciones en Huida, sello andaluz que da voz a nuevos valores) respondió. "Se lo pasé el primero y a las cuatro horas me dijo que adelante", recuerda. Superada una segunda edición de aquel, "un éxito relativo" si hablamos de poesía joven, el editor animó al jerezano a ponerse manos a la obra con el siguiente.

En este tiempo, "he conocido a gente más joven que yo que escribe poemas mejores y a la que admiro. He decidido que es mejor ser cabeza de ratón", reconoce Macías. Por eso, "ahora me exijo más y me estoy adentrando en una poética algo diferente". Eso sí, sus líneas maestras no han cambiado y el amor sigue siendo la razón de ser de sus versos.

"Caigo en el cliché: empecé a escribir por amor y todo lo que tiene que ver con ello", admite. 'Como sobrevive lo débil' surgió porque "tenía un sentimiento grandísimo que no supe encauzar hasta que escribí El abencerraje, un poema muy doliente pero que acaba con la idea de que fallé en un momento dado y que, si pudiera ahora regresar, todo cambiaría", reflexiona.

Imaginario andalusí

Tanto ese título como la imagen de la portada nos trasladan al universo andalusí: una kabila (espada árabe) que se desgasta hasta quedar en apenas tres fragmentos. Lo explica: "Este primer poema surgió en Granada. Tengo raíces allí y me hacía ilusión reflejar esa mezcla. Le pedí a la ilustradora Marta Doblas que mostrara algo que en teoría es fuerte, pero el tiempo lo va carcomiendo hasta que queda solamente un resto; en él se puede ver el poder que tenía, aunque ya no se traduzca en lo mismo. Sigue siendo una espada, ha sobrevivido al paso del tiempo, pero también y por ello ha perdido la potencia y la belleza de cuando fue forjada".

Y enlaza esta visión con el amor porque "para que haya desamor tiene que haber habido, por fuerza, un amor potente". En esa "supervivencia" estaría enclavado el poemario, donde aborda "los pequeños desencantos que se van sucediendo en la vida" y "el amor cuando ya no es amor y no hay marcha atrás". Comparte responsabilidades: "Ambos nos quisimos y ambos fallamos", resume.

El libro está dedicado: A mis condicionantes, sin excepción. Aclara que se refiere a "todo aquel que haya tenido una influencia en mi vida aunque sea mínima, buena o mala. De la panadera a mis abuelos o incluso gente que no conozco como Concha Méndez, Cat Stevens o Leonard Cohen... Están todos en mis poemas".

De hecho, citas de canciones y textos ajenos introducen muchas de las páginas de Como sobrevive lo débil. La representación es muy variada: de Goytisolo a Onetti, Ernestina de Champourcín, Angélica Liddell o Ida Vitale y, cómo no, Lorca; o la Faraona en las últimas líneas impresas (Tal día como éste, en 1923, nacía Lola Flores). "Es un detalle del editor –se ríe Álvaro Macías–, acabamos justo el 21 de enero y como yo también soy de Jerez...".

La poesía todo lo sabe, firma en otra página. "Te ayuda a responder las preguntas que no te haces en voz alta" o aquello que "no te atreves a aceptar", porque "cuando te pones a escribir sobre una emoción, el papel es un espejo y sale todo, aunque no quieras". Así lo vive Álvaro Macías, que ahora está indagando en otros grandes temas como la familia. "No lo había tocado y me da más pudor; sabes que van a ser tus primeros lectores, que te van a comprar treinta libros", confiesa. Sin embargo, no cierra capítulo ni ciclo: "Igual que otros hablan del dolor, yo soy un poeta dedicado al amor. Siempre va a estar presente".

La poesía joven

Sobre la dificultad de destacar entre tanta poesía joven, opina que "el hecho de que la gente lea nunca es malo, aunque entren en la poesía por un influencer… Las editoriales quieren vender, tienen que mantener su negocio. Lo que me choca es que no haya criba en la distribución: ponen en el mismo estante a Enrique Fuenteblanca, que habla sobre la masculinidad tóxica, y a Laura Escanes. No tienen nada que ver y lo clasifican como poesía joven solo por su edad, no tiene sentido".

Está seguro de que "cuando nace un Góngora" siempre va a salir a la luz, "te das cuenta al instante". A la vez, recuerda que "en todas las épocas hay muchos que se quedan en el camino, como cuando ves una foto de la Generación del 27 con un montón de poetas a los que no conoces… y que tal vez luego se reivindiquen con el tiempo, que eso está muy bien".

No creo que a la gente no le guste la poesía, es que todavía no han dado con el poeta adecuado

Tampoco quiere generalizar acerca de que este género tenga pocos lectores. "No creo que a la gente no le guste la poesía o no entre en ella, es que no han dado con el poeta adecuado. Si encuentran a alguien que sepa captar sus sentimientos, seguro que leerán más".

Desde su punto de vista, parte de la poesía moderna a veces parece "un diario o un Whatsapp. Tiene muy poco trayecto en la memoria, se desvanece rápido. Yo intento y necesito hacerle al sentimiento su orfebrería, cincelarlo, amasarlo como si fuera un artesano, con su andamiaje, y luego le voy quitando cosas para que quede totalmente pulido". Quiere dejar claro si es venganza o nostalgia, pero sin caer en la obviedad de quedarse en un "estoy enfadado o triste".

Igualmente, es consciente de que "todo poema es exhibicionismo emocional", sobre todo en el caso de autores que se atreven a escribir sobre experiencias personales, como él. "Por naturaleza, el o la poeta no se pueden callar. No es solo que te desnudes sino que otros pueden desnudarse contigo, estás enseñando algo muy íntimo y lo expones al mundo de una manera rotunda y sin billete de vuelta una vez que queda publicado".

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