Setsuko, superviviente de la bomba atómica de Hiroshima: "Aún muere gente por los efectos tardíos de la radiación"

Setsuko Thurlow, superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima, en la Casa de América de Madrid.
Setsuko Thurlow, superviviente del bombardeo atómico de Hiroshima, en la Casa de América.
Jorge París

Setsuko Thurlow tenía 13 años aquel 6 de agosto de 1945, cuando el día se hizo noche de repente en Hiroshima. Aquella niña fue testigo del horror que dejó en la ciudad japonesa la bomba atómica que Estados Unidos lanzó sobre sus cabezas. Desde hace décadas, su misión es contar lo que vivió con el objetivo de concienciar sobre la necesidad de que los países se comprometan con el desarme nuclear. Con ese fin, y para instar al Gobierno a que firme el tratado de prohibición de este tipo de armamento, se encuentra estos días de visita en España. 

"75 años después, aún muere gente por los efectos tardíos de la radiación. Es algo que continúa y es muy importante que se sepa", ha advertido Setsuko este lunes en Madrid. En un evento organizado por la Embajada de Costa Rica en la Casa de América, una de las pocas supervivientes de aquella masacreha conmovido con su historia a un auditorio de más de medio centenar de personas. 

El país centroamericano tuvo un papel muy relevante en las negociaciones que culminaron el 7 de julio de 2017 con la adopción del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares en el seno de la ONU. El documento salió adelante con el voto a favor de 122 países pero hasta el momento solo lo han firmado 88. La cifra de los que lo han ratificado es aún menor: apenas supera los 30, cuando es necesario llegar a los cincuenta para que entre en vigor. "Queremos que más naciones se levanten y digan que nunca más la historia va a repetir el horror que se vivió en aquella guerra", ha afirmado la embajadora, Ana Elena Chacón, en una intervención que ha precedido a la de la japonesa. 

Setsuko, que hoy tiene 88 años, considera que tiene la responsabilidad de contar "lo que las armas nucleares les hacen a los cuerpos humanos" y cree que es una obligación moral hablarle al mundo del horror que provocan. "Pasé de sentirme víctima a convertirme en activista cuando fui a Estados Unidos en 1954 con una beca tras acabar la carrera. Aquel año habían hecho una prueba con una bomba de hidrógeno en el Pacífico Sur. A los japoneses nos molestó mucho que después del sufrimiento causado siguieran probando armas y preparándose para otra guerra nuclear", ha explicado. 

Pese al tiempo transcurrido, Setsuko recuerda muy bien cada detalle de aquel lunes. Japón estaba perdiendo la guerra y sus habitantes se estaban preparando para un ataque aéreo. A las ocho de la mañana, ella, miembro de un programa de movilización de estudiantes para el Ejército, se encontraba en el cuartel general, cuando de repente vio "una luz muy fuerte a través de la ventana". "Tuve la sensación de estar flotando en el aire. Todavía a veces me acuerdo y creo sentir lo mismo, lo tengo muy vivo", ha relatado.  A mí hermana y a mi sobrino el ataque les sorprendió mientras cruzaban un puente. Cuando los vi no parecían seres humanos

A mí hermana y a mi sobrino el ataque les sorprendió mientras cruzaban un puente. Cuando los vi no parecían seres humanos

Aquella menor perdió el conocimiento y cuando despertó se dio cuenta de que se hallaba bajo los escombros de un edificio que se había derrumbado. Creyó estar enfrentándose a la muerte pero un hombre logró liberarla. A partir de ahí fue testigo de los estragos que la explosión había causado en miles de civiles. "Mi hermana y su hijo de cuatro años iban de camino a un hospital. El ataque les sorprendió mientras cruzaban un puente y cuando los vi después no parecían seres humanos. Estaban quemados de forma irreconocible. Fallecieron a los pocos días", ha contado, antes de afirmar que "la imagen de su sobrino todavía sigue con ella": "Se quedó clavada en mi mente, y es lo que me mueve para luchar contra el desarme nuclear".

"Es inmoral y no es ético tener armas nucleares. Si queremos garantizar un mundo justo y seguro tenemos que eliminarlas. Ese es nuestro objetivo, la eliminación total. Si seguimos desarrollándolas tenemos que estar preparados para que un día se puedan lanzar", ha advertido.

Setsuko Thurlow, junto al doctor Carlos Umaña, vicepresidente regional de IPPNW.
Setsuko Thurlow, junto al doctor Carlos Umaña, vicepresidente regional de IPPNW.
Jorge París

Junto a Setsuko, el doctor Carlos Umaña, vicepresidente regional de IPPNW (Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear), ha alertado de que la humanidad está en un alto nivel de riesgo. Un riesgo que viene motivado "por la retorica incendiaria de los líderes de las potencias nucleares y sus amenazas de usarlas; el cambio climático, que puede generar conflictos, y el peligro creciente de una detonación accidental". 

"A través de la prohibición se ha podido destruir el resto de armas de destrucción masiva. Se creó una normativa internacional y un rechazo social que acabaron con ellas", ha defendido y se ha mostrado esperanzando de que la historia de Setsuko sirva para que la sociedad abra los ojos sobre el riesgo latente en el que se encuentra: "El riesgo de que lo que ella vivió se podría repetir pero a una escala muchísimo mayor".

Más cerca de la firma

Setsuko y el doctor Umaña forman parte de la delegación internacional de ICAN -campaña internacional que obtuvo el Nobel de la Paz en 2017- que está recorriendo diferentes países europeos. En Madrid tienen previstos actos en la Universidad Complutense, el Congreso, la Fundación Telefónica y con la Conferencia Episcopal. La comitiva viene de haber estado en Barcelona, donde se reunieron con la alcaldesa Ada Colau. Su Ayuntamiento, junto a otros doce, han aprobado mociones en contra de las armas nucleares y a favor del tratado.

Tras la ponencia, ambos han atendido a este diario en otro de los salones de la Casa de América y se han mostrado optimistas sobre los frutos que puede dar esta visita. "Este problema pertenece a todo el planeta. Compartimos la responsabilidad de resolverlo. Tenemos un nuevo tratado que debe ser ratificado por 50 naciones para que entre en vigor. España debería firmarlo ya. Hemos pasado 75 años para llegar a este punto, a una ley internacional", afirma ella. "España como país ha sido siempre antinuclear. Tenemos el apoyo de Ada Colau y más actores políticos se están uniendo a nuestra causa", añade él.

Este problema pertenece a todo el planeta. Compartimos la responsabilidad de resolverlo

El doctor ha recordado que durante las negociaciones para los Presupuestos Generales de 2019 entre el presidente, Pedro Sánchez, y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, este último afirmó que el Gobierno se había comprometido a suscribir el documento.

La activista insta a los ciudadanos a movilizarse y se alegra de que "la gente esté despertando". "Es inmoral y no es ético tener armas nucleares", sentencia, unas armas que a ella la llevaron a tener que "caminar sobre cadáveres" para poder ponerse a salvo y a ver morir a muchos compatriotas a su alrededor de forma atroz sin poder ayudarles. 

Preguntada por cómo se supera un trauma de tal magnitud, responde que lleva muchos años y que depende de cada persona y del entorno. "Yo tuve suerte de tener a mis padres vivos. Creo que los adultos a mi alrededor mientras fui una niña y luego como adolescente fueron un gran apoyo. Fueron una inspiración para mí", señala. Adultos que lo perdieron todo pero que querían seguir viviendo y les transmitieron esas ganas de luchar y de ayudar a los demás a salir adelante. 

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