¿Es buena idea enseñar a nadar a los niños antes de cumplir un año?

  • La Asociación Española de Pediatría aconseja que los niños aprendan a nadar a partir de los cuatro años.
  • Antes de ello pueden familiarizarse con el agua y perderle el miedo con la matronatación.
  • El contacto con el agua es una de las formas más efectivas de estimulación temprana para el bebé.
Un bebé nada en una piscina en Kiev (Ucrania).
Un bebé nada en una piscina en Kiev (Ucrania).
Sergey Dolzhenko / EFE

Los datos hablan por sí solos. Los ahogamientos siguen constituyendo una de las principales causas de mortalidad infantil durante los cinco primeros años de vida. Siete de cada diez se producen por un despiste momentáneo de los padres o los cuidadores y bastan apenas 20 segundos para que un niño se ahogue.

Una estremecedora realidad que puede llevar a preguntarnos, ¿cuál es la edad recomendable para que un niño aprenda a nadar? Porque si bien es cierto que saber nadar puede constituir un importante seguro de vida para nuestros hijos debería ser todavía mucho más importante tener consciencia de cuándo realmente están preparados para ello.

Resulta cada vez mas frecuente ver en redes sociales controvertidos vídeos de prácticas con bebés de pocos meses a los que se les enseña a darse la vuelta tras lanzarles a la piscina sin apoyos. Algunos lo consideran todo un método de tortura que puede originar traumas en el niño; mientras que otros opinan que puede tratarse de un sistema eficaz para salvar vidas.

Más allá de la polémica, la Asociación Española de Pediatría aconseja, por un lado, que los niños aprendan a nadar alrededor de los cuatro años (momento en el que ya son capaces de adquirir autonomía dentro del agua, desarrollar movimientos propios de la natación y a atender las instrucciones de un monitor) y, antes de ello, a ayudarles a familiarizarse con el agua de una forma sana y divertida que les ayude, además, a perder el miedo.

Por lo tanto, hay que diferenciar claramente entre aprender a nadar, algo que solo ocurrirá cuando los niños tengan la destreza necesaria para adquirir los movimientos coordinados que requiere esta práctica; y la matronatación, práctica que se puede iniciar mucho antes y que se centra en el disfrute y adquisición de ciertas habilidades, en familiarizarse con el agua y en estrechar los vínculos del bebé con sus padres, que le van a acompañar siempre en las sesiones.

¿Cuándo se puede iniciar a un bebé en la matronatación?

Algunos expertos consideran que los bebés están preparados para su práctica desde que nacen - no en vano han pasado los nueve meses previos al nacimiento rodeados de líquido amniótico- sin embargo, la mayoría piensa que se debe retrasar hasta los seis meses de vida cuando el sistema inmunológico del niño está más maduro y se reducen las posibilidades de contraer infecciones como, por ejemplo, la otitis o tener diarreas.

¿Y cuáles son sus principales ventajas?

El contacto con el agua es una de las formas más efectivas de estimulación temprana para el bebé. Suelen adaptarse a las mil maravillas al medio acuático ya que guarda gran similitud con las sensaciones que tenían en el útero materno. Estas son algunos de los beneficios de su práctica:

- Fomenta la confianza del bebe y le ayuda a sentirse seguro. Al familiarizarse con el agua desde pequeño se desenvolverá con mayor soltura.

- Desarrollo psicomotor. Incluso antes de empezar a caminar en bebé mejora a través del ejercicio en el agua la coordinación y equilibrio, aumenta su fuerza, desarrolla su musculatura y habilidades motrices y adquiere sus primeras nociones sobre el espacio y la distancia.

- Mejora el sistema inmunológico al incrementar su defensas.

- Fortalece el sistema cardiorrespiratorio. El trabajo respiratorio que se realiza en el agua favorecen al corazón y los pulmones del pequeño.

- Aumenta el coeficiente intelectual. El agua estimula la capacidad de juego del niño lo que repercute en su aprendizaje y le ayuda a desarrollar una percepción mayor del mundo que les rodea.

- Estrecha los vínculos afectivos entre el bebé y sus padres, aumenta su sensación de seguridad y fomenta que compartan experiencias.

- Ayuda al niño a relajarse gracias al ejercicio y las condiciones naturales del agua.

- Favorece la socialización con otros pequeños en un ambiente lúdico.

- Desarrolla habilidades de supervivencia: aprende a aguantar la respiración bajo el agua, a flotar…

Lo que sí se debe recalcar es que el objetivo de las clases de matronatación no tiene nada que ver con enseñarles a nadar sino que les prepara para ese aprendizaje y les acostumbra a disfrutar del agua. Siempre deben estar supervisadas por especialistas y se centrarán en ejercicios que fomenten la adaptación al medio, la flotación y el desplazamiento.

¿Cuándo empezar a nadar?

La Asociación Española de Pediatría, la Asociación Americana de Pediatras y otros muchos expertos consideran que la edad más apropiada es a partir de los cuatro o cinco años, momento en que cual los pequeños suelen contar ya con una coordinación de movimientos apta para esta disciplina. A los seis años podrían comenzar a aprender las primeras técnicas como estilos o saltos.

Si anteriormente el niño ha asistido a clases de matronatación probablemente se maneje en la piscina con total tranquilidad y confianza. En el caso de que el agua despierte todavía sensaciones de miedo e inseguridad conviene ayudarles a familiarizarse con el entorno de una manera lúdica y sin ejercer presiones. La única manera de que un niño supere sus temores es convenciéndole de que dentro de la piscina no pasa nada.

Algunos trucos que pueden ayudar:

- Que vea a otros niños jugando en el agua, enseñarle el material que le va a ayudar a mantenerse a flote (churros, tablas…) y explicarle que siempre estará acompañado de mamá, papá o el monitor.

- Pedirle que lance juguetes al agua para que observe como flotan o iniciarse con juegos fuera de la piscina como regarse con una manguera o usar pistolas de agua.

- Cuando se sienta más seguro, animarle a que se bañe en la parte menos profunda de la piscina. Meterse con él en el agua y mientras se le sujeta por debajo de las axilas pedirle que vaya moviendo piernas y brazos.

- Poco a poco el niño irá percibiendo las diferencias del peso corporal dentro y fuera del agua, cómo mantener el equilibrio, cómo respirar… Aproximadamente un niño puede aprender a nadar con flotación en unos dos mes y sin ella en algo más de un año. En cualquier caso, conviene respetar los ritmos de cada uno.

Si aún así el niño sigue demostrando temor o llora, lo mejor es hacer una pausa y volver a intentarlo cuando hayan pasado unos meses.

Siempre pendientes

Aunque el niño ya sepa nadar o le veamos seguro en el agua nunca hay que confiarse. Conviene que le inculquemos ciertas reglas de seguridad como no meterse en el agua sin haber avisado antes a un adulto, no tirarse de cabeza sin supervisión, bañarse siempre en las zonas delimitadas y nunca con bandera roja en la playa, así como no correr ni jugar en los bordillos para evitar accidentes indeseados.

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