Fin de la cuarentena por coronavirus de los españoles de Wuhan: "La unión nos ha permitido mantener el equilibrio"

  • Los veintiún españoles en aislamiento tras ser repatriados de Wuhan reciben el alta este jueves.
Manuel Vela, durante su estancia en el Hospial Gómez Ulla de Madrid.
Manuel Vela, durante su estancia en el Hospial Gómez Ulla de Madrid.
M. V.

Lo primero que va a hacer Manuel Vela cuando llegue a Sevilla es comerse a besos a sus tres niñas y celebrar el cumpleaños de la mediana, que el martes alcanzó los nueve años. Ese día tuvo que limitarse a felicitarla por teléfono desde la planta 17 del Hospital Gómez Ulla de Madrid. Ingresó el 31 de enero para cumplir dos semanas de cuarentena tras ser repatriado de Wuhan, la ciudad china epicentro del foco del coronavirus que ha causado ya más de mil muertes. Hoy ese aislamiento llega a su fin.

"Voy a disfrutar de mis hijas y de mi mujer. Necesito desconectar e intentar normalizar mi vida lo antes posible", afirma Manuel en una conversación telefónica con este diario la víspera de coger el AVE que le lleve a casa. "Abandonaremos el hospital en función de la hora a la que cada uno tenga programado salir hacia su destino. No va a haber una hora en la que salgamos todos a la vez", explica.

Este entrenador de fútbol, que llevaba cuatro meses trabajando para el Wuhan Three Towns F.C. junto a otros españoles, ha compartido el confinamiento con la veintena de compatriotas que llegaron con él a España en un avión fletado por Reino Unido. "Los veintiuno hemos remado para el mismo lado y nos ha servido de mucho para ir consumiendo las horas y los días. Ha sido una experiencia compleja por lo que nos ha traído aquí, pero enriquecedora a nivel personal", indica.

"Al principio cada uno hacía lo que buenamente creía conveniente pero rápido nos dimos cuenta de que coger una dinámica era positivo. A partir del segundo día conseguimos una rutina que nos ha hecho estar unidos. Es lo que más resaltaría, la unión del grupo para mantener el equilibrio emocional", continúa. Algo de lectura y ejercicio por las mañanas y partidas de ajedrez, juegos de mesa y charlas en las que han compartido multitud de experiencias y anécdotas por las tardes han copado unas jornadas que finalizaban con una última reunión después de cenar.

No se amplía la cuarentena

  • El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, dijo este miércoles que tanto la Organización Mundial de la Salud como Sanidad han evaluado el artículo que apunta a un periodo de incubación del virus de 24 días y han coincidido en que sus evidencias no son lo suficientemente sólidas como para ampliar la cuarentena a más de 14.

Dentro de esa rutina se han enmarcado las tres tomas de temperatura por las que todos han pasado a diario. Más allá de esos controles, en los que ninguno ha presentado fiebre, el 4 de febrero se les realizaron unas pruebas que confirmaron la ausencia del virus en todos los casos. "Ese fue un día de gozo. Teníamos la tranquilidad de encontrarnos bien y nadie había tenido síntomas pero aquello confirmaba que no estábamos infectados", cuenta Manuel, antes de agradecer al personal del centro el trato recibido: "Ha sido exquisito. Todo han sido gestos amables, de ayuda y de hacer nuestra estancia aquí lo más fácil posible".

Preguntado por cuál ha sido el momento más complicado, este sevillano responde que, extrañamente, el instante en el que les informaron de que dejarían el hospital este jueves: "Antes de asimilarlo quise darle la noticia a mi mujer. No la digerí bien y cuando terminé me pegó un bajón. No sé por qué pero durante dos o tres horas no me encontré bien. El resto del tiempo sí he estado siempre con aquellos a los que les hiciera falta porque me encontraba fuerte y con ánimo. No es que hayamos visto a ninguna persona desesperada pero siempre intento transmitir alegría cuando veo una situación tensa".

Con libertad de movimiento por la planta y sin ningún tipo de restricción horaria, cada ingresado ha podido recibir la visita de dos seres queridos, siempre los mismos a lo largo de toda la estancia. Los encuentros, previamente programados, se han producido sin que pudiera haber contacto físico y con los allegados ataviados con bata impermeable, guantes y mascarilla. "Algunos compañeros decidieron colocarse detrás del cristal de la puerta, pero por decisión personal, no porque los médicos lo hayan aconsejado", relata el técnico.

Manuel Vela, en el Hospital Gómez Ulla, durante una partida de ajedrez.
Manuel Vela, en el Hospital Gómez Ulla, durante una partida de ajedrez.
M. V.

A él le visitaron su mujer y una prima el primer fin de semana: "Pudimos vernos sábado, domingo y lunes. Comprobaron que yo estaba bien y se fueron tranquilas. No he vuelto a tener visitas pero las de la gente que tiene familiares cerca sí son constantes. Preferí que mis hijas no vinieran porque este no es lugar para las dos pequeñas y la mayor, de 17 años, lo pasó muy mal mientras estuve en Wuhan".

Manuel tiene claro que volverá a la ciudad en cuanto sea posible. Allí ha dejado "una familia de 700 personas", entre los 600 niños de la escuela de fútbol en la que trabaja y compañeros y amigos."Estamos deseando que todo esto termine para regresar, seguir con nuestro proyecto y darles un fuerte abrazo. Estamos preocupados por ellos", señala y concluye con un mensaje contra la chinofobia: "No son culpables, son víctimas. Ya tienen bastante como para que les machaquemos. Eso es lo que más duele".

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