Verano con dos caras

Una familia numerosa, de vacaciones gratis en Pontevedra mientras una pareja de indigentes sigue en un banco de la calle.
Unos tienen que preparar  maletas para diez, y otros las llevan siempre a cuestas. Unos pasarán las vacaciones lejos de casa, en Pontevedra; mientras que los otros, si tienen mucha suerte, encontrarán un techo donde dejar de dormir a la intemperie. Así viven estos días de asueto veraniego dos familias madrileñas.

José Ventura Mourín, su esposa, Pilar María González, y seis de sus ocho vástagos partirán mañana hacia Nigrán, Pontevedra. David (15 años) y Juan (10) ya están allí. Esta familia de Carabanchel ha sido agraciada con unas vacaciones gratis de diez días en un sorteo del programa Plan+familia, de la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN).

Allí disfrutarán de unos días lejos de Madrid en tranquilidad. Se alojarán en una residencia, con todos los gastos pagados. Posteriormente proseguirán sus vacaciones en La Manga del Mar Menor (Murcia) en casa de unos familiares.

El lado más duro

El mes de agosto, por el contrario, no diferirá del de julio ni de los anteriores para Francisco y Maite, una pareja de indigentes. Este matrimonio come, duerme y se viste (no tienen un lugar para asearse) en un espacio de dos metros por 40 centímetros: en un banco de la calle de Cadarso (Moncloa-Aravaca). Ninguno de los dos trabaja y carecen de techo. El último fue el del albergue de San Isidro, hasta hace un mes, pero lo abandonaron «tras recibir una paliza».

Rodeados de sus pertenencias, esta pareja (ambos con minusvalías) verá pasar los días esperando conseguir una casa. «El mes que viene estaremos buscando piso de alquiler porque vivir así es inhumano», explica Maite.

Familia Mourín-González

A galicia en el monovolumen.  José Ventura y Pilar María con seis de sus ocho hijos: Ana (13 años),  Rut (11), Miriam (7), Carmen (6), Miguel (4) y Jesús (2). David y Juan ya están en Galicia con unos familiares.

Francisco y Maite

En busca de un techo. Francisco Sánchez y Maite Segarra, de 54 y 43 años, son un matrimonio que «malvive» en la calle de Cadarso. Antes han pasado por Irún y Manresa. Buscan trabajo y conseguir una vivienda digna.

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