Fernando Trueba: "Darín no hace un plano mal aunque se lo pidas"

  • El director adapta al cine 'El baile de la victoria', de Skármeta.
  • Rueda en Chile con Ricardo Darín y Ariadna Gil.
  • Trueba habla del rodaje en esta entrevista exclusiva.
Fernando Trueba y Abel Ayala, en el rodaje de 'El baile de la victoria'.
Fernando Trueba y Abel Ayala, en el rodaje de 'El baile de la victoria'.
CONSTANZA VALDERRAMA

Seis años después de El embrujo de Shangai y fascinado por el libro de Antonio Skármeta, Fernando Trueba regresa a la ficción con El baile de la victoria, una historia de sueños juveniles y triángulos amorosos ambientada en un Chile a la sombra de Pinochet. El director, de rodaje en la capital chilena, charla sobre su próxima cinta en esta entrevista exclusiva.

Me encanta lo tragicómico. Herencia y lección de Rafael Azcona
¿Por qué esta novela?

Porque según la leía, la película ya existía en mi cabeza, algo que no suele pasarme. Porque me enamoré de sus personajes. Y porque la historia tenía tres cosas que me atraen: thriller, comedia y romanticismo desbocado. Me encanta la mezcla de géneros, lo tragicómico. Herencia y lección de Rafael Azcona.
¿Cómo está siendo el rodaje?

Duro, por el frío de Santiago y porque hay animales: caballos, un cóndor... ¡Pero sin dificultades la vida es un aburrimiento! Santiago tenía la fisonomía, la geografía, la textura que la película necesitaba, con una parte detenida en los años cincuenta y sesenta. El Santiago moderno ha sido remodelado por el urbanismo facha pinochetista y Milton Friedman, y parece California...
¿Cómo se han tomado en Chile que un español ruede una historia sobre su país?

No se lo he preguntado, por si acaso... El equipo es mayoritariamente chileno, aunque me he traido a algunos de mis inseparables.

Habría que contratarlo en todas las películas, porque es la alegría del rodaje. Nos hace reír de la mañana a la noche, y no hace un plano mal ni aunque se lo pidas. Le ha dado una intensidad y una profundidad a su personaje increíbles, porque le insufla verdad a todo. Puede recitar hasta la guía telefónica.
Repite con Ariadna Gil... ¿por qué?

Es lo mejor que le puede pasar a un director. Es adorable, la mejor compañera, y no tiene ninguna de las típicas tonterías de estrella. Además, es la más guapa y trabaja como dios.
¿Cómo son Abel Ayala y Miranda Bodenhofer, los otros protagonistas?

Pese a su juventud, Abel es todo un veterano... ¡si hasta
Fernán Gómez escribió un artículo sobre su primera película,
El Polaquito! Miranda es mi apuesta en esta película y estoy feliz. Va a ser una revelación.
¿Participa Skármeta en el rodaje?

Sin él, no estaríamos aquí, y colaboró en una de las reescrituras del guión. Es muy cinéfilo, a veces viene al rodaje a animarme.
Los malos son en la realidad más malos que en las películas
Algunos dicen que el libro es muy maniqueo.

Nunca se es lo suficiente: seguro que Hitler quería mucho a su abuela y que, alguna vez, ayudó a un ciego a cruzar la calle. Pero los malos son en la realidad más malos que en las películas o en las novelas.
¿Suponen un extra de responsabilidad los miles de lectores del libro?

Una película tiene una textura diferente. No es lo mismo la palabra caballo que un caballo en movimiento. La novela es el punto de partida, es reinventar la historia.
¿Su siguiente proyecto?
El artista y la modelo, que he escrito con Jean-Claude Carrière. También
Chico y Rita, la película de animación que hago con Mariscal y que estará lista en el 2010. Y todavía tengo que acabar mi documental sobre Tenorio Jr., el pianista brasileño asesinado hace 30 años. Llevo rodadas 150 horas... y lo que me falta.
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