Cenas clandestinas convocadas por Whatsapp con nocturnidad, alevosía y una máxima: "Nunca comas solo"

  • Diez desconocidos acuden a cenar a un anticuario ubicado en el Rastro madrileño.
  • Todo comenzó al cerrar la última página del libro “Nunca comas solo”, de Keith Ferrazzi.
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Los diez invitados a una cena clandestina en Madrid.
VÍDEO: BIEITO ÁLVAREZ

Convocados por un WhatsApp, diez desconocidos acuden a cenar a un anticuario ubicado en el Rastro madrileño. Entre candelabros de plata y sedas del siglo pasado, el chef Joaquín Serrano dispone el menú y los anfitriones sirven vino e historias. Miguel Herrero, alma mater del Club Foodie “Nunca comas solo”, es el culpable. Nos colamos en una cena clandestina.

Las nueve de la noche, la calle desierta, suena la llave que abre el candado de la verja como un estrépito. Accedemos a un patio y subimos al corredor del primer piso guiados por quien, con el mismo espíritu aventurero de Tintín pero con acento de Carmona, ha salido a nuestro rescate.Al abrir la puerta de la tienda de antigüedades Caranco nos aguarda la mesa puesta, el chef afanado con un pesto para el primer plato, de fondo un aria a la que sigue la voz de Nina Simone, el abrazo de los anfitriones y propietarios, y la sonrisa cómplice del artífice de este encuentro. Vamos a asistir a una cena que hace la número 220, tras una idea luminosa puesta en marcha hace seis años.

Cenas clandestinas
Ubicación de la cena
Elena Buenavista

Todo comenzó al cerrar la última página del libro “Nunca comas solo”, de Keith Ferrazzi. Tanto inspiró a Miguel Herrero que, adoptando el título para dar pistas sin extenuar a nadie la neurona, puso en marcha un club que anda a estas alturas muy cercano a los doscientos cincuenta socios. “Y uno no se puede apuntar. Tiene que ser elegido. Mi criterio es totalmente subjetivo. Les miro a los ojos cuando les cuento la iniciativa. Si les brillan, son del club. Si no, no entran”.

A Miguel Herrero, Director General de la Industria Alimentaria y Fundador del Club Foodie Nunca Comas Solo, le gusta conocer gente y mezclarla, le entusiasma la gastronomía y hablar con esa gente alrededor de una mesa, y cada semana organiza una cena con personas que no se conocen en un restaurante singular. Pero la de hoy es aún más exclusiva, se trata de una cena clandestina.

VÍDEO: BIEITO ÁLVAREZ

Están a punto de llegar los invitados tras aceptar una convocatoria recibida por WhatsApp con la fecha, hora, lugar, nombre del chef, menú, precio, y las normas del club. A saber, cada participante paga su cubierto, el grupo es efímero y se destruye al día siguiente de la cena, no te sientas comprometido si no puedes venir, se ruega puntualidad y, hasta la cena, se recomienda no dar pistas personales para mantener la emoción hasta que se os presente.

Joaquín Serrano, nuestro chef

Llegan emocionados y llamando por el móvil porque la clandestinidad es lo que tiene, que no aciertas fácil con el sitio, lo que se traduce en un sube y baja de los anfitriones.

Mientras, el chef Joaquín Serrano, a quien Miguel conoció como jefe de cocina en el restaurante “Efímero” y es Cocinero Revelación en la última edición de Madrid Fusión, nos explica el menú “Burrata con vinagreta de trufa y aceite de Genestra, Puerros con una salsa menier de trufa negra, Lentejas con confit de pato y, de postre, Arroz con leche de cabra y vainilla de Thaití. Sin fritura ni vapor, nada violento pero sí elaborado. Hoy hace falta plato de cuchara, que hace frío”. Así que, en esta cocinilla improvisada en la que cualquiera malamente acertaría a calentar un cazo de leche, nuestro chef de sonrisa impecable apaña una cena de estas hechuras para diez personas. Por cierto, huele a trufa. “Acaba de llegar de Soria, Tuber Melanosporum, completamente negra, con un nivel de madurez perfecto, por eso al sacarla de la bolsa ha perfumado todo el anticuario”.

El chef Joaquín Serrano en acción. 

La tienda de antigüedades, sus propietarios y la pasión por la estética

Mañana, las velas eliminarán toda pista olfativa sobre lo sucedido aquí durante la noche. A salvo, por tanto, las telas de Gastón y Daniela de los años 60, el tapiz del siglo XVII, la manta suiza que viajó en la cubierta de cierto trasatlántico, el espejo inglés del fondo, el isabelino ahumado, los cartelillos de publicidad de los años 40, los muebles de cortijo, y la mesa francesa comprada para esta cena. Joaquín Forte y Félix Márquez decidieron que hay que cumplir los sueños. “Queríamos dedicar nuestro tiempo libre a algo que nos gustara mucho, y aunque mi trabajo lo desarrollo en el mundo del lujo, en Cartier, y Félix trabaja en la universidad, estábamos en un momento vital de iniciar nuevas cosas. Además, en El Rastro solo abrimos los fines de semana. También tenemos otro proyecto en Cantabria. Hemos comprado una casona que queremos convertir en casa de huéspedes que acoja a amigos, más que clientes. Situada en un valle verde, luminoso, con vacas en el prado, cerca de un pueblo de no más de noventa habitantes. Le llamamos nuestro Balmoral. Es un paisaje conmovedor”. La selección de las piezas de la tienda es puro pálpito “Solo traemos lo que nos emociona”.

Cenas clandestinas
Cenas clandestinas
Elena Buenavista

Y la idea cobró forma y se hizo un club

A modo de ceremonia, Miguel, con aire distinguido y eficaz, oficia un rito, el de presentar a los comensales. “Jorge, amigo desde hace años, experto en marketing y comunicación, responsable de contenidos en una conocida editorial, es un gran descubridor de tendencias y, muy generosamente, le encanta mostrárselas a los demás”. Jorge guiña un ojo y mira por el rabillo del otro al resto. “Diego es dueño de “Salmón Gurú”, reconocida el año pasado como una de las cincuenta mejores coctelerías del mundo. En sus viajes internacionales como barman invitado muestra la mejor imagen de España. Y acaba de ser papá”.

Cenas clandestinas
Cenas clandestinas
Elena Buenavista

Momento bizcocho entre los presentes. “Félix, junto a Joaquín, es socio de Caranco y gestor cultural. Ahora mismo trabaja en la Universidad Carlos III. Lo que me permite enlazar con Ana, quien trabaja en Tech Universidad Online, la mayor universidad digital del mundo en español. Y es muy foodie”. Ambos serán, a partir de ahora, los incorpóreos. Él porque, en silencio, hace que la cena vaya rodada, ella porque escucha a todos y con todo se queda.

“Yolanda es directora de comunicación de la Fundación Anar que ayuda a niños y adolescentes en situación de riesgo. Ha escrito un libro sobre ciberguerra, ciberactivismo, y fake news”.

Cenas clandestinas
Cenas clandestinas
Elena Buenavista

Nuestro chef Joaquín ha comenzado a servir el primer plato. La tentación es mucha pero el personal no toca la cubertería de plata art decó. Hay que conocer a los otros. Llega la burrata en vajilla de La Cartuja, con diseño francés de flores y rosas, aunque para el tercer plato cambiarán a otra, también de La Cartuja, de finales del XIX, con motivos azules. En medio, unos platos franceses Terre de fer de St. Amand.

“Leandro es creador de moda”, prosigue Miguel, “con trayectoria internacional y ganador de distintos premios internacionales. Ha vivido y trabajado en Nueva York, Berlín y París. Y ha vuelto a España con su propia marca, Leandro Cano. Céline Dion salió con un abrigo diseñado por él en el anuncio de L´Oréal, y en Madrid ha estado expuesto el vestido que hizo para Lady Gaga. Y Macarena es experta consultora en el mundo de la artesanía, ha escrito dos libros sobre el tema y trabaja el origen de la artesanía, los distintos oficios, la recuperación de las tradiciones, lo auténtico frente a las tendencias de lo que ahora llamamos moda líquida. Ha sido comisaria de distintas exposiciones, recientemente, en el Madrid Desing Festival, recopilando en el Centro Fernán Gómez la artesanía de distintos puntos de España”.

Mientras Miguel presenta al resto a Joaquín, Félix, su socio, sirve un albariño de Rias Baixas para los primeros platos. Y se ayuda de unas pequeñas damajuanas para el agua que tomaremos en unas copas doradas, sin pedigrí pero graciosas.

“Conocí a Ana hace doce años en Segovia porque mi hermano se enamoró de ella. Nunca ha acudido a estas cenas pero en casa oye hablar del Club Foodie. Trabaja en la AEOI, Escuela de Organización Industrial, es experta en auditoria interna y controller. Le gustan las manualidades, le encanta coser, tejer, trabajar con las manos y crear cosas”.

Ahora sí, ya nos conocemos todos. Eso permite intimar con la burrata, llegada de Nápoles, y conocer su textura mórbida y sensual.

Por fin, llega la cena

Cenas clandestinas
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Elena Buenavista

Esta cita tiene más comensales de lo normal porque, además de clandestina, es una concesión sentimental. La única regla, a partir de ahora, es que haya una sola conversación para que todos se escuchen “Y que os sintáis libres para hablar, disfrutar, y celebrar la vida juntos”.

Brindamos. Por muchas razones. Cada cual, la suya. Pero hay una en común, por la gente que merece la pena, por lo que de verdad importa. Y, un rato después, finalizada la burrata entre loas y alabanzas, los puerros, el plato icónico de nuestro chef Joaquín, hacen las delicias del personal. Le ponen un diez a la meniere. Y no es público fácil.

Cambiamos a una garnacha de Castilla y León porque las lentejas, con su confit y todo, lo reclaman. Cremosas y aromáticas, alguien las califica como brutales.

Suena un bolero cuando llega otro brindis y sigue la conversación. Se habla de viajes, familia, trabajo, infancia, proyectos, educación, y más.

Lo que nos gusta hablar

Cenas clandestinas
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Elena Buenavista

Yolanda muestra su actual pasión. “En mayo del año pasado comparecí en la Comisión Mixta de Seguridad Nacional del Congreso y Senado para informar sobre ciberseguridad y fake news. Es urgente crear habilidades comunicativas en Internet para contrastar lo que nos llega, saber si un vídeo ha sido modificado por inteligencia artificial, detectar si una foto es falsa. Esa habilidad nos falta a todos”.

Leandro recuerda que regresó a España por razones familiares y tomó una decisión. “Cuando mi abuela murió, no quería que desapareciese su casa, ese espacio en el que sus amigas se reunían y hacían croché y punto de cruz, así que creé una asociación de mujeres mayores. Se le llama sostenibilidad social, pero yo desconocía el término. A ellas se les paga por trabajar, están motivadas, queremos que formen a sus nietas. Temo que se pierda nuestra herencia cultural. Me preocupa la despoblación rural”.

Cenas clandestinas
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Elena Buenavista

Macarena acude siempre al Club “sin expectativas, no hay disposición de networking o de ligar, es otro concepto. Personas que no se conocen de nada, con intereses muy diferentes, se sientan alrededor de la mesa y el tiempo pasa rapidísimo. Y cada cena tiene una magia especial. Eso sí, al día siguiente el chat desparece y te quedas con ganas de más”.

Prosigue la conversación, apta para adultos, por supuesto, pero estamos en territorio privado, y además de los incorpóreos ya señalados, están los discretos de nacimiento. Para que esta noche puedan apurar un poco más esas ganas, cámara, fotógrafo y una servidora, recogemos bártulos y les dejamos con el postre. Porque el final de las cenas clandestinas queda siempre abierto.

El cierre llegará a la mañana siguiente en forma de Whattsapp enviado por Miguel Herrero “Muchas gracias a todos por venir a la 220. Este grupo va a desaparecer en breve”.

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