Los mercados financieros se hunden pero los ejecutivos continúan ganando cantidades ingentes de dinero. Las reglas que rigen en la 'hoguera de las vanidades' están empezando a cuestionarse tras la crisis de Wall Street, y y ya hay quien se pregunta si los sueldos de los 'amos del mundo' se justifican por la creación de valor que teóricamente aportan.

Además, se denuncia que la manera elegida para consensuar las retribuciones, donde los bonus -beneficios extra- tienen gran peso, habría podido llevar a los directivos a asumir más riesgos de los necesarios para lograr objetivos a corto plazo, aumentando así el riesgo de caída, informa El País.

La última de las críticas se plantea tras desvelarse los escudos millonarios que gozan los ejecutivos

La última de las críticas se plantea tras desvelarse los escudos millonarios que gozan estos gestores en caso de despido, con independencia de la herencia que dejen a sus accionistas o el 'daño' que produzcan.

En 2007, los grandes ejecutivos de las 16 entidades más afectadas por la crisis de crédito ganaron en total 334 millones de dólares (236 millones de euros), un 30% más que en 2005. "La obsesión de las empresas cotizadas por lograr beneficios a corto plazo, combinada con unos sistemas de retribución que no están ajustados por el riesgo que asumen los gestores, supone una mezcla letal", explica John M. Berry, columnista de la agencia Bloomberg.

Después del pinchazo de la burbuja tecnológica, en 2001 , ya empezaron a escucharse las primeras objeciones al sistema de retribución del salario de los grandes ejecutivos. Ese primer golpe sirvió para reforzar los controles administrativos y los protocolos de buen gobierno, pero se hizo sin demasiado convencimiento, vistos los resultados, y los buenos propósitos se olvidaron pronto.

La diferencia de aquella crisis con la actual es que ahora se está utilizando mucho dinero público para intentar mantener con vida entidades cercanas a la quiebra, que han aplicado prácticas de gestión cuando menos cuestionables. Éste es el caso del rescate de Fannie Mae y Freddie Mac, que poseen o aseguran la mitad de las hipotecas estadounidenses y que han sido intervenidas por el Gobierno.

Los contratos de sus principales ejecutivos, Daniel Mudd (Fannie) y Richard Syron (Freddie), les aseguraban indemnizaciones por valor de 8 y 15 millones, respectivamente. Gracias al carácter semipúblico de las entidades, el Gobierno ha logrado que estos ejecutivos no ejecuten sus millonarias recompensas, aunque sí se embolsarán pensiones cercanas a los cuatro millones.