Fumar eleva considerablemente el riesgo de complicaciones tras una cirugía

  • Un informe de la OMS apunta que el riesgo cae al dejar de fumar 4 semanas antes de la cirugía.
  • Fumar distorsiona el sistema inmunitario del paciente y puede retrasar la cicatrización.
Un hombre fuma a las puertas del Hospital Gregorio Marañón en Madrid.
Un hombre fuma a las puertas del Hospital Gregorio Marañón en Madrid.
JORGE PARÍS

Los fumadores corren un riesgo mucho mayor de complicaciones posquirúrgicas, como disfunción cardíaca y pulmonar, infecciones y cicatrización lenta o deficiente. Ahora bien, aquellos que dejaron de fumar unas 4 semanas o más antes de una intervención quirúrgica poseen menos riesgos de complicaciones y presentan mejores resultados al cabo de seis meses.

Así concluye un nuevo estudio conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Universidad de Newcastle (Australia) y la Federación Mundial de Sociedades de Anestesiólogos, que revela cómo los pacientes que dejaron el tabaco tienen menos probabilidades de complicaciones anestésicas en comparación con los fumadores habituales.

"Posponer operaciones no urgentes para dejar de fumar da lugar a mejores resultados sanitarios”

El trabajo, cuenta SINC, demuestra que cada semana sin fumar tras un primer mes sin tabaco mejora los resultados sanitarios en un 19%, gracias a que se favorece la circulación sanguínea por todo el organismo hacia los órganos esenciales.

“En el informe se aportan datos que apuntan a la ventaja de posponer operaciones menores o que no son urgentes para dar a los pacientes la oportunidad de dejar de el tabaco, lo que da lugar a mejores resultados sanitarios”, explica Vinayak Prasad, jefe de la Iniciativa Liberarse del Tabaco, de la OMS.

Cómo influye el tabaco en una cirugía

La nicotina y el monóxido de carbono de los cigarrillos pueden disminuir los niveles de oxígeno e incrementar enormemente el riesgo de complicaciones cardíacas tras una intervención quirúrgica. Además, fumar tabaco daña los pulmones y dificulta el flujo de una cantidad adecuada de aire, lo que eleva el riesgo de complicaciones posquirúrgicas en los pulmones.

Es más, fumar distorsiona el sistema inmunitario de los pacientes y puede retrasar la cicatrización, con el consiguiente mayor riesgo de infecciones en la herida. En definitiva, fumar –aunque sea solo un cigarrillo– disminuye la capacidad del organismo de aportar los nutrientes necesarios para la curación tras una intervención quirúrgica.

“Las complicaciones posquirúrgicas constituyen una enorme carga para el personal sanitario y el paciente. Los médicos de atención primaria, cirujanos, personal de enfermería y familias desempeñan una importante función en el apoyo al paciente para que deje de fumar, especialmente antes de una operación”, señala Shams Syed, coordinador del Departamento de Calidad de la Atención, en la OMS.

La institución sanitaria alienta a los países a incluir en sus sistemas de salud programas de abandono del tabaco y campañas de formación para dar a conocer el problema y ayudar a que las personas dejen de fumar.

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