La explicación de la ciencia: el reactor actuó como una olla a presión y la tapa voló a más de 550 kilómetros por hora

Trayectoria de la tapa del reactor
Trayectoria de la tapa del reactor.
Carlos Gámez

Brutal, monumental, descomunal, sin precedentes. Así describen los expertos la energía liberada en la explosión ocurrida en la planta química de la empresa Iqoxe en Tarragona el pasado martes y que provocó que la placa del reactor saliera disparada y recorriera casi tres kilómetros hasta impactar contra el muro de una vivienda, donde causó el fallecimiento de un hombre. 

Fue una energía "descomunal y absolutamente inesperada" la que permitió que esta pieza, de 800 kilos y unas dimensiones de aproximadamente dos metros cuadrados saliera despedida desde la fábrica y llegase hasta el barrio tarraconense de Torreforta, explica la investigadora del departamento de Ciencia e Ingeniería de Materiales de la Universitat Politècnica de Catalunya Núria Salán.

"Que se haya movido una pieza de este calibre lo que indica es que la explosión ha sido monumental", dice la también presidenta de la Societat Catalana de Tecnologia.

Si bien resulta complicado modelizar la trayectoria seguida por la pieza e imposible hacerlo de forma exacta, algunos investigadores no se han resistido a estimar de forma muy aproximada la colosal velocidad con la que pudo ser expelida esta placa. Con una trayectoria "cualitativamente parabólica", estos cálculos han arrojado que la tapa tuvo que sobrepasar, como mínimo, los 550 kilómetros por hora.

Esta velocidad es la mínima necesaria al inicio del recorrido de la tapa, pues es el resultado de cálculos en condiciones ideales, con un ángulo óptimo de salida (45 grados) y sin tener en cuenta la sustentación ni la resistencia aerodinámica del objeto -con efectos muy notables-, por no disponer de un modelo fiel y completo del mismo. Por eso mismo, es previsible que la velocidad fuera mayor.

"Para poder vencer la resistencia aerodinámica, la velocidad tuvo que ser muy muy alta. Es brutal que una pieza de una tonelada llegue a más de dos kilómetros de distancia", apunta Oriol Lizandra, profesor e investigador de tecnología eroespacial en la UPC, que explica que la tapa no habría llegado mucho más lejos, aunque no hubiera impactado con el edificio. 

Una distancia "sin precedentes"

Coinciden ambos expertos en que los casi tres kilómetros recorridos por la placa constituyen una distancia "sin precedentes" en un accidente de estas características. Ni siquiera los fragmentos disparados en las explosiones de San Juan Ixhuatepec de 1984, que cayeron a más de un kilómetro del origen y son unos de los más lejanos hasta ahora, alcanzaron esa marca.

Fue precisamente la tapa del reactor la pieza despedida por ser la más frágil de la estructura, al estar sujeta al resto de la instalación por unos puntos de anclaje, detalla Salán. "No ha reventado el cuerpo. Es como en una olla exprés, no explota, sale despedida la tapa", matiza, y añade que se vio sometida a demasiada presión y por eso se desprendió.

Ahora, los peritos comprobarán la trazabilidad del proceso y comenzarán las investigaciones de aspectos como el diseño de la tapa o el estado de las revisiones y controles. "Si todo esto se ha hecho bien, podría pasar que el material fuera malo. Lamentablemente, en muchos casos lo que acabamos encontrando es que un eslabón de la cadena de seguridad ha fallado", dice, aunque reconoce que es difícil prever situaciones que se salen de "lo razonable"

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