Daniel Grao: "Rodar en una cárcel colombiana acojona mucho, aunque sea de ficción"

  • El actor interpreta a un hombre desesperado y temerario en 'Perdida' la serie que Antena 3 estrena este martes. 
Daniel Grao, caracterizado para la serie 'Perdida'.
Daniel Grao, caracterizado para la serie 'Perdida'.
ANTENA 3

El actor Daniel Grao está en la cresta de la ola y no para de trabajar. Sin embargo, algunos de esos trabajos le llevan de su éxito a la más profunda de las simas, como ocurre con su papel en Perdida, la nueva serie de Antena 3 (este martes, 22.45 h). Grao se mete en la piel de Antonio, un hombre cuya hija desaparece y que acabará en Colombia, en la peor de las cárceles imaginables, tratando de saber qué le pasó a su pequeña. 

Ha grabado hace poco en Túnez con Promesas de Arena (La 1), ahora en Colombia con Perdida… si le ofrecen un rodaje en Alcorcón se le va a hacer raro, ¿no? (Risas) La verdad es que yo estaba acostumbrado a rodar siempre en casa y a dormir en casa siempre, pero este año ha sido todo fuera, incluso cosas que no puede hacer, algunas propuestas que eran para México, Perú… y he rodado en Túnez, Colombia, Uruguay… pero ahora estoy rodando en Madrid.

¿Para que no le echaran de casa? Sí, sobre todo, porque no ha sido fácil.

Han rodado en 120 localizaciones naturales, tanto cambio de escenario ¿ayuda o distrae? Para el trabajo ayuda mucho, porque en el caso de Perdida, por ejemplo, había cierto paralelismo. Antonio Santos está en esa cárcel colombiana donde no conoce a nadie y que no representa su zona de confort para nada y yo, el actor, estaba en un país que no conocía, en un país que no conocía, con un equipo que no conocía y en una cultura diferente. Y luego estaba lo de no pasar por casa, por lo que estás 24 horas al día conectado con el trabajo y con el personaje. A nivel de concentración e intensidad, eso juega a favor. Otra cosa es a nivel familiar, porque fueron cuatro meses fuera de casa.

Usted tiene hijos, ¿no se le ha hecho un nudo en el estómago interpretando a Antonio? Sí y no es la primera vez que me meto en un material sensible con el tema de los hijos. Me pasó en teatro también, con Los Universos Paralelos que era aún más duro, sobre la muerte de un hijo. Y eso siempre me da mucho respeto porque es difícil que no traigas eso de propia vida al trabajo, porque te inspiras en lo que has vivido o puedes imaginar y éste es un tema doloroso. Al mismo tiempo el hecho de ser padre ayuda a encarnar historias así, porque te las puedes imaginar.

Antonio hace lo indecible por encontrar a su hija, ¿hacemos lo que sea por los seres queridos? Sí, especialmente por un hijo. No se me ocurre ningún otro afecto tan poderoso como el que se tiene por un hijo. Uno es capaz de hacer cosas que nunca habría imaginado. En general cuando la vida te pone en situaciones difíciles es cuando ves la fuerza que realmente tienes y no se sabe de dónde surge una fuerza que te hace salir para adelante.

¿Cómo fue grabar la escena de la ingesta de las bolas de cocaína? Jugamos a que lo pareciera, pero alguna estuvo a punto de ser tragada de verdad. No fue de las escenas con las que más sufrí. No tengo ni idea de lo que estaban hechas, la verdad, pero el departamento de arte siempre tiene cuidado con esas cosas, para que sean inocuas.

¿Y cómo son las escenas de palizas? ¿Se hizo daño? Algún golpe te llevas, de hecho en algún momento del rodaje publiqué una foto con secuelas reales que me quedaron de una escena, porque por muy medido y coreografiado que esté siempre te llevas golpes o caídas. Hay en Colombia un grupo de especialistas que se llaman Los Stones que trabajan mucho para el cine americano y es una delicia trabajar con ellos. Traen el trabajo grabado antes por ellos para que puedas ver la coreografía y lo ensayan luego contigo y te cuidan mucho, pero es imposible no llevarse ningún golpe, aunque no me sucedió nada grave.

Perdida no es una serie que nos lo dé todo hecho… Incluso más de lo que parece, porque a partir del capítulo tres la serie se abre a más personajes y tramas que a priori no le ves ninguna relación con la trama central, pero todos los personajes de alguna manera van a estar relacionados.

Una escena de 'Perdida', de Antena 3.
Una escena de 'Perdida', de Antena 3.
Natxo Martinez

¿Perdida tiene un final feliz?Perdida tiene dos finales (risas). Rodamos dos finales y puedo decir que se emita el que se emita de alguna manera el círculo se cierra, no deja al espectador colgado, aunque son sutilmente diferentes.

Los finales felices no siempre son necesarios, ¿no? Por supuesto que no. De hecho, a mí los finales que más me interesan son los que no sabes muy bien si dirías si son felices o no. Que sean ambiguos los hacen más interesantes.

¿Recuerda algún final de serie o película que le marcara? Bueno, el de Lost me decepcionó un poco.

¿‘Serie española’ se ha quitado ya la connotación despectiva? Creo que sí, de hecho cuando viajo fuera lo noto mucho, el respeto que se nos tiene fuera, que es muy grande. Ahora mismo somos estandarte, quitando el mercado americano. Se han explorado géneros que nunca se había tocado en la ficción española, desde la idea, pasando por el guión y la factura.

¿Qué tienen ellos que no tengamos nosotros? Dinero. Y el dinero compra sobre todo tiempo y en según que trabajos actorales eso es fundamental. En lo primero que pienso yo como actor es en eso, en el tiempo, poder permitirte cambios físicos, por ejemplo, que implica tiempo. Pero a nivel creativo y de prensa estamos en un buen momento.

¿Cambió usted físicamente para Perdida? A mí como actor me encanta cambiar, me da igual si es a más guapo o más feo, no sólo dentro de un mismo papel, sino que intento que de personaje a personaje sea lo más distinto posible, físicamente y a todos los niveles. Para Perdida llegué a bajar siete kilos, porque rodamos bastante cronológicamente, desde que Antonio está en la época de Valencia y hasta que se va desgastando en Colombia, fui bajando paulatinamente.

¿Somos nuestros peores críticos? En general, sí. No sé si pasa en todos los países, pero aquí pasa. Hay algo… no sé si es complejo de inferioridad o que cuando algo destaca en seguida lo intentamos derribar. No sé si es cosa nuestra o si pasa en otros países. Hay productos que fuera se les hace la ola y aquí los menospreciamos.

¿Daba miedo rodar en una cárcel colombiana aunque fuera de mentira? Acojona mucho, aunque fuera ficción. Me ayudaba mucho la figuración, porque está muy profesionalizada en Colombia y aunque sólo fuera por las pintas de algunos ya daba miedo. Pero es que además veremos que hay motines y sucesos en la cárcel, en la que la figuración tiene que moverse y se entregaban en cuerpo y alma y era muy realista.

¿Se documentó para saber cómo era una cárcel? Pasa una cosa curiosa, sin entrar en detalle, años atrás en mi juventud y no en primera persona pero sí de cerca, tuve mucho contacto con la cárcel así que cuando me llegó este proyecto sentí un escalofrío fuerte. De alguna manera sentí que tenía algo que aportar a este personaje por lo vivido y por lo que conocía de ese mundo.

¿Las experiencias vividas son el cofre de los tesoros de un actor? Absolutamente. Y de hecho lo sanador que tiene mi trabajo y que lo convierte en terapéutico es precisamente eso, que todo lo que has vivido es útil y dejas de juzgarlo tanto y de decir ‘ojalá no hubiera vivido ésto’.

¿Ha hablado con sus hijos sobre los desconocidos? Sí, mis hijos tienen siete y once años y algo hemos hablado del tema. Es un tema delicado porque tampoco quieres asustarles y hay que andar con pies de plomo. Pasó una vez con el tema de los abusos, que te planteas cómo abordarlo, porque no quieres romper su inocencia, pero quieres protegerles y que tengan cierta información, aunque adaptada a la edad que tengan.

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