"Lo he pasado fatal... pero volvería a hacerlo"
Varios jóvenes bailan al ritmo de jembé en La Pouponnière. (O.F.) O. F.
«Tormentas que hacían que pareciera el cielo se iba a caer». «Temperaturas de hasta 48 ºC». «Madrugones a las 5 de la mañana». «Enfermedades». «Caminatas». Pero muy pocas ganas de volver. Los chicos de la expedición Madrid Rumbo al Sur -proyecto que dirige Telmo Aldaz de la Cuadra-Salcedo y que patrocina la Comunidad para que los jóvenes conozcan los proyectos de las ONG madrileñas- afrontan su última semana de viaje por África tras dejar atrás Mali y desembarcar en el puerto de Dakar.

Yo me he dado cuenta de lo ignorante que era. Tenía muchos prejuicios sobre África



En esta ciudad coincidieron ayer en el orfanato de La Pouponnière con el grupo de periodistas encargados de cubrir la expedición.

«La primera semana te traumatizas. La segunda, enfermas. La tercera, te adaptas y después, ya estás curtido», afirma Juan, uno de los cien jóvenes de entre 16 y 17 años que forman parte de la expedición.

Delgados, pero fuertes por dentro

Entre los chavales se notan las caras de cansancio. Pero, sin embargo, reina el buen humor. «Lo he pasado fatal... pero volvería a hacerlo», afirma Lorena, otra joven aventurera seguidora de Atleti. Vuelven más delgados, con quemaduras e innumerables picaduras de mosquitos. Pero también más fuertes por dentro.

«Yo me he dado cuenta de lo ignorante que era», comenta Eduardo. «Tenía muchos prejuicios sobre África pero somos nosotros lo que tenemos que aprender de ellos, de su solidaridad, de su forma de entender la vida», explica.

Me dieron de beber cerveza de mijo que las mujeres fermentan en la boca

Reto con el 'break dance'

En el camino quedan múltiples historias y anécdotas, aunque cada cual tiene la suya. «Yo reté a un grupo de bailarines africanos con break dance», dice Alexis, un argentino que lleva seis años viviendo en España. «A mí me dieron de beber cerveza de mijo que las mujeres fermentaban en la boca», exclama sorprendido Tejón (así le llaman sus compañeros de viaje), futuro estudiante de Filosofía.

«Una vez un autobús se cayó por el camino y tuvimos que levantarlo a pulso», dice Diana, cuyo padre, por cierto, formaba parte del grupo de periodistas que se reunió ayer con la expedición, con el que se dió un fuerte abrazo nada más verse. «Yo mismo la animé a participar. Éste va a ser el viaje de su vida», afirma el progenitor.