La "sencilla" idea de cuatro jóvenes europeos para luchar con musgo contra el CO2

  • Una española inventa, junto a un suizo y dos holandeses, una pintura para que la planta crezca en las fachadas.
Reyes González-Montagut, en las instalaciones de la Universidad Pontificia de Comillas, en el centro de Madrid.
Reyes González-Montagut, en las instalaciones de la Universidad Pontificia de Comillas, en el centro de Madrid.
Jorge París

Cuando a Reyes González-Montagut se le pregunta por su proyecto, responde que "la idea es muy sencilla". Puede que lo sea, pero también es una solución novedosa que permitiría reducir la contaminación en las ciudades y que en solo medio año ya ha sido merecedora de dos premios europeos, además de haber captado el interés de algunos Ayuntamientos.

"Se trata de una pintura o una pasta con esporas de musgo, para pintar las fachadas de los edificios y que la planta crezca", explica esta madrileña de 25 años durante un descanso en una tarde de estudio. "El musgo tiene unas cualidades más altas que el resto de plantas para la absorción de CO2 porque, al no tener raíces, coge del aire la mayor parte de los nutrientes", agrega.

La joven va desgranando en qué consiste la iniciativa sentada frente a una mesa y con el portátil delante, en una de las salas del espacio de trabajo que la Universidad Pontificia de Comillas pone a disposición de sus alumnos en el corazón de Madrid. Este es el centro en el que estudió el grado de Ingeniería Electromecánica y en el que actualmente cursa un postgrado en Ingeniería Industrial.

El innovador planteamiento para frenar la polución surgió este verano, en el marco de un programa de emprendimiento contra el cambio climático, dirigido a estudiantes de máster de universidades europeas y financiado por la UE. Allí conoció a un suizo y dos holandeses, a los que se unió por "afinidad" para desarrollar el trabajo final: una startup para combatir el calentamiento global. "Mi objetivo es tener un trabajo en el que pueda tener un impacto medioambiental"

"Mi objetivo es tener un trabajo en el que pueda tener un impacto medioambiental"

"Estuvimos debatiendo y acabamos entregando la idea del musgo porque nos pareció brutal. El input que más nos ayudó a seguir adelante fue el contacto con un grupo de investigadores europeos liderados por un catedrático español. La idea nos parecía muy buena pero no sabíamos si era viable y ellos nos confirmaron que sí, que estaban trabajando en un algoritmo que mide la capacidad de la planta para capturar CO2. Muy relacionado", cuenta. "Mi objetivo es tener un trabajo en el que pueda tener un impacto medioambiental"

Finalizado el programa y de regreso en sus países, los cuatro han continuado desarrollando el proyecto y lo han presentado a varios concursos. Han ganado uno en Copenhague (Dinamarca) y otro en Zúrich (Suiza) y han logrado captar la atención de inversores y de administraciones locales. Es así como lo que empezó como un hobby está cogiendo entidad. 

"Estamos en una fase muy inicial y necesitamos inversión económica pero sobre todo ayuda de profesionales que nos orienten, tanto en biología como en negocios", reconoce la joven, para quien lo ideal sería entrar en una incubadora de empresas emergentes que les ofrezca un laboratorio en el que hacer sus pruebas.

Musgo en las paredes para reducir el CO2
Musgo en las paredes para reducir el CO2
Henar de Pedro

Por ahora saben que entre las cualidades del musgo destacan además que aísla térmica y acústicamente, que permite ahorrar energía, que previene de los incendios y que repuebla la biodiversidad de las ciudades. A ello se le suma la ventaja de que requiere poco mantenimiento: "En las zonas húmedas crece solo. Nuestra pintura permitirá que crezca también en lugares secos, donde no lo hace de manera natural".

Para que la propuesta pueda utilizarse en cualquier superficie y evitar que el edificio se dañe, este equipo de emprendedores ha recurrido a una startup de Holanda que imprime en 3D con materiales sostenibles. Esta se ocuparía de producir una estructura muy fina que se adheriría a la fachada y sobre la que se aplicaría la pasta.

"Estamos un poco estancados porque estamos de exámenes, pero en enero lo retomaremos con más fuerza", señala Reyes, que tiene previsto mudarse a Ámsterdam y que está convencida de que la mayor cercanía con sus compañeros impulsará el proyecto: "Tenemos ilusión y muchas ganas. Vamos a dar lo mejor de nosotros mismos".

Preocupada por el medio ambiente, afirma ser optimista sobre el futuro del planeta: "Hay que tomar conciencia porque es muy importante y el cambio climático es un hecho real que vemos todos los días, pero con buena voluntad y el trabajo de la gente se puede llegar a buen puerto". Ella está ya en ese camino y con una meta clara: "Mi objetivo en la vida es tener un trabajo en el que pueda tener impacto social y medioambiental". Con los ecos de una Cumbre del Clima calificada de fracaso aún resonando, acciones como la suya demuestran que el compromiso de la sociedad supera al de sus dirigentes.

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