Partida de nacimiento erronea
Se van a casar, pero él ya está casado con su cuñada TANIA COSTA
José Javier Córdoba ha tardado diez años en decidirse a dar el sí quiero a su novia, María Teresa Airoldi.

En mayo pasado, tras la huelga de los funcionarios de Justicia que paralizaron los juzgados, se pasó por el Registro Civil y solicitó la certificación de nacimiento que le había pedido el padre José Antonio Cano, de la parroquia de Puente Tocinos (Murcia).

Antes pidió los de su novia, que es argentina. Los papeles de ella costaron 150 €, tardaron dos meses y, como los yogures, caducan este mes.

En cuanto echó un vistazo al certificado, el cura llamó a la pareja. José Javier y María Teresa ya habían hecho los cursillos prematrimoniales; ella se había bautizado en Ricote y tenían fecha de boda para el 7 de septiembre.

El cura dice que no

Nada más entrar, el párroco le dijo a José Javier que no podía casarlo: «Ya estás casado... con Encarnación García». «A mí me entró la risa», cuenta María Teresa, su novia. Encarna es la cuñada de José Javier, está casada con su hermano Víctor Manuel y es madre de sus dos sobrinos.

«La podrían meter en la cárcel por bigamia», dice José Javier.

Para deshacer el entuerto, este murciano volvió a hacer la cola, desde las cinco de la mañana, en los juzgados. Cuando le tocó su turno, un funcionario le reconoció que era un error de ellos, pero que no se podía arreglar hasta que se informatizaran todos los tomos del Registro Civil.El suyo es del 2 de junio de 1972. «Ya le avisaremos», le dijeron.

Para hacer un apaño, el funcionario le dio una fe de soltería y le mandó a los juzgados del Eroski Infante, con el libro de familia de su hermano. Otra vez a hacer cola.

La chapucilla ya está arreglada. Él seguirá casado con su cuñada y el próximo domingo se casará con María Teresa. «A lo mejor están esperando a que me case con Maite para meterme con mi cuñada a la cárcel», bromea.

Lo peor es que su salud se ha resentido con tanto nervio. José Javier está a la espera de que este mes, desde Barcelona, le digan si su madre puede donarle un riñón. Ya lleva dos años en lista de espera. Será su tercer trasplante. «Si nos divorciamos, yo cojo por mi lado y ella, que coja por el suyo, pero no haré más cola en lo que me queda de vida».