Andrea Duro, de 'Promesas de Arena': "Deberíamos alimentarnos de la mezcla de culturas"

  • La actriz protagoniza la serie de La 1, que encara su recta final, sobre una cooperante en una zona de conflicto. 
Andrea Duro, en una escena de la serie 'Promesas de Arena'.
Andrea Duro, en una escena de la serie 'Promesas de Arena'.
TVE

La serie Promesas de Arena (La 1, lunes 22.40) encara ya su recta final, a dos episodios de terminar sus tramas, que cuentan la historia de una joven e inexperta cooperante que viaja con su ONG a Libia (se rodó en Túnez), donde se encuentra con el amor. Pero como ya habrán podido ver los espectadores, Lucía, que así se llama, encuentra algo más que el amor romántico y pasional.

Lucía pasa de la nada al todo, pero siempre es ella... Es una persona con poca experiencia y muy joven, con poca videncia. Aunque parezca un personaje impulsivo para mí no lo es, lo que tiene es mucho amor dentro para dar y todo lo que hace lo hace de forma desinteresada. La historia, todo lo que vive, su amor con Hayzam, la amistad con Fathia… para mí esa amistad es la verdadera historia.

Han rodado en el extranjero, ¿cómo ha sido la convivencia del equipo? Fantástica. No sólo con el equipo artístico, también con el técnico, tanto el español como el tunecino. Llegábamos todos agotados después de doce horas de rodaje y llegábamos al hall del hotel y nos sentábamos a charlar y a tomar algo, para desconectar. Y nos íbamos a dormir muy pronto, porque amanecía muy temprano y tuvimos que adaptar los rodajes a la luz solar.

Fue un rodaje largo… Fueron tres meses en el desierto, en un país que no conocía y que de repente se convirtió en mi hogar. Estábamos con el equipo 24 horas y al final se convertían en tu familia y tus amigos. No hubo individualismos, cosa que en otras ocasiones pasa, pero que no fue el caso. Acabamos con varios grupos de Whatsapp.

¿Todas esas dificultades le distraen de su papel? Todo lo contrario. Esas dificultades te hacían estar más pendiente de tu personaje. A mí me vino bien porque me centré en el proyecto, estaba sólo encima de eso.

Es una serie sobre el amor, pero no sólo un tipo de amor... Claro, porque las relaciones de amistad también son relaciones amorosas, donde hay amistad hay amor. Así que Lucía vive varias historias de amor diferentes. Con Hayzam es una historia de amor en medio de una guerra, no es nada fácil.

¿En qué se ha notado el rigor que los creadores han querido darle a la serie? A nivel artístico nos han dejado bastante libres. No tuvimos ningún encorsetamiento.

Hay secuencias de pasión, ¿cómo se ensaya una escena de sexo? Se ensaya con ropa, pero más bien el director plantea la secuencia con los actores y el equipo técnico y dice dónde debe ir cada cosa, qué tiene que pasar… y cuando se rueda se hace con el equipo técnico imprescindible y el resto se marcha.

Es una serie sobre cómo las dificultades sacan lo mejor y lo peor de las personas… Es lo que pasa a Lucía, pero en su casa lo que hacen las dificultades es sacarle todo lo mejor. Le hacen darse cuenta de que es más fuerte de lo que ella pensaba. Lucha contra viento y marea por salir adelante allí… y sobrevivir.

¿No le ha pasado eso mismo a usted durante ese rodaje difícil? A mí personalmente me ha supuesto un viaje de aprendizaje y de crecimiento que no esperaba. Al final, aunque no haya sido muy fácil también ha sido un rodaje bonito, del que hemos disfrutado mucho. Y al que también hemos sobrevivido (risas).

De todas las fotos que habrá hecho en Túnez… ¿cuál es su preferida? Tengo una en el Djem, que es un pueblecito de Túnez que tiene un mini anfiteatro romano en perfecto estado. Como un Coliseo, pero pequeño. Un día que teníamos libre Jairo Sánchez, Thais Blume y yo y nos alquilamos un coche y nos fuimos al Djem y tengo una foto arriba del todo, superchula. También tengo otra en el desierto, en Tozeur.

Allí tuvieron una anécdota con la rudeza del desierto, ¿no? Fuimos a rodar a Tozeur, el penúltimo día, y cuando llegamos no pudimos grabar nada porque había una tormenta de arena en el desierto y no se podía rodar, nos decían que era peligroso, pero que estuviéramos tranquilos, que eso al día siguiente estaba bien.

Sus series están en Netflix, ¿les reconoció alguien? Nos encontramos con unos españoles que trabajaban allí y nos recomendaron un sitio para comer donde el dueño sabía catalán, euskera, español, italiano… ¡de todo! Fue muy divertido.

¿Cómo fue volver a Madrid? Llegué a Madrid descolocada, en octubre, porque habían abierto la Gran Vía y de pasar calor llegué a comer castañas (risas).

¿Cuál es su truco para no soltar spoilers? Cuando te has hecho unas cuantas ruedas de prensa ya sabes por dónde va la historia (risas). Hay que destacar lo importante, de cómo llega el personaje, lo que le va a pasar al principio… o te lees las notas de prensa y sabes lo que la productora ha dicho. Y con lo poco que puedes contar intentar que a la gente le apetezca ponerse la serie.

¿Quién le insiste más para que le adelante las tramas? Mis amigas sobre todo, pero no lo consiguen. Ya sólo me quedan tres (risas).

Las series ahora tienen una segunda vida en el mundo digital… Y larga vida a las plataformas digitales y a la televisión en abierto. La Catedral del Mar lleva en Netflix un año, triunfando, por ejemplo.

¿Se ha quedado con recuerdos del personaje? Tengo algunas cosas que eran importantes para mi, como unos pantalones que usa Lucía, que me regaló el director de vestuario, que es amigo mío y tengo las botas que aparecen al final de la historia, que son mías.

¿Y algo de idiomas? No aprendí nada de árabe porque es muy difícil. Francesco tiene el triple de mérito. En el rodaje había muchos idiomas. Intentábamos comunicarnos en inglés y con gestos, que con eso se entiende todo el mundo.

En tres meses la daría tiempo a conocer la cultura local, ¿es así? He aprendido mucho, la cutura árabe me parece muy rica, muy bonita.

¿Encontraron pegas por ser un país con otra religión? En la serie no se toca el tema religioso, sino más bien esa cultura que es el escenario de los personajes… espero que haya una apertura mental sobre las religiones y sobre las no religiones. La mezcla de culturas es importante y todos los seres humanos deberíamos alimentarnos de ese intercambio.

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