El olvido del Sáhara: "Crecer sabiendo que no eres un niño igual que el resto te incita a vivir por una causa"

Brahim Chagaf, saharaui.
Brahim Chagaf
B.C.

Brahim Chagaf nació y creció en Dajla, una de las provincias (wilayas) en las que se organizan los Campamentos de Refugiados saharauis. Tuvo la oportunidad de vivir tres años y medio en España mientras se formaba en una escuela de cine, pero aún así decidió regresar, porque asegura que "es muy necesario volver para aportar y compartir todo lo que uno ha adquirido", cuenta el saharaui de 31 años.

Fue también uno de los niños que viajan cada verano a la península, acogidos por familias españolas gracias al programa 'Vacaciones por La Paz'. "Lo vives de una manera maravillosa e indescriptible", confiesa el saharaui, contando cómo en esos viajes -que permiten a decenas de niños huir del caluroso verano del desierto con temperaturas que superan los 50ºC-, ven y experimentan muchas cosas por primera vez. 

Es la primera vez que ves el mar, que montas en avión, que ves el agua salir de un grifo, que le das a un botón y se enciende la luz, es la primera vez de todo en la vida", explica emocionado asegurando que, gracias a ese programa, se tiende un puente entre familias saharauis y españolas que demuestran una "increíble generosidad y cariño", tanto por confiar su hijo a otra familia, como por acogerlo y darle una vida mejor durante los meses de verano.

"Tan solo el hecho de levantarse por las mañanas es un acto de resistencia", declara Chagaf. Los saharauis llevan cuatro décadas esperando que se ponga fin al conflicto y que se les conceda un territorio donde poder iniciar sus vidas. Muchos no conocen otra cosa que el árido desierto porque nacieron en los campamentos, pero todavía quedan generaciones que tuvieron que huir de sus casas, perseguidos por la 'Marcha Verde', cuando Marruecos invadió por la fuerza esta antigua colonia española. "Hay una gran diferencia generacional. Los que han vivido y nacieron en los lugares y zonas actualmente ocupadas son gente que ha conocido y siente una añoranza inmensa", cuenta.

Los de su generación no han conocido esas zonas, "pero sí que hemos nacido con una causa, somos conscientes del lugar donde estamos refugiados. Vivir sabiendo que no eres un niño igual que el resto ya te genera otros sentimientos y te incita a vivir por una causa, a vivir por encontrar un territorio donde puedas tener una vida digna". Desde pequeños, todos sueñan con ese "día prometido" en el que vuelvan al que fue el hogar de sus familias. No obstante, se van haciendo mayores, los años pasan y siguen olvidados. 

40 años de resiliencia

Incremento de la ocupación marroquí desde 1982.
Incremento de la ocupación marroquí desde 1982.
Wikipedia

Los saharauis fueron tribus nómadas durante siglos, hasta que se vieron limitados por las barreras impuestas con el reparto de África en la colonización europea. Durante décadas, convivieron con los españoles hasta que la ONU inició el proceso de descolonización y presionó a España para que se retirara del territorio. Empezaron así las negociaciones con el pueblo saharaui por su independencia, pero Marruecos (liderado por Hassan II) reivindicó todas las zonas donde habían reinado las dinastías marroquíes, entre ellas, Sáhara Occidental.

Desde entonces, se iniciaría la ocupación marroquí, que desplegó en 1975 a unas 350.000 personas y 25.000 soldados en la que se conoce como 'Marcha Verde' y obligó a miles de familias a huir hacia el desierto de Argelia, donde crearían los Campos de Refugiados Saharauis. El Sáhara quedó dividido en dos con la construcción del 'Muro de la vergüenza' -la frontera militarizada más larga del planeta (2.500 kilómetros)-, y parte de la población quedó en los territorios ocupados bajo el mandato marroquí.

A pesar de que la ONU preparó un plan de paz para que se formase un referéndum, con el objetivo de que los saharauis ejercieran el derecho a la autodeterminación y decidiesen su futuro, a día de hoy Marruecos todavía no ha permitido que se celebre, y cientos de miles de saharauis esperan una solución.

Un sistema creado por mujeres

Campamento saharaui
Campamento saharaui en Bojador.
Brahim Chagaf

Pero ¿cómo puede ser que sigan viviendo como refugiados en esas condiciones después de 40 años? Chagaf asegura que se hace la misma pregunta unas cuantas veces al día. "¿Acaso no es peligroso estar viviendo ahí?. Para que ahora nos vengan con alarmas".  El gobierno español alertó de una posible amenaza yihadista que podría atentar contra ciudadanos españoles en los campamentos de Tinduf y desaconsejó que se viajara a la zona. Esta alerta, según cuenta Chagaf, no les sorprendió "porque a los políticos les interesan otros acuerdos políticos, geográficos y económicos que valoran más, y asegura que la vivieron "como una traición", como un sentimiento de que "caiga una vergüenza en el olvido".

El cineasta cree que el principal desinterés de la comunidad internacional en poner solución al conflicto, se debe principalmente a que el pueblo saharaui es un pueblo pacífico. "Como costamos muy poco al mundo, no hay muerte, ni sangre, ni conflictos, estamos en el olvido", lamenta, asegurando que si dispusieran de petróleo o cualquier otro mineral interesarían más y los políticos estarían dispuestos a ayudarles.

En los campamentos sobreviven mayoritariamente gracias a las ayudas humanitarias, que sufren recortes cada año, basadas fundamentalmente en arroz, legumbres, harina y azúcar. A parte, se realizan proyectos de ayuda en todos los ámbitos para generar empleo y espacios en los que los saharauis puedan sentir que su día a día tiene sentido. Se trata de un sistema creado por las mujeres y madres que hacen que en los campamentos cualquiera tenga un cargo (no remunerado), "como si fuera una forma de practicar antes de llegar a nuestro territorio", dice, contando que son ellas, las cabezas de familia, las que se encargan de gestionar los escasos recursos básicos de los que disponen.

Los saharauis se caracterizan por su resiliencia y un optimismo que, según Chagaf es "un poco loco" pero que les mantiene vivos. "Tenemos la esperanza de que esto se resolverá mañana mismo, eso es lo que nos mantiene en pie, porque nadie se hace a la idea de lo duro que es sobrevivir aquí.

El cine contra el olvido

El cine fue el billete de salida de Brahim Chagaf, pero también el de vuelta. Cuando todavía era estudiante en la Escuela de Cine del Sáhara, dirigió y protagonizó 'Patria dividida', el primer largometraje realizado en su totalidad por un equipo saharaui. La película, premiada en el Festival Internacional de Cine del Sáhara (FiSahara), narra la historia de un joven saharaui que huye de la represión de la zona ocupada y llega a los campamentos de Argelia, donde conocerá el amor, la traición y el compromiso con la causa. También codirigió 'Leyuad: un viaje al pozo de los versos', un documental que habla del nacimiento y el valor de la poesía en la cultura saharaui desde la ancestral 'Tierra de los Hombres del Libro'.

Actualmente, está adentrado en un nuevo proyecto, un cortometraje que cuenta -desde la historia de su madre-, el papel fundamental que cumplieron las mujeres en la creación de los campamentos de refugiados saharauis. El joven, que en su día fue estudiante de cine en la escuela donde ahora lo imparte, considera muy necesaria la formación de los jóvenes saharauis ya no solo para dar visibilidad a su situación, sino también para que, como dicen fuentes de la escuela, "sean ellos mismos los que escriban su historia y sean protagonistas sin intermediarios".

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