Teresa Ribera: "El clamor de la sociedad y la ciencia nos dicen que actuemos"

Teresa Ribera
La ministra Teresa Ribera.
J.J.Guillen/MITECO

La ministra Teresa Ribera se ha volcado en la organización de la COP25 que hoy arranca en Madrid. Confía en que la cumbre marcará un hito histórico en la lucha contra el cambio climático mundial. 

¿Va a ser la cumbre de Madrid el trampolín que la emergencia climática necesita? ¿Se va a lograr ir más allá del Acuerdo de París?

En Madrid las negociaciones climáticas entran en una fase nueva. Aunque las negociaciones son importantes y quedan algunas cuestiones sobre la mesa, contamos con un marco de gobernanza consolidado, el Acuerdo de París, y ya no quedan excusas. Como dice el lema elegido por la presidencia chilena, es tiempo de actuar. En Madrid analizaremos qué acciones concretas estamos haciendo todos los actores, desde los gobiernos nacionales a las ciudades, pasando por los consejos de administración de las empresas, para frenar el cambio climático. Que esto ocurra ahora es fundamental porque la COP25 acabará casi cuando arranca 2020. En los primeros cuatro meses del próximo año, los países deben comunicar a la ONU contribuciones nacionales de lucha contra el cambio climático más ambiciosas que las presentadas en 2015, y que la Ciencia nos ha dicho que no son suficientes. Así pues, esta COP será un estímulo fundamental para construir esa necesaria ambición, evitar un aumento de temperatura superior a 1,5 ºC a finales de siglo y lograr la neutralidad climática en 2050 sin dejar a nadie en el camino y aprovechando las oportunidades de progreso, bienestar y equidad asociadas a la transición ecológica.

EE UU se ha retirado de  París de la mano de Trump, hay países como China o Arabia Saudí que no parecen dispuestos a apoyar un cambio de modelo o sectores financieros para los que muchas de las medidas exigidas por los colectivos ecologistas son muy costosos. ¿Cuáles son los mayores retos que prevé encontrarse para llegar a un consenso?

Trump ha hecho un anuncio que no ha sido secundado por ningún país, y tampoco cuenta con grandes apoyos a nivel nacional. En Madrid, tendremos ocasión de ver cómo una parte mayoritaria de la sociedad estadounidense se siente comprometida con lo acordado en París. Ha costado que esta COP25 sea una realidad pero arranca para decir alto y claro que el multilateralismo del clima es un éxito y para abrir una nueva etapa. Esta no es una COP para que los países expliciten nuevos compromisos, pero sí para que active un aumento de la ambición que debe plasmarse negro sobre blanco el año que viene. De no celebrarse, el escenario de cara a 2020 sería mucho más complicado.  El mensaje que tiene que salir de Madrid es que la acción por el clima se tiene que producir ya.

Si no hay consenso en este gran foro, ¿es posible frenar la crisis climática con acciones individuales de naciones y grandes ciudades?

El gran desafío por delante en esta nueva era de las cumbres es ampliar la base de la participación más allá de los Gobiernos nacionales, avanzar en la agenda de la acción climática, facilitando la inclusión e integración de actores muy diferentes en los procesos de acción climática, las administraciones locales, los consejos de administración de empresas, organizaciones sociales… Esta cumbre también es novedosa en este sentido: por primera vez, se acogen debates ministeriales de sectores que no son puramente medioambientales, como son las finanzas, la energía, el transporte o la agricultura. Y es la primera COP que se produce tras el grito mayoritario que hemos escuchado durante todo este año en las calles, impulsado por los más jóvenes. Estamos ante un nuevo tiempo en el proceso de negociación y la vara de medir es la acción concreta que está activando cada actor.

¿Qué compromisos puede y debe alcanzar España en concreto para frenar el cambio climático?

España está de vuelta a la primera línea de las negociaciones del clima. Trabajamos con celeridad y determinación para tener listo un Marco Estratégico de Energía y Clima, que presentamos en febrero, con el que planificamos el proceso que hemos de seguir en los próximos años para avanzar en el objetivo de la neutralidad climática en 2050, con justicia social e intergeneracional, sin dejar a nadie atrás y aprovechando las oportunidades que ofrece la transición ecológica. Esta ya está alineado con el deseable y anunciado incremento de la ambición a nivel europeo, de pasar de reducir las emisiones en al menos un 40% a un 55% en 2030 (respecto a 1990). Este esfuerzo de reducción se reparte entre países y la propuesta de España, que plantea eliminar una de cada tres toneladas de CO2 en 2030, cumpliría con esa meta.

Este proceso ha de verse como una oportunidad pues sienta las bases para la modernización de la economía haciéndola más solvente y segura, socialmente justa y respetuosa con los límites ambientales.  

Teresa Ribera
Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica.
J.J.Guillen/MITECO

Según advierten numerosos científicos, España sufrirá sí o sí temperaturas de hasta 50 grados en 2050, escasez de agua, incendios, devastadoras inundaciones en la costa… ¿Es así?

Los informes científicos presentan proyecciones que hacen inexcusable la acción no solo de los Gobiernos, sino de todos los agentes económicos y sociales. Me quedo con el mensaje que lanzan, en sus conclusiones, los últimos informes del panel de expertos de ONU sobre el cambio climático: estamos a tiempo de evitar los efectos más devastadores del cambio climático. Conocemos el diagnóstico, tenemos las soluciones y, en España, contamos con un marco de acción sobre la mesa, coherente con lo que nos pide la ciencia. El momento de actuar es ya. 

Se suele pedir a la gente que haga lo que esté en su mano reciclando, consumiendo menos... pero ¿no habría que pedirles sobre todo flexibilidad para adaptarse a los cambios estratégicos y económicos que supondrían medidas ambiciosas y eficaces para frenar la crisis climática?

Sabemos que un proceso de cambio tan profundo como este genera transformaciones en sectores de la actividad y por ello el marco estratégico de España contempla la anticipación y el acompañamiento serio desde el punto de vista de las políticas sociales, de la generación de nuevas oportunidades en el territorio asociadas a nuevas habilidades laborales, para las que será fundamental la educación y formación profesional.

Desde hace un año el clamor social pidiendo una solución a la crisis del clima se ha multiplicado. ¿Hasta qué punto cree que ese aumento de la preocupación social puede ser motor de cambio real?

Creemos que en la COP25, la necesidad de aumentar la ambición en acción climática se abre a todos, no sólo a los negociadores. El clamor de la sociedad, principalmente de los jóvenes en la calle, y lo que dice la ciencia, es un llamamiento para que actuemos y trabajemos en una agenda más ambiciosa de lucha contra el cambio climático y de justicia climática.

Por eso, en esta COP trataremos de recoger todo el impulso generado en 2019, y que Madrid sea la punta de lanza para que la acción climática se haga transversal y permee en todas las administraciones, en todos los sectores económicos y sociales. Al mismo tiempo, que sirva de punto de encuentro de un movimiento de acción climática global más inclusivo y justo.

¿Vamos lentos en nuestro país en concreto y en el mundo en general en la apuesta por las energías renovables?

El caso de España es paradójico. Somos un país de viento y sol y, en un momento dado, nos posicionamos en la vanguardia de las renovables. Sin embargo se dio un volantazo en la otra dirección y, ahora, toca recuperar el tiempo perdido. Estamos trabajando para que sea así. El Marco de Energía y Clima plantea que, en 2030, que el 42% de total de la energía que consumimos (casa, industria, transporte, agricultura…) sea renovable. Ahora estamos llegando al 20%. 

Este Gobierno está en funciones y, lógicamente, su acción se ha de limitar a cuestiones de urgencia

En este sentido, conviene no olvidar que este Gobierno está en funciones y, lógicamente, su acción se ha de limitar a cuestiones de urgencia. Una de ellas, convalidada esta semana en el Congreso de los Diputados, es un Real Decreto Ley que incluye medidas que había que adoptar ahora para ofrecer estabilidad al sector, favorecer las inversiones en renovables y asegurar una transición justa en aquellos territorios que se han visto afectados por cierres de centrales de carbón.

¿El fin de los vehículos de gasolina y gasoil es inevitable a medio plazo?

Nuestra meta a medio plazo, la de todos, es alcanzar la neutralidad climática, es decir, no podemos emitir más CO2 de lo que nuestros recursos naturales –bosques, humedales, océanos- pueden absorber. El sector del transporte es el responsable de entorno al 25% de las emisiones en nuestro país y, obviamente, tiene un importante papel para que logremos este objetivo. No es, por tanto, una cuestión de tecnología sino de capacidad de cumplir con lo que necesitamos: vehículos que no emitan Y aquí hay una cuestión añadida, que es fundamental: la salud relacionada con la calidad del aire, y las emisiones de gases y partículas contaminantes asociadas al transporte. Hay mucho trabajo por delante, la industria de la automoción española, que es puntera e innovadora, tiene una oportunidad de futuro muy interesante y, como hemos demostrado, ha tenido de su lado al Gobierno para avanzar en esta dirección.

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