Tamara Falcó: "¡Que conste que, cuando besé a Jordi, él no tenía novia!"

Tamara Falcó, durante la presentación de su premio como ganadora de 'Masterchef Celebrity 4'.
Tamara Falcó, durante la presentación de su premio como ganadora de 'Masterchef Celebrity 4'.
GTRES

La personalidad de Tamara Falcó, espontánea y poco atada a convencionalismos modernos, llevaba años presente en la televisión, pero había revoloteado por ella de forma fugaz. Ha sido ahora, en MasterChef Celebrity 4(La 1, en colaboración con Shine Iberia) donde el gran público ha podido conocerla como mejor se conoce a una persona: bajo presión. Y ha ganado el premio y se ha ganado a la audiencia.

¿Qué cualidad ha sido definitiva para hacerle ganadora? Creo que la sensibilidad. A la hora de hacer un menú que tenga coherencia y que sea bonito tiene mucho que ver con la sensibilidad y eso es algo que he cuidado mucho. El trabajo y el esfuerzo por delante, claro. Hubo gente que entró sabiendo más que yo, pero que durante el programa no ha practicado tanto. Yo me lo he tomado muy al pie de la letra lo de que había que esforzarse mucho.

¿Cómo se ha preparado? Cuando me dijeron que por fin entraba a MasterChef, que fue dos semanas antes de empezar, estuve en las cocinas de Paco Roncero, no todos los días, pero eso me dio una primera visión de lo que es la alta cocina y de lo que hay detrás.

La parte visible sí la conocía porque mi padre siempre me ha llevado a restaurantes, pero estar detrás de una cocina me dio una visión. Pero no fue el tiempo suficiente como para aprender las técnicas.

Así Tamara Falco su victoria en 'MasterChef Celebrity'. (EUROPA PRESS)

Pepe nos dijo una cosa al principio y yo le presté mucha atención. Le dije que había hecho un plato con mucho amor y me respondió: “sí, sí, la cocina es amor y técnica”. Y me me lo tomé en serio y me cogí un profesor que había enseñado en el Basque Culinary Center, Raúl Marín y además todos los fines de semana intentaba irme a restaurantes tipo el Celler, Santceloni, DSTAgE… y me pasaba allí horas practicando y aprendiendo formas de cocinar.

¿Y ahora qué? Es una buena pregunta (risas). Sigo con mi empresa de moda y colaborando en el programa de Màxim, A partir de hoy, que tengo una pequeña sección los viernes. Y estoy valorando otros proyectos que me están llegando. Poquito a poco.

No había cocinado nunca antes de MasterChef, ¿va a cambiar eso ahora? Claro que ha cambiado. Me encanta la cocina. Ha sido una de las cosas que he descubierto, mi amor por la cocina. Me encantaría practicar, sólo que tienes que tener mucha dedicación y tiempo y ahora por mi agenda no estoy dedicándole todas las horas que podía cuando estaba en el programa. Pero cuando puedo me meto en la cocina y practico, porque si no, como todo, se te olvida.

Es usted católica y relaciona la belleza con Dios, ¿cuánto hay de Dios en este triunfo? Uy, muchísimo. De hecho empezamos en una fecha muy señalada, el 13 de mayo, y además mayo es el mes de la Virgen. Yo creo que la divina providencia me ha acompañado todo el camino, es así (risas). Pero si no me llego a esforzar… Dios te brinda las oportunidades y te acompaña y te consuela, pero no es suficiente, tienes que poner de tu parte.

¿Ha roto prejuicios con este concurso? Sí, muchos. Y lo sé porque me lo ponen en redes todo el tiempo. Hoy me lo han dicho… y hasta Jordi me lo dijo en la final. Ayer lo volví a ver y me pareció precioso, más viniendo de alguien a quien admiro tanto.

¿Ser religiosa y activista hoy en día es una forma de rebeldía? Se podría ver así (risas). Supongo que es ir a contracorriente. Yo estoy muy segura de que es la verdad, así que… a contracorriente.

¿Dónde va a poner el trofeo en Miraflores? He dicho que voy a dormir con él, a ducharme con él, le voy a poner un sitio en la mesa. Eso si me lo dan, porque no sé si es una cosa de esas que después guardan en MasterChef. (risas).

¿Cómo ha vivido esa relación divertida con Jordi Cruz durante el programa? La he vivido como se ha visto en cámara, porque no llevamos pinganillo y ha sido tal y como se ha visto.

Y se lanzó al beso final, ¿de la emoción? Exacto… ¡Pero que conste que en ese momento no tenía novia! (Risas). Se habían metido mucho con él por la famosa ‘cobra’ y me vine arriba, hasta yo me sorprendo. No te digo mi madre, que casi le da un parraque. “¡Qué dices, chiquitina!”, me dijo.

Su madre ha sido una de las grandes sorpresas de la final… La verdad es que fue precioso. No lo dudó [acudir a la final] ni un segundo cuando se lo pregunté y yo sé lo que significa para ella ir a un plató de televisión porque es totalmente anti ella. Y lo hizo encantada.

¿Cómo es la relación de Tamara e Isabel en el día a día? Yo vivo en casa de mi madre y ella entra y sale y viaja y yo lo mismo, pero es un gustazo estar todas en la misma casa y saber que estás acompañada.

Se hablan ustedes en inglés… Mi madre creció en Filipinas y allí han estado siempre los americanos por lo que su primera lengua era el inglés, así que desde que somos pequeñas siempre hemos hablado así.

¿Qué amistades se lleva de MasterChef? Muchas, he tenido mucha suerte con mi edición. Loles León dijo “tenéis al lado al enemigo”, pero yo no he tenido para nada esa sensación. Hemos intentado colaborar todos con todos. Siempre tienes más afinidad con unos que con otros. Con Juan Avellaneda me escribo cinco veces al día. A Boris ya le conocía de antes, Vicky [Martín Berrocal] ha sido un gran descubrimiento y súper buena amiga… y bueno, Los Chunguitos… todos ellos vinieron a celebrarlo a casa.

¿Cómo ha sido la interacción de Los Chunguitos con su madre? ¿No están en las antípodas? Pues no (risas), ellos son muy divertidos y a mi madre le encanta el flamenco. Juan le dice lo guapa que es y mi madre se muere de la risa. La verdad es que en casa nos lo pasamos muy bien, fue muy entrañable.

¿Por qué Mensajeros de la Paz para donar el premio? Lo escogí porque la labor que realizan es alucinante. Para mí el Padre Ángel es un referente en la vida cristiana. No sólo como sacerdote, sino con lo que hace, con su forma de ayudar al prójimo. Lo pensé y creo que ese dinero va a ir destinado a causas que valen la pena. Estoy súper agradecida de haberlo podido hacer.

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