¡Al paredón!

  • Todo hombre lleva dentro un voyeur: ¡que vea lo que le haces!.
  • No le dejes que toque nada: las manos, bien quietitas.
Pirámide maya.
Pirámide maya.
STOCK.XCHNG
Puede que la ocasión se presente en un lugar lo suficientemente privado para poder actuar de forma menos secreta que la que te conté ayer. Estáis en casa, o en la oficina (si hay puertas con llave). Y te da el punto.

Todo hombre, aunque nunca quiera reconocerlo, lleva dormido en su mente
un gran voyeur. Por eso, si buscas la manera de que pueda ver lo que está sucediendo lo pasará doblemente bien. Colócale con la espalda contra la pared con las piernas abiertas. Arrodíllate frente a él en una postura cómoda, si tienes a mano un cojín mejor, ya que vas a pasar un buen rato en estos menesteres.

Déjale que sea
él mismo el que se desabroche y se baje los pantalones, de manera que el bulto en sus calzoncillos quede frente a ti bien evidente.

Empieza por jugar un poco sin quitarle la prenda, empújale suavemente, muévelo con cierta firmeza y cuando sientas
que crece y crece, sácalo de su envoltura y continua las maniobras directamente sobre su piel, frotando con toda la mano. No te olvides el lubricante y si no se pone a tono amasa como te conté.

No le dejes que toque nada, las manos bien quietitas. Es tu turno y
a ti te pertenece el ritmo de su deseo. Que vea como tus manos van y vienen. Para él tratar de adivinar tu próximo movimiento ya es de por si una fuente de
excitación y de placer.
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