Olot: me podía haber pasado a mí

Me podría haber sucedido a mí. Es terrible pensarlo y reconocerlo, pero es así y así se lo dije ayer a mis hermanos, cuando, en la cena de cumpleaños de mi madre, empezaron a criticar al matrimonio que se dejó olvidado al niño en el coche y murió horas después a causa de ello.

Hace cinco años, cuando mi hijo apenas llegaba al año de edad, me quedé solo con él un fin de semana que mi mujer se fue a descansar (de nosotros) con sus amigas a un balneario nuevo del norte. Ese sábado mi hijo se puso repentinamente enfermo y la fiebre empezó a ser tan alarmante para un padre primerizo y torpe como yo que decidí ir rápidamente a Urgencias.

Salí de mi casa tal y como estaba. Sólo me importaba llegar lo antes posible al hospital. Estaba realmente nervioso, casi histérico, creo que aquel día tuve mi primer ataque de pánico (pero ésta es ya otra historia).

Mientras bajaba las escaleras me iba repitiendo como un autómata: "no olvides al perro, no olvides al perro, no olvides al perro". Y no lo olvidé, lo metí en el maletero y partimos a toda velocidad en mi impecable todo terreno, porque he de reconocerlo: soy uno de esos hombres de mediana edad que trabaja en una empresa acristalada ultramoderna, que vive en un adosado de tres plantas, que tiene un jardín que cuida todos los domingos, una mujer con mechas rubias y una barbacoa para disfrutar con los vecinos de la urbanización.

Cuando llegué a Urgencias (y lo hice en tiempo récord) saqué al perro, le puse la cadena y lo até a la entrada del hospital en un lugar con sombrita. Fui después a la parte trasera del coche a coger a mi niño enfermo... y.... entonces algo que tenía controlado reventó: todo a mi alrededor empezó a girar muy deprisa, el sudor más frío que jamás había tenido me empapó en menos de un minuto y casi me desplomo en el suelo. Mi hijo no estaba en el coche. Lo había olvidado en casa. Éste fue mi segundo ataque de pánico y el único que he sido capaz de controlar.

Esta historia, que era una de las anécdotas estrella (terminó bien: el niño estaba tranquilo en casa y le había bajado la fiebre) de mi familia y mi grupo de amigos ha dejado de serlo desde ayer. Me puse muy serio, y me hubiera enfadado si no llega a ser porque hago yoga desde hace dos años, y les pedí que no se rieran de esta historia nunca más. Por supuesto, la usé para señalarles lo equivocados que estaban al criticar con tanta ligereza a la pareja que había olvidado a su hijo en el coche.

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