Pablo Casado, la mutación hacia la moderación y un perfil presidenciable

Pablo Casado, en el Congreso.
Pablo Casado, en el Congreso.
EFE

Abril fue un mes complicado para el PP. Pablo Casado tocó suelo en las elecciones del 28-A con solo 66 escaños para los suyos. Y eso tuvo una doble lectura en Génova: por una parte, algo había fallado, y por otra, era el momento de recuperarse; a menos no podían ir. El toque de atención sirvió para que Casado virase, empujado por muchos pesos pesados del partido, hacia el centro, alejándose así de la confrontación con Vox y la idea de ocupar su agenda. El líder aceptó el reto...y las caras largas por los pasillos de la sede se tornaron en miradas mucho más esperanzadoras.

Pablo Casado tuvo que aguantar críticas externas e internas, sobre todo después de dejar a valores importantes de Rajoy en un segundo plano para apostar por nombres más mediáticos. En mayo, para los comicios autonómicos y municipales, siguió dando cancha a los suyos (Díaz Ayuso es el mejor ejemplo). Sabía que se la jugaba: le salió cara. El PP gobierna en lugares importantes como Madrid y Murcia, y fue ahí donde Casado pasó de la duda a consolidar su liderazgo.

Pero el giro total ha llegado desde entonces. Quizás sea incluso por la barba. La imagen del presidente del PP generaba cierto rechazo en buena parte de los electores, y en Génova creyeron que una pose más joven y amable de su líder podría cambiar las tornas. A eso hay que unir que, entre tanta turbulencia en la izquierda y también en Ciudadanos, Casado se ha mantenido impertérrito. Ha mirado los toros desde la barrera, esperando el fallo de los demás y sin bajar al barro, como sí había hecho en abril.

Ante tanta turbulencia en la izquierda y en Cs, Casado se ha mantenido sin bajar al barro, como sí hizo en abril

Las encuestas, al menos, le dan el beneplácito. De los 66 diputados que obtuvieron los populares en abril han pasado a que algún sondeo les coloque ya por encima de los 100. Fuentes del partido explican a 20minutos que en la última semana de campaña "habrá un punto en que la tendencia del PSOE -a la baja- y la del PP -al alza-, se crucen. Y ahí puede pasar de todo".

En ese contexto, Casado quiere que ya se le pueda ver más presidente que candidato. "Somos la única alternativa a Sánchez", suele decir en sus intervenciones. Y lo cierto es que, si se atiende a las estimaciones, eso ya se acerca más a una posible realidad que a un mero deseo. Quizás por eso también el presidente ha recuperado para la primera línea a nombres históricos del partido como Ana Pastor, Isabel García Tejerina o Elvira Rodríguez. Algunas figuras ya estaban, pero no se las veía tanto.

La idea de Pablo Casado y el PP es que el 10-N los números acaben de dar el vuelco. Uno muy parecido al que ha dado el mensaje del partido. Desde abril hasta ahora, Casado parece haber ganado en poso, y las críticas ya no son tantas. Quizás los populares vean la vuelta a la Moncloa más cerca.

Más peso a Pastor y menos a Suárez Illana

No solo de Casado vive el PP. El cambio de discurso implica también ciertos cambios en los equipos. De esta forma, el presidente se ha rodeado de perfiles con bagaje, en lugar de otros que no han tenido el éxito esperado. El mejor ejemplo de esto es el número dos de la lista por Madrid, que ahora recae en la expresidenta del Congreso y exministra, Ana Pastor. Es una política con muy buena acogida incluso por otros partidos, y su regreso a la primera fila ha llevado a un papel más discreto a Adolfo Suárez Illana (en abril número dos, ahora número tres), que ha perdido relevancia en el mensaje y en los actos del partido.

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