Javier Padilla: "Los españoles nos medicamos mucho porque faltan otros recursos"

  • "Tenemos que conseguir que en los barrios con rentas más bajas sea más fácil comprar una manzana que un bollo".
  • El médico ha publicado el libro cargado de reflexiones '¿A quién vamos a dejar morir?'
Javier Padilla, médico, escritor y candidato de Más País para el 10-N.
Javier Padilla, médico, escritor y asesor político.
SARA BELINCHÓN

Javier Padilla es médico de familia en Madrid, profesión que compagina con la crianza de su hija, para lo cual se redujo la jornada. Iba en la lista de Íñigo Errejón por Madrid como número siete y como ya auguraba -"no está nada claro", decía antes de las elecciones- no será diputado en la próxima legislatura. Lo que sí acaba de salir es su libro ¿A quién vamos a dejar morir?(Capitán Swing), que se presenta este jueves en Barcelona y en el que reflexiona sobre el sistema de salud público español.

La primera pregunta es obligada. Como titula el libro… ¿A quién vamos a dejar morir? El título del libro hace referencia a que en un entorno en el que los recursos son limitados, las decisiones que se toman en el ámbito de la salud están priorizando a unas personas con respecto a otras. El ejemplo más claro lo tuvimos en 2012, cuando se sacó de la cobertura sanitaria universal a la población inmigrante indocumentada; años después hemos visto que eso repercutió en que aumentara la mortalidad en 70 inmigrantes indocumentados al año. La respuesta, pues, a esa pregunta en ese momento era: a los que más necesitaban la asistencia sanitaria. ¿Y a quién vamos a dejar morir en el futuro? Es una pregunta cuya respuesta tiene que ser colectiva, pero dejaremos morir a aquellos que se queden fuera de las políticas públicas.

En el libro cuenta que en 2012 también se excluyeron a las rentas de más de 100.000 euros. A las rentas de más de 100.000 euros que no fueran rentas derivadas del trabajo. Esto es fundamental porque una de las formas de destruir los servicios públicos no es solo expulsar a las personas con menos rentas sino también generando desafección por parte de las personas que contribuyen a financiarlo. Un sistema sanitario público fuerte no solo es aquel que hace que toda la población pueda tener acceso sino aquel que hace que toda la población tenga acceso real, es decir, que las personas de rentas altas también lo utilicen, que no sea simplemente un sistema sanitario para pobres.

El sistema sanitario actúa como desagüe de lo que falla en otros ámbitos de la sociedad

Esto me llama la atención porque apenas salió en los medios. Nada. Salvo en algún medio especializado o en alguna entrevista con alguna persona del ámbito de la política sanitaria que tuviera una especial sensibilidad con el tema, fue un tema que pasó muy desapercibido. Pero es relativamente normal, porque el sistema español ha expulsado a muchas de sus élites, como la cobertura sanitaria del alto funcionariado, que no es igual a la que tiene cualquier empleado habitual sino que funcionan con mutuas. En España, las élites siempre ha tenido la posibilidad de ‘bypassear’ el sistema sanitario público y eso tiene un impacto bastante fuerte en la forma en la que se representa el sistema sanitario público.

Tampoco se han quejado las rentas altas… Porque muy probablemente no utilizan la sanidad pública, salvo contadas excepciones. Adelgazar un sistema público por abajo y por arriba lo debilita, hace que las personas de abajo no tengan acceso y a nivel social se genere la sensación de que es un colectivo que no tiene porqué tener acceso, y las personas de arriba ya tienen el argumento de que ‘si no me estás dando acceso, para qué voy a contribuir con mis impuestos’.

¿Cómo influye la reducción del gasto sanitario en las tasas de mortalidad? ¿Y natalidad? La relación entre crisis y mortalidad es uno de los grandes dilemas de la salud pública. En general, cuando hay una crisis, disminuye la mortalidad precoz porque baja la actividad económica y los accidentes laborales y de tráfico pero, a largo plazo, sí que parece que aumenta porque digamos que se acaban los ahorros o los recursos de los que la gente puede tirar para vivir. Sí que se ha visto que el aumento del gasto sanitario público disminuye la mortalidad. Se ha visto que el gasto sanitario público tiene capacidad para amortiguar los problemas que generan los sistemas económicos en otros aspectos. Sobre los efectos sobre la natalidad, por un lado está menos estudiado y, por otro, lo que hay estudiado dice que es mucho menor. Los impactos sobre las cifras de natalidad están más relacionados con la protección social y el desarrollo económico.

Me fastidia cuando se habla de absentismo porque desde 2008 cada vez hay más gente que te pide que no le des la baja porque no se lo puede permitir

¿Cómo mejoraría el sistema sanitario público español? A día de hoy una de las principales amenazas del sistema público de salud es la universalidad. Creo que hay que blindarla, garantizar su acceso a todo el mundo y erradicar los mutualismos para que todo el mundo colabore con la hucha común y todo el mundo disfrute de los beneficios del sistema público. Por otro lado, creo que hay que sacar la tendencia a dar una respuesta ultraespecializada y centrada en el ámbito hospitalario y reforzar los sistemas que han demostrado aportar más salud por cada euro invertido y hacerlo de forma más equitativa. Hay un tercer aspecto fundamental: el cuidado de los profesionales como estructura. Tenemos un sistema que en muchas ocasiones enferma al profesional que tiene que intentar cuidar. Además, el sistema sanitario actúa como desagüe de lo que falla en otros ámbitos de la sociedad y eso es un problema porque el sistema sanitario es muy poco eficiente para canalizar otras problemáticas laborales o sociales, que deberían derivarse a servicios sociales y a sindicatos, por ejemplo. Que se canalicen por la sanidad es ineficiente y frustrante tanto para la población como para los profesionales. Desmedicalizar la problemática social es uno de los grandes retos futuros de nuestro sistema público de salud.

¿Por qué cree que se diagnostica más tarde a las mujeres? La práctica médica, desde cómo se construyen los diagnósticos hasta cómo se abordan dentro de la consulta, es una construcción bastante androcéntrica, siempre ha sido pensado por y para hombres por lo general. Esto ocasiona que muchos síntomas patológicos en las mujeres se consideren atípicos. Por ejemplo con los problemas del corazón: la manifestación típica de dolor en el pecho se considera típica, pero es típica en el hombre. En la mujer se ha visto que la manifestación típica es diferente. Lo que es típico en la mujer, la medicina lo considera extraño. Esto hace que ante una sintomatología en la mujer, primero se piense en otras cosas y posteriormente ya se piense que tiene un problema del corazón. Es decir, ante el mismo problema de salud, la respuesta que obtiene la mujer es más tardía porque lo que para ella es típico, dentro del conocimiento médico se considera atípico. Quiero creer que poco a poco este sesgo de género va disminuyendo y el colectivo médico se va dando cuenta de que es necesario actuar sobre ello. La feminización de la profesión también está ayudando.

¿Qué opina de que el Gobierno vaya a financiar la vareniclina para dejar de fumar? Por un lado, sabemos que el tabaquismo está mucho más presente entre las personas de menor nivel educativos, menor renta y desempleados, así que medidas para paliar este problema actúan positivamente sobre la equidad (se dan herramientas a las personas que menos recursos tienen para poder dejar aquello que más impacta sobre su salud). Ahora bien, se ha cuestionado mucho que se financie un medicamento que no es la primera elección. Se sabe que en general para la población la primera elección para dejar de fumar es la terapia cognitivo-conductual, los parches y los chicles, que son efectivos y, además, un poco más seguros. El medicamento que se ha financiado puede tener algunas contraindicaciones. Es una noticia positiva, pero no se ha justificado por qué no se han introducido otras terapias.

El Gobierno no ha justificado por qué no financia los parches o chicles para dejar de fumar, son más baratos y seguros

¿Nos medicamos en exceso? España siempre está en el top 2 o top 3 de los países europeos con mayor consumo de medicamentos por habitante. Y nos medicamos, además, con dosis muy altas: ibuprofeno de 600 o paracetamol de 1gr cuando en otros países eso es una anomalía. Nos medicamos mucho porque faltan otros recursos. En otros países, por ejemplo, el primer paso para abordar una gripe o un catarro es una baja para quedarte cuatro días en casa y aquí hay mucha gente que va enferma a trabajar porque no puede permitirse no ir al trabajo. Me fastidia cuando se habla de absentismo laboral porque desde 2008 cada vez hay más gente que te pide que por favor no le des la baja porque no se lo puede permitir en el trabajo.

¿Qué políticas de salud aplicaría a largo plazo para reducir el gasto sanitario? No te compro que haya que reducir el gasto sanitario. El gasto sanitario en España tuvo un frenazo y retroceso entre 2010 y 2015, además diluyéndose dentro del gasto general del PIB. Antes era el 6,5% del PIB y se bajó hasta el 5,8%, casi un punto, una barbaridad, hubo recortes de 8.800 millones de euros. El gasto hay que controlarlo pero no necesariamente reducirlo. Hay que intentar recortar la grasa y quedarnos con la carne. Ese es el gran reto. Por un lado hay que desmedicalizar y que no se vehiculice por el ámbito sanitario lo que no es sanitario. Pero por otro lado también hay que actuar sobre un ámbito que parece que lo público no puede entrar porque es una especie de tabú: lo farmacéutico. Últimamente estamos viendo que hay desabastecimiento de medicamentos en las farmacias. En general son medicamentos que se investigaron y se comercializan desde hace mucho tiempo y cuya rentabilidad para la industria es baja. Hay algunos grupos políticos que apuestan por que los fabrique el Estado (que tiene laboratorios, especialmente en el ámbito de la farmacia militar). Yo creo que hay que ir más allá, en la línea que la economista Mariana Mazzucato expone en su libro El Estado emprendedor. Creo que el Estado tiene que ser un líder también en este ámbito. Una de las cosas que a largo plazo nos pueden beneficiar para controlar el gasto sanitario es tener una empresa pública farmacéutica que no solamente se dedique a recoger las migajas de lo que la industria farmacéutica privada no quiere, sino que lidere en el ámbito de la investigación, desarrollo, producción y comercialización de medicamentos, sobre todo porque si miramos al futuro, seguramente el gran reto de sostenibilidad del sistema sea cómo pagar los medicamentos tremendamente caros que van a salir al mercado seguramente en la próxima década.

Llevaba en la cabeza medidas como gravar la comida poco saludable… Desde luego. El impuesto a las bebidas azucaradas ha demostrado disminuir la frecuencia de diabetes y de obesidad. El problema para saber si eso va a disminuir el gasto público es que todavía no hay estudios a largo plazo que nos lo aseguren, aunque sí tiene mucha pinta de que puede influir al respecto. Los impuestos tienen capacidad para dirigir las acciones de la gente. De hecho, ahora mismo no tenemos impuesto específico sobre las bebidas azucaradas y sabemos que las personas de rentas bajas y bajo nivel educativo las consumen de forma mucho más masiva diariamente que las personas de rentas altas o de alto nivel educativo. Un impuesto específico sobre estas bebidas tiene capacidad para disminuir la desigualdad y bajar de forma global el consumo de algo que no es saludable. En muchos países está implantado y ya no hay debate. En España lo puso Cataluña y el debate se volvió a frenar. Tengo la esperanza de que sea un tema que retome el próximo Gobierno que se forme, porque la evidencia científica es apabullante. Igual que con los alimentos ultraprocesados. Tenemos que conseguir que en los barrios con rentas más bajas sea más fácil comprar una manzana que un bollo, y para eso necesitamos medidas públicas porque el mercado no va a regularlo.

No podemos a tener vidas sanas si vivimos sumergidos en la contaminación o con jornadas de 12 horas sin tiempo para comprar ni cocinar

¿Cuáles son las mayores injusticias del actual sistema público de salud español? La más flagrante es tener a población excluidos. Por mucho que el Gobierno aprobara el Real Decreto 7/2018 para intentar devolver la universalidad, los colectivos que trabajan con población excluida dicen que no es así. Una de las mayores injusticias es no conseguir revertir la tendencia de que la personas de rentas más bajas se mueran antes. Tenemos ciudades segregadas por tasas de mortalidad, con diferencias de mortalidad de varios años entre los barrios más ricos y los más pobres. Una tercera injusticia de salud, del sistema en general, es las desigualdades intergeneracionales relacionadas con la emergencia climática. Estamos externalizando en nuestros hijos una problemática en salud que no solo estamos generando sino que además no estamos sabiendo frenar.

¿Cree que deberíamos de la sanidad enfocada en curar a una sanidad enfocada en prevenir? Yo creo que tenemos que pasar a una sanidad enfocada en promocionar. El cambio notable está en el concepto de la promoción de la salud: favorecer que la gente lleve a cabo una vida lo más saludable posible, en unos entornos lo más saludables posible, en unas comunidades lo más cohesionadas posible, que pongan el concepto de los cuidados en el centro, pero no solo desde un punto de vista individual. No podemos aspirar a tener vidas sanas si vivimos sumergidos en la contaminación o realizando jornadas laborales de 12 horas diarias sin tiempo para comprar ni cocinar, o con una estructura de los cuidados en la que las mujeres se siguen haciendo cargo del 95% de los cuidados familiares (además de trabajar fuera de casa).

Los mayores en el médico, ¿consumismo, soledad o necesidad? Soledad y necesidad son una, porque la soledad hoy en día se considera un problema de salud pública. Las personas jóvenes suelen presentar problemas agudos, mientras que los mayores tienen un perfil más crónico. Las personas mayores encontramos mucho problemas de soledad, por ejemplo su repercusión en el estado de ánimo o en la capacidad de autocuidados, y también en la capacidad de ir al médico o salir de casa porque viven en edificios sin ascensor. Los mayores no están tan metidas en la dinámica de consumo sanitario como los jóvenes sino que provienen de otro concepto de sociedad diferente.

¿Cómo beneficia o perjudica la sanidad privada a la pública? La coexistencia de sistemas públicos y privados dentro de un mismo país perjudica el sistema público de salud. La patronal de la sanidad privada suele hablar de colaboración público-privada y de que las pruebas que hace la privada descargan a la pública. Para mí no es colaboración sino parasitación. A día de hoy no hay riesgo de que el sistema público de salud español desaparezca, principalmente porque este sostiene al privado. Los procesos de privatización que se llevan a cabo en España no son tanto de que la gente tenga que pagar, sino que lo público paga a lo privado para que haga lo que él no pueden hacer. En Madrid, durante la crisis, la inversión en infraestructuras disminuyó un 50%. Sin embargo, el único gasto que aumentó fue el de conciertos. Es decir, mientras dejamos de invertir para que lo público se mantenga y sea independiente, nos gastamos el dinero en que lo privado venga a hacer esas pruebas que nosotros no podemos, a descargar las listas de espera, etc. Los modelos de colaboración público-privada son cortoplacistas, ponen una tirita donde debería ponerse una sutura.

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