La increíble pero cierta historia del vestido de novia de Jennifer Lawrence

Solo ha estrenado una película en 2018, 'Gorrión rojo', pero Jennifer Lawrence sigue siendo la actriz más famosa nacida en 1990. Su Óscar de 'El lado bueno de las cosas' (2012) fue su tarjeta de visita en Hollywood, pero tampoco nos podemos olvidar de la saga de 'Los juegos del hambre'.
La actriz Jennifer Lawrence, en 2018.
GTRES

Aunque ya explicamos todos los detalles de la boda de Jennifer Lawrence con el galerista Cooke Maroney en una isla privada de Rhode Island, desde asistentes como Adele o Emma Stone al inmenso menú, lo cierto es que poco a poco se irán conociendo el resto de detalles. Y si todos son como el que se ha conocido con respecto a su vestido, que sigan saliendo.

Porque sí, ha sido todo muy idílico, nada que ver con aquella presunta firma en el ayuntamiento de Nueva York, pero sí con un "Yes, I do" en el famoso Castillo Belcourt, inspirado en el pabellón de caza del Luis XIII en el Palacio de Versalles. Mansión con multitud de habitaciones...

Y una de ellas tuvo un inesperado huésped: el vestido de novia de JLaw. Sí, el vestido, que ha tenido su propia historia rocambolesca (y que le está robando un poco de protagonismo a la dos veces ganadora del Oscar, de 29 años).

Una fuente anónima le ha contado al portal Page Six cómo ha sido la loca historia de un traje de Dior (se confirmaron los rumores, dado que la actriz de El lado bueno de las cosas es imagen de la firma) que fue desde París a Estados Unidos.

Que nadie se lleve a engaño: el vestido no tiene vida propia. Pero fue enviado el día anterior a la boda desde la capital francesa hasta la zona de Newport, donde se celebró la ceremonia con su propio séquito de diseñadores de la marca para que llegara impoluto o, si ocurría alguna catástrofe, poder solucionarlo inmediatamente.

"El equipo de diseñadores de Dior voló a Rhode Island el día antes y el traje tuvo una habitación de invitados propia para mantenerlo seguro en el histórico Hotel Viking, donde pasó la noche”, cuenta la fuente al citado medio.

Por ahora poco material gráfico hay de la boda de Jennifer Lawrence y Cooke Maroney, de 33 años, pero desde luego la historia de su vestido (y de esa cohorte pendiente de que no le ocurriese nada) suena a película, una comedia de enredos o algo parecido a El diablo se viste de Prada.

Porque se desconoce si el séquito era de una persona o de varias, pero desde luego la estancia no salió barata. Según su página web, una noche de viernes a sábado en el "histórico Hotel Viking" en una habitación individual (no pensemos que había alguien con el vestido) cuesta 400 dólares sin impuestos.

Por lo que parece, fue al día siguiente cuando la escolta llevó el traje al recinto nupcial, y por las pocas imágenes se sabe que era de manga larga y con escote de pedrería y transparencias, además, claro, de color blanco. Es decir, que todo mereció la pena.

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