La impotencia de familia y amigos de las mujeres maltratadas: "No denuncié a tu marido pero a éste juro que lo denuncio"

  • Solo el 3% de las denuncias por este tipo de violencia las pone el entorno de la víctima.
Una mujer pasea junto a una fuente.
Una mujer pasea junto a una fuente.
EUROPA PRESS - Archivo

Después de más de 30 años de relación, Laura decidió hace ya dos poner fin a su matrimonio, en el que ha vivido sometida a su marido y aguantando sus infidelidades, insultos y agresiones. Lo hizo prácticamente obligada por su familia tras un último episodio: una llamada telefónica cargada de amenazas que le provocó a una gran crisis de ansiedad en un lugar público. La familia no aguantó más y ella inició los trámites de separación. Nunca quiso denunciar al padre de sus hijos.

Dos años después, la historia se repite con su nueva pareja, con la que lleva algo más de un año. “Este es peor que su exmarido”, resumen con impotencia sus amigas, Pilar y Mª José.

La historia de estas dos mujeres es la de tantas otras personas que ven a uno de sus seres más queridos sufrir la violencia machista sin poder hacer nada. Según el último informe del Observatorio de Violencia de Género, solo el 3% de las denuncias (1.164 de las 40.495 interpuestas en el segundo trimestre de 2019)las pone el entorno de la víctima, y eso, teniendo en cuenta que la cifra ha aumentado con respecto al año 2018. En muchas ocasiones familia y amigos no conocen la situación y en los casos en los que sí son conscientes no pueden denunciar sin ser testigos presenciales y convencer a la mujer a que lo haga muchas veces resulta imposible. Por más que lo intentan, Pilar y Mª José saben que su amiga, al menos a corto plazo, no dará ese paso.

La insulta y acosa muchísimo por teléfono, la humilla, la amenaza. Bueno, nos insulta hasta a nosotras. Una noche que quedamos empezó a llamarla cada minuto, no la dejaba. Y ya cuando se cansó, le bloqueó y estuvieron una semana sin verse, se presentó en la puerta de su casa. Ese día le dio un ataque de ansiedad y le dijimos que eso no podía ser, que le dejara y que le dejara. Y le dejó, pero a los 15 días volvió con él”.

"La tiene amenazada, le tiene dicho que como diga algo va a matar a su hijo"

Ellas, que llevan más de tres décadas viviendo la situación de su amiga, critican la falta de herramientas para el entorno de las víctimas para poder ayudarlas, ya que si no son testigos de una agresión no pueden denunciar. “La última vez ya le dije: ‘a tu marido no le denuncié pero a éste te juro que lo denuncio’”, cuenta Pilar. Pero sus amenazas, reconoce, siempre quedan en nada por las súplicas de Laura, que teme represalias hacia sus hijos, y porque sabe que sin su palabra, cualquier acción del resto de amigas quedaría en nada. “La tiene amenazada, le tiene dicho que como diga algo va a matar a su hijo. Ella no tiene miedo de que pueda hacerle algo a ella, igual que con su exmarido, nunca pensaba que le iba a pasar nada. Que nosotros le decíamos: ‘No te fíes, que eso han dicho muchas y mira donde están’. Pero ella no tiene miedo por ella sino por su familia y sus hijos”.

El último episodio fue una fuerte discusión que acabó con un brazo morado. Sus amigas llamaron a la Policía alertadas por Laura, y los mismos agentes que acudieron en su ayuda le dijeron que denunciara los hechos. Ella se negó una vez más, pero tanto Pilar como Mª José la llevaron al médico para al menos pedir un parte de lesiones, siguiendo las indicaciones de la Policía, por si finalmente decidía dar el paso. Pero no consiguieron más. 

La denuncia, la clave

“La denuncia es el paso imprescindible para que todas esas personas y las instituciones para las que trabajan se pongan en marcha. Sólo con la denuncia pueden llegar las órdenes de protección y la detención y enjuiciamiento del maltratador”, apunta Ángeles Carmona, presidenta del Observatorio de Violencia de Género, que destaca el alto porcentaje de sentencias condenatorias -superan el 70%-, lo que conlleva preceptivamente penas de alejamiento y de prohibición de comunicación. Pero precisamente que todo pivote sobre la víctima se convierte en un bucle. 

Sientes muchísima impotencia. Y sientes rabia no solo por lo que está pasando ella sino porque sabes que hay muchísimas mujeres así. Cuando la intentamos convencer para que denuncie le decimos: ‘A ver, no tienes que denunciar solo por ti, sino por todas las mujeres, porque igual que te lo está haciendo a ti dentro de un año o dos se lo va a hacer a otra, ¿no te das cuenta?’”, cuenta con rabia Pilar.

El papel del entorno

Aunque no pueda denunciar, el papel del entorno en este tipo de situaciones es importante, sobre todo, teniendo en cuenta que el tiempo medio que tarda una mujer maltratada en declarar contra su agresor es de 8 años, una cifra que varía considerablemente en función de la edad de la víctima -las mayores de 65 años tardan alrededor de 25 años- y de su situación familiar -las que tienen hijos tardan unos 12 años y lo hacen más tarde que las que no tienen-, según los datos que maneja la Asociación Mujeres Unidas contra el Maltrato (MUM). "Cuando una mujer decide denunciar ya ha pasado por muchas cosas", señala su vicepresidenta, Lorena Abellán.

Por eso, desde el Observatorio animan a familiares y amigos a arropar a las víctimas. "Aunque pueda parecer obvio recordarlo, el apoyo, la cercanía, tener la seguridad de no estar sola son elementos imprescindibles para que la víctima reúna el valor de dar el paso y denunciar ella misma o de abrirse y contarle a alguien lo que le está ocurriendo. Esas personas podrán acompañarla durante la tramitación del procedimiento, pues pueden convertirse en testigos válidos para la investigación”, recalca Carmona, que recuerda que, además de los recursos judiciales y policiales, hay otro asistencial como es el 016, que ofrece información y asesoramiento jurídico a víctimas, familiares, amistades, etc.

"No puedes decirle a una mujer lo malo que es su maltratador"

Una de cada cuatro llamadas las realiza precisamente el entorno de la mujer, ya sean familiares o amigos, según las cifras que maneja el Ministerio de Igualdad, responsable de este servicio. 

Para ese ejercicio de apoyo, Abellán ofrece algunas claves de protocolo y explica algo esencial: "No puedes decirle lo malo que es su maltratador. Este tipo de mujeres no se reconocen en las demás. Tú que lo ves desde fuera te llevas las manos a la cabeza, pero ella no es consciente de ello y si le dices lo malo que es su marido ella lo defiende y puede volverse en tu contra", argumenta, por lo que hay que estar a su lado y ofrecerles ayuda tanto de las asociaciones como del 016.

Falta de medios 

No obstante, tanto la Asociación MUM como las amigas de Laura denuncian la falta de medios para ayudar a las víctimas. Hay que recordar que en lo que va de año, 49 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas, 11 de las cuales había presentado denuncia y, en el caso de 4, tenían vigentes medidas de protección en el momento del crimen.

En el caso de Pilar y Mª José, lo experimentan con la ayuda psicológica que recibe su amiga. En varias ocasiones han acompañado a Laura al Centro de la Mujer Maltratada para que puedan ofrecerle algún tipo de recurso y, desde hace varios años, acude a la consulta de una psicóloga que ha puesto a su disposición este centro para fortalecer la autoestima de la víctima. “Pero la citan cada dos meses o incluso más. En dos meses pasan muchas cosas”, reclaman.

"La psicóloga le cita cada dos meses. Pero en dos meses pasan muchas cosas"

“Faltan medios, medidas y formación. El pacto de Estado está muy bien, pero no se ha dotado económicamente”, afirma también Abellán, que valora muy positivamente las medidas aprobadas, pero lamenta que no podrán salir adelante sin dinero. En MUM, de hecho, también atienden llamadas de víctimas y familiares para ofrecerles asesoramiento y disponen de terapia psicológica semanal gratuita para las mujeres que lo necesiten y puedan así "establecer un vínculo con su psicólogo" que no puede conseguirse con una cita bimestral. "Cuando va a ver a la psicóloga, le miente incluso a ella", asegura Mª José respaldando las palabras de Abellán.

La dispensa beneficia al maltratador

Dentro del Pacto de Estado, una de las principales medidas que se encuentra en estudio es la dispensa, una herramienta que permite a los denunciantes de cualquier delito que no tengan que testificar contra un familiar. El problema en los casos de violencia de género es que, pese a buscar la protección de los denunciantes, esta herramienta se convierte en un beneficio para el agresor ya que, en la mayoría de situaciones, la palabra de la víctima es la única prueba. 

Es por ello que se está estudiando, según explican en el CGPJ, que se permita grabar la primera denuncia de la mujer y que dicha grabación sirva en un juicio cuando la víctima no se atreva a volver a declarar. Esa herramienta sería de gran ayuda para las mujeres maltratadas aunque su entorno siga con las mismas limitaciones.

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